Escenarios

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ISAAC Y LÁZARO

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Isaac y Lázaro son amigos desde la primaria. Uno judío, el otro cristiano. Asistieron a una escuela británica de la ciudad. La secundaria la hicieron en el colegio Americano y los dos estudiaron en la UNAM la carrera de Economía. En todo estaban de acuerdo: en qué equipo de futbol debe ser el campeón, en la película mejor editada, el libro que más les ha influido en su vida, en los viajes, los paseos, las comidas, los otros amigos. Los dos disfrutaban bailar en las fiestas y tomar copitas. Juraron no contraer matrimonio hasta cumplir los treinta años de edad. Este año, que cumplen 29, festejarán con sus cuates, como les dicen a sus amigos, con una gran pachanga en Valle del Bravo.

Un detalle que no he dicho es que los dos nacieron en la misma fecha, el 19 de febrero. Por eso se decían cuates, gemelos no podían ser ya que uno era blanco y el otro moreno.

Mentí hace un momento ya que no en todo estaban de acuerdo. Primero era en la música, Isaac, por principios religiosos, no aceptaba a Wagner, que era el autor que más entusiasmaba a su amigo, y éste detestaba a Mahler, lo consideraba muy aburrido. Cuando hablaban de esto discutían un poco y nada más. En cambio cuando hablaban de religión la cosa cambiaba drásticamente. Ahí sí nunca se ponían de acuerdo y podían llegar hasta insultarse por este motivo. Los dos sabían que era un tema prohibido y lo evitaban lo más que podían. Una vez Isaac le recordó a Lázaro que Jesús y toda su familia eran judíos, que María no fue nunca una virgen y que Jesús era un jefe de tribu como muchos que habían existido. Lázaro furioso le contestó que qué tanto seguía llorando el Holocausto si ellos bien que mataban de igual manera a los palestinos y seguían quedándose con el dinero de todo el mundo.

Ese día se separaron jurando no ver al otro nunca jamás. Una semana después los dos fingieron que no había pasado nada y fueron juntos a ver una película francesa que les habían recomendado mucho. Esta les encantó y se fueron a cenar para comentarla ampliamente.

Durante su carrera cada uno tuvo una novia, Lázaro se burlaba de la de Isaac diciendo que estaba muy flaca, Isaac le contestaba que la suya era muy chaparra. Los dos reían ya que era verdad.

Con Ioana fue diferente. La conocieron en Houston donde iban frecuentemente a comprar, no ropa o cosas así, sino todo lo nuevo que existía en electrónica. Se prendaron de ella. Sin platicarle al otro, cada uno viajo tiempo después para estar con ella. En una borrachera se dijeron la verdad. Estoy enculado de Ioanna, dijo Isaac. Yo igual, dijo Lázaro. Ella me dijo que me amaba más que a cualquier cosa, dijeron ambos. Terminaron por enterarse que los dos se habían acostado con ella. ¡Malditas viejas!, dijeron ambos. Tomaron un whiskey a la salud de la amistad y juraron no verla nunca más. Cosa que cumplieron.

Algo que los diferenciaba era el deporte y el cuerpo. Isaac era obsesivo con tener una buena musculatura, diario hacía ejercicios en un club o en su casa. Lázaro en eso era más flojo. Hacía ejercicio solamente los sábados, también en un club.

La víspera del día de su cumpleaños viajaron a Valle para que todo estuviera bien, sobre todo que no faltaran bebidas, hielo y botanas. Lo demás no importaba. Ese mismo día llegaron varios amigos. En la terraza disfrutaron la vista de la laguna. El frío los hizo entrar. Jugaron Poker. Al día siguiente se completó el grupo. Les cantaron las mañanitas, fueron en lanchas a recorrer los bellos lugares y a esquiar, comieron carne asada. Ya de noche empezaron los brindis. En poco tiempo todos cantaban, reían y hasta bailaban. Uno propuso que jugaran a las imitaciones. Disfrutaron imitando a políticos, a artistas de cine y tele, a futbolistas. Alguien propuso que jugaran a imitar a gente gay. Todos aceptaron. Caminaban como si trajeran tacones, hablaban con voz tipluda, movían todo el cuerpo. Ahora que los que imiten sean los cumpleañeros, propuso Roberto. Todos aplaudieron. Isaac dijo que no. No le saques, dijeron varios. Está bien, dijo el aludido, sólo porque ustedes lo piden. Se puso de pie y caminó sin movimiento amanerados hasta donde estaba Lázaro, lo abrazó y  le dio un fuerte beso en la boca. Todos aplaudieron y se carcajearon. Lázaro pasada la sorpresa se arrojó contra Isaac con ganas de golpearlo. A tiempo lo contuvieron los demás. Lázaro insultó a Isaac. Éste asustado le dijo que había sido una broma. Tú sabes que este tipo de bromas no las tolero, replicó Lázaro. Nuevamente se abalanzó contra su amigo. Los otros tuvieron que separarlos. Vamos a brindar, propuso otro, brindemos por la amistad. Chinguen todos a su madre, dijo Lázaro que se levantó y se fue a su cuarto. Isaac quiso ir a disculparse pero los amigos le dijeron que ya se le pasará. Lázaro muy temprano salió de Valle sin avisar a nadie.

Durante un mes no se hablaron, cosa inusitada en ellos que se veían al menos dos veces a la semana. Se encontraron en una reunión. Isaac fue quien tomó la  iniciativa de acercarse. ¿Todavía estás enojado por lo de Valle?, le preguntó. Nuevamente te pido disculpas, fue cosa de las copas y el ambiente. No hay fijón, respondió el otro. ¿Amigos? Sí, amigos.

La realidad es que ya no se buscaron. Lorenzo quedó con varias dudas: ¿fueron las copas las que hicieron que Isaac lo besara?, ¿qué sintió?, ¿se arrepiente?  La duda mayor no fue lo anterior, inclusive no fue una duda, fue una certeza que no le dirá a nadie en su vida. El beso le gustó, todos los días piensa en eso y desea se repita. ¿Isaac sentirá igual que él? ¿Qué hacer?

Sin respuesta alguna trata de dormir como siempre, algo que no logra.

Tomás Urtusástegui

2018