EX LIBRIS — Madeleine Albright: “Las redes sociales han desagregado las voces y solo oye lo que quiere oír”

Por: Bernardo González Solano

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exlibris_nov_01Si usted escucha o lee el nombre Marie Jana Korbelová lo más seguro es que pregunte  ¿y ésta quién es? Pero si hace lo propio con Madeleine Jana Korbel Albright entonces dirá, “¡ah, ésa!”. Pero también hay quienes no tengan la menor idea de quién se trata, pero para eso la revista Personae publica esta columna que versa, modestamente, sobre asuntos de libros y de lo que el autor considera cultura en general. La prensa mundial dio a conocer a esta admirable mujer con el corto nombre de Madeleine Albright (que nació en Checoslovaquia el 15 de mayo de 1937, en el seno de una familia de origen judío, que se convirtió al catolicismo antes de emigrar a Estados Unidos de América, donde se nacionalizó estadounidense en 1957, a los veinte años de edad. Gracias a sus estudios universitarios y a su interés por la política y los asuntos internacionales, amén de su aguda inteligencia, Madeleine se convirtió en la primera mujer estadounidense en ser designada Secretaria de Estado en la historia de la Unión Americana, cargo que desempeñó de 1997 a 2001 en la administración del presidente Bill Clinton. Como jefa de la diplomacia de la gran potencia, Albright fue impulsora de la intervención de su país en Kosovo, la última gran guerra de los Balcanes que horrorizó no solo al Viejo Continente, sino a todo el planeta. Antes de ocupar la Secretaría de Estado de EUA, la gran dama de origen checoslovaco fue Embajadora de EUA ante la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Albright emigró de Checoslovaquia a EUA en 1948 en compañía de su familia. Su padre, Joseph Korbel, diplomático y político de descendencia judía sirvió como embajador de Checoslovaquia en Yugoslavia. Posteriormente emigró a EUA y fue catedrático de política internacional en la Universidad de Denver, Colorado. Durante la Segunda Guerra Mundial, la familia Korbel emigró a Inglaterra. Originalmente el grupo familiar era judío que se convirtió al cristianismo, pero tres de los abuelos judíos de Madeleine murieron en campos de exterminio alemán durante el Holocausto.

De los libros escritos por Madeleine en 2003 leí Madam Secretary, que me fascinó. Y en abril del año en curso publicó Fascism. A Warning que acaba de ser traducido, el mes pasado, en castellano con el título Fascismo. Una advertencia (Estado y Sociedad), por Ediciones Paidós. En suma, este volumen describe el fascismo como una forma de alcanzar y mantener basado en fomentar las divisiones de la sociedad. En pocos días el volumen ocupa los más altos puestos de venta en España. Como siempre, las librerías de México todavía no lo reciben.

exlibris_nov_02Algunos críticos estadounidenses afirmaron que el volumen es alarmista, a lo que la autora ha respondido: “Bien, es que quiero que sea una señal de alarma”. Gracias a la promoción de algunas revistas y periódicos españoles he podido leer algunos capítulos del libro. Y el diario madrileño El Mundo, recién publicó una entrevista a la ex Secretaria de Estado de EUA, de la que reproducimos parte de la misma.

1.- Uno de los ejes del libro es el desprecio de gobiernos y partidos por el sistema judicial y, en general, por la idea de Estado de Derecho. Para ello, el líder –o el grupo social al que representa el líder– está por encima de la ley.

Depende en cada caso. Trump hace cosas como insultar a un juez que tiene un nombre hispano (Gonzalo Curiel), minusvalorar los aspectos legales de sus acciones y considerarse a sí mismo por encima de la ley. En otros países, como Polonia y Hungría, los gobiernos están tratando de minar sus sistemas judiciales. Y una de las bases de una democracia es un sistema judicial independiente.

2.- La idea de que las leyes o los acuerdos internacionales están sólo para limitar a las sociedades y que éstas deberían empezar de cero se está extendiendo. El mes pasado, Max Boot (que es republicano pero se opone al presidente Trump) equiparaba en el Washington Post lo que está pasando en Cataluña con el Brexit, en el sentido de que se trata de comunidades que creen que deben romper con el resto y seguir por su propia cuenta.

La globalización ha beneficiado a todos los países del mundo, pero también ha creado el problema de la identidad. Todos tenemos nuestra identidad étnica, religiosa, lingüística…Bien, si mi identidad odia o rechaza tu identidad es un problema… Muchos países en Europa Central y Oriental fueron creados tras la Primera Guerra Mundial sobre la base de la identidad y eso, en algunos casos, lleva a la idea de que esas naciones tienen que tener una población homogénea. Para mí, eso es un error, como estamos viendo ahora en Hungría con Viktor Orban, que quiere que solo voten los que son étnicamente húngaros, vivan donde vivan,  y no los inmigrantes o extranjeros que residen en el país. Eso también lleva a la creación de microestados étnicamente homogéneos. Es algo que estamos viendo en España, y que ya vimos en Yugoslavia. Es, insisto, un error, porque las sociedades multiétnica son más estables.

exlibris_nov_033.- En EUA muchos culpan también a su partido, el Demócrata, de seguir una política de identidad, en la que cada uno debe votar por lo que es, no por lo que cree. En EUA, los hombres –y muchas mujeres–, blancos y personas de nivel educativo bajo, votaron por Trump. Las minorías y los blancos con más educación, por Hillary Clinton… ¿No son culpables los dos?

No. La diversidad no es un problema para los demócratas, porque vivimos de ella, y somos conscientes de que ésa es la gran fuerza de EUA. Nosotros no tenemos problemas con que nos voten más hombres. Sí creo, sin embargo, que la manera en que las sociedades se ven a sí mismas ha cambiado mucho en los últimos 20 años. Cuando llegué a EUA, en 1948, este país era un crisol de razas y de culturas. Después, empezó un movimiento hacia la política de identