Escenarios

Por: Tomás Urtusástegui

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EL FRUTO DE TU VIENTRE

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“Bendito sea el fruto de tu vientre, Jesús”. No supo por qué le vino esa frase a su memoria. Sabía que pertenecía a una oración religiosa, no recordó el resto de ésta. Su madre la decía varias veces cuando rezaba en las noches, de eso hacía ya mucho tiempo. Bendito sea el fruto de tu vientre, Jesús; Bendito sea el fruto de tu vientre Jesús; Bendito sea el fruto de tu vientre, Jesús. Repitió hasta el cansancio la frase. Poco a poco la fue cambiando. Maldito sea el fruto de tu vientre, Jesús; Maldito sea el fruto de tu vientre, Jesús; Maldito sea el fruto de tu vientre, Gabriel. Sí, maldito sea el fruto de tu vientre, Gabriel. Esa es la verdad, nada de bendito. La escribió para no olvidarla. Es curioso que yo sea un fruto, pensó. ¿Cuál seré de todos? ¿Una naranja, un plátano, una sandía, una pera, una uva, una guanábana, un capulín? Capulín, pudiera, pensó, por prieto y chiquito. ¿Naranja?, no, naranja no, ni soy dulce ni tengo gajos. ¿Podré ser una sandía toda colorada llena de semillas negras? Es posible. Más bien seré un tejocote con los que llenan las piñatas en navidad, ¿o seré una fresa? Si no seré idiota, fresas eran mis compañeros de escuela, yo no. Me gustaría ser una jícama para calmar la sed, pero no es posible, esta es blanca y gordita, yo prieto y flaco. Quizá soy un cacahuate. Eso es, eso soy, un cacahuate. La primera parte del nombre es caca y yo soy mierda: nací en la mierda, vivo en la mierda, como mierda. Mierda Soy.

Gabriel rió un largo rato de lo que estaba pensando, fue a la cantina de su casa y se sirvió un vaso de tequila, no una copa, un vaso. Cuando ya había bebido más de la mitad se puso de pie y cantó por toda su casa la palabra maldito con tonos de cumbia, de ranchera, de tango, de pasodoble. Y no sólo cantó, también bailó. Al terminar el canto y el contenido del vaso arrojó éste contra una pared. Rió. Ahora gritó: ¡Maldito sea el fruto de tu vientre, Gabriel! Maldito sea el aborto de tu vientre, Gabriel. Un cacahuate es el fruto de tu vientre! Volvió a reír.

Fue a su recámara, tomó uno a uno todos los marcos que contenían las fotos de su boda, de sus hijos de niños, de ellos recibiéndose, de sus bodas y las de sus dos nietos. Un marco mayor contenía la foto en que sus empleados lo festejaban por sus 70 años de edad. Las arrojó y las pisó con furia. Gritó: ¡Mierda! ¡Todo esto es mierda, mierda pura, mierda milenaria, mierda bendita, mierda celestial!

De un cajón de su biblioteca sacó la pistola.

Tomás Urtusástegui

2017

LA VIDA ES RITMO

escenarios_mayo_02Mi vida empezó, como la de todo el mundo, en el útero de una mujer. Los primeros sonidos que escuché tenían un ritmo tranquilo, eran los del corazón de ella, después se agregaron los sonidos de mi propio corazón, mucho más acelerado, como pidiendo que el tiempo pasara rápido para nacer y enfrentarme a la vida. Ya en ella me llené de otros ritmos, el del tiempo, día y noche, mañana y tarde, oscuridad y luz, silencio y canto de los pájaros, desayuno, comida, cena; recreo y descanso, verano, otoño, invierno y primavera; norte y sur, húmedo y seco, olas del mar, viento, truenos. Ritmos veloces y ritmos lentísimos. Ritmos de cha cha cha o de blues. Ritmo de rock y bolero. Qué mayor ritmo que el Bolero de Ravel, el ritmo del tambor.

Después descubrí otros ritmos que no se detectan fácilmente, el ritmo de la poesía, de la palabra escrita, de la mirada, el ritmo del amor.

Me embarqué en movimientos, que son ritmo, frenéticos como subir a un avión y volar de un lugar a otro, o calmos como remar en el lago o comer palomitas de maíz.

Descubrí muy joven el ritmo de la vida, el nacer, crecer, despertar al sexo y con él, el enamoramiento. Primero verla de lejos, sonreírle, atreverse a decirle algo, hablarle por teléfono, tener una cita, tomar su mano, darle un beso, acariciarla, desearla y llegar a lo máximo, al acto amoroso que tiene uno de los ritmos más marcados que existen. Un inicio piano, poco a poco se va acelerando hasta llegar a ser un bólido. Un ritmo que termina abruptamente para iniciar uno distinto, el de la satisfacción.

Caí, como todo el mundo en el ritmo del dolor y la desaparición de este al enfermarme, no una sola vez sino muchas. Con ritmo hice mi servicio militar. En la escuela pase de un primer año de juego, a un segundo y así hasta terminar mi carrera.

Me casé, tuve hijos, seguí trabajando, inicié otra carrera, la de escritor que tiene un ritmo muy diferente a la profesional. La segunda es muy marcada, conocida y por lo mismo previsible. Con la primera, la de escritor, es algo muy diferente, empiezas con un ritmo y lo tienes que cortar, otro te despierta a media noche, con algún otro te aceleras y con el siguiente te deprimes. Vives enfrentándote a él y siempre eres el perdedor. El ritmo siempre triunfa.

Ahora estoy en la última etapa del ritmo de vida. Ya nací, crecí, me reproduje y ahora me toca la muerte.

Posterior a ella me enteraré si el ritmo se rompe para siempre o se inicia alguno desconocido para nosotros.

Inicié el ciclo de la vida con un llanto, espero terminarlo con una sonrisa.

Tomás Urtusástegui

2017