Escenarios

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Arcoiris

escenarios_ene_02 Arcoíris en español, rainbow-arco de lluvia, en inglés; arc en, ciel-arco en el cielo, en francés. Es un nombre lógico en inglés y francés, pero qué tiene que ver el iris con este fenómeno natural. El iris es un músculo del ojo y nada más. La palabra me gusta pero me molesta no saber por qué le pusieron ese nombre a uno de los espectáculos más bellos de la naturaleza. Consulté muchos diccionarios y nada, entré a Google y tampoco. Sospecho que me voy a quedar con la duda. Lo único relacionado con colores del iris es que su color es el que da colorido a los ojos, estos pueden ser verdes, negros, azules, cafés y algún otro, pero no tiene los siete del arco: rojo, naranja, amarillo, verde, turquesa, azul, violeta. Me dicen que la bandera gay usa estos colores pero quitó uno, el turquesa. De esto tampoco me dan explicación alguna. Aprendí que el color rojo significa vida para ellos, el naranja salud, el amarillo luz solar, el verde naturaleza, el azul arte o serenidad y el violeta espíritu.

De niño quise llegar a uno de sus extremos, el que se entierra, para buscar un tesoro que dicen existe ahí. También quise subirme a él y caminarlo como si fuera un puente. Se me antojó colgar un columpio en su parte central y columpiarme por horas.

Ya un poco más grande vi la película El mago de Oz y me enamoré de Judy Garland y su canción sobre el Arcoíris. “En algún lugar sobre el arcoíris” “Somewhere over the rainbow”.

Fue en Catemaco, a la orilla de la laguna que me tocó ver no un arcoíris sino dos. Supe que mi vida iba a estar llena de sorpresas.

Sé que a muchos les molesta el Sol, que lo evitan, piensan que les va a dar cáncer si lo dejan estar en su piel. Otros odian a la Luna, dicen que los vuelve locos, son los lunáticos. Pero no conozco a nadie que hable mal del Arcoíris, a todos les gusta. Nadie piensa que les va a traer mala suerte o los va a enfermar.

Yo los amo, a los pequeños que aparecen en una fuente, los medianos en una cascada o los gigantes del cielo. El arcoíris no me va a dar nada, ni riquezas, ni salud, ni una vida larga, pero sí me da, y con creces, un momento de gran belleza. Si fuera músico le compondría una bella serenata, si fuera poeta un soneto, si fuera pintor haría que sus colores inundaran al mundo, pero como soy un simple humano, lo único que puedo darle son las gracias por existir. Gracias bello arcoíris.

Tomás Urtusástegui

2018

Astucia Vasca

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Mi abuelo nació y vivió hasta los veinte años en un pueblito vasco llamado Villaverde de Trucios, pueblo que vivía básicamente de la agricultura. El bisabuelo lo llamó un día y le dijo que le iba a dar un terreno, pequeño, para que tuviera su parcela y sembrara. Él no dijo nada, pero como era muy astuto lo estuvo pensando toda la noche.

-Gracias padre, pero creo que será mejor irme a las Américas, allá se gana mucha plata.

-Tu tierra es esta, aquí está la familia, no puedes irte. Además te puede pasar algo en el viaje o allá, dicen que son tierras salvajes.

-No me iré…, no me iré solo, llevaré a mi hermano. Los dos vamos a trabajar mucho y en poco tiempo ustedes podrán tener muchas tierras y construir una nueva casa. Se los aseguro.

Su astucia le valió, los padres les dieron el permiso y la bendición. Ya en el barco le entró el miedo. ¿Y si de verdad me pasa algo en el barco o allá, en América? Les dijo a sus padres que iba a trabajar mucho, pero en qué; no tenía la menor idea. De agricultor, que es lo único que sabía hacer, no se gana nada o muy poco. Dios dirá, se dijo, y se metió a su camarote a dormir. Su hermano se fue a contemplar el mar que en ese momento estaba calmo.

El barco llegaba a tres puertos de Estados Unidos. Baldomero, que es el nombre de mi abuelo, le preguntó a Rafael, su hermano, qué en cuál de los tres se desembarcarán. En Nueva Orleans, contestó Rafael sin dudarlo, dicen que es muy bonito y tiene mucho movimiento. Tienes razón, prosiguió su hermano, pero a mí me late mucho irnos a Brownsville. Está en la frontera con México. También ahí podemos hacer dinero y cuando nos dé la nostalgia nos pasamos a Matamoros para hablar nuestra lengua y comer algo parecido a lo nuestro. ¿Qué te parece?  Rafael por supuesto dijo que no, habló de Nueva Orleans, de las mujeres negras, del whisky, de los dólares de plata. Nuevamente Baldomero tuvo que usar su astucia. Tienes razón, iremos a ese lugar, pero antes vayamos a Brownsville. Estamos ahí un tiempo para aclimatarnos y luego nos vamos.

El dichoso pueblo americano no le gustó nada pero se quedó callado. Buscó trabajo junto con su hermano. Les ofrecieron uno como peones en una fábrica y en otro como empleados de tienda con un horario de 12 horas. Además hacía un calor infernal. Su hermano dijo: “ya hicimos la prueba, ¡mejor vámonos a New Orleans!” Ya lo dijo en inglés. Claro que sí, aseguró mi abuelo, pero primero vayamos a Matamoros unos días.

Rafael, ya instalados en la frontera mexicana, le pidió a su hermano que enviara dinero a España, que él quería regresar, que extrañaba la tortilla de papa y el caldo gallego. Baldomero ahora no fue astuto sino lo contrario. Ya estamos aquí y aquí nos vamos a quedar. España y la familia son cosas del pasado. Es como cambiarte de casa, la anterior te gusta y le tienes cariño, pero ahora se trata de arreglar la nueva. El dinero que tenemos es para ampliar la tienda.

Rafael se molestó y dijo que no volvía a España pero que tampoco se quedaba en ese lugar, que iba a recorrer México. Baldomero le dio dinero y se despidió de él, jamás volvieron a verse.

Al momento de decidir vivir en México astutamente dejó de pedir platillos españoles, se quitó el acento y todo lo hizo como los nativos. A partir de ese día empezó a comer tortillas que no le gustaban, también platos con chile, a beber cerveza y tequila, a fumar cigarrillos mexicanos. Lo principal, se casó con una tamaulipeca y tuvo muchos hijos, ocho en total.

Su tienda creció mucho, llegó a ser la principal de la ciudad. A Don Baldomero todo el mundo lo conocía. También crecieron sus hijos, todos los hombres tuvieron una profesión, las mujeres se casaron y tuvieron hijos.

En tiempos de la Revolución su astucia les salvó la vida a él y a su familia. Llegaron las tropas, Don Baldomero se presentó ante ellos y les dijo que creía en el movimiento, que donaba su tienda y sus ranchos para los revolucionarios. Lo abrazaron y le dijeron que así deberían comportarse todos, que era un ejemplo. Por supuesto mi abuelo sabía que de todos modos le iban a quitar los terrenos y la tienda, además de matar a alguno o a todos. Quedó como héroe.

Les llegó la noticia que Rafael, el hermano que se fue, fue regando hijos en el estado de Sinaloa, que se enredó con mujeres casadas, que le gustaba el alcohol y el juego. La familia de Matamoros se indignó por la inmoralidad de ese hombre. Baldomero decidió que todos tenían que negar el parentesco. No se puede, le contestaron, con este apellido todos lo van a saber. De nuevo vino la astucia. Nos apellidamos Urtusuástegui. Bien, de hoy en adelante le quitamos una u y quedamos como Urtusástegui. Y así lo hizo. Y le funcionó. Desde ese momento los malos fueron los Urtusuásteguis y los buenos los Urtusásteguis.

A los 55 años decidió jubilarse, cosa que no existía, pero lo hizo astutamente. Estoy cansado, dijo a sus hijos, creo que ya no voy a vivir mucho. Todos le aconsejaron reposo, mi papá se lo llevó a vivir con él, también se llevó a la abuela.

Murió a los 83 años, en un paseo al bosque por Atotonilco. Mi papá, que heredó algo de la astucia, vio que para traerlo al D. F. tenían que pedir permisos, actas, pagar transporte y caja. No, dijo, vamos a llevarlo a su casa. Lo subió al auto, lo acomodó, sentado, como si estuviera dormido. Ya en el D. F. anunciaron su muerte.

La astucia vasca es como los habitantes de esa región española, muy terca. Yo tuve a fuerza que heredar algo de ella. Hoy estoy haciendo uso de su poder al leerles a ustedes esto como si fuera un cuento siendo que es un relato. Creo que se lo creyeron y si no es así no me voy a enterar.

La astucia también la heredaron mis hijos y mis nietos. Les iba yo a contar muchas cosas de ellos respecto a eso, pero no, astutamente doy fin a este escrito para que todos me pidan que escriba más, lo que quieren saber. Yo les contesto que por supuesto, que lo voy a hacer. Por lo pronto me voy a comer mi fabada asturiana. Algo tengo que heredar de España además de la Astucia Vasca.

 

Tomás Urtusástegui

2017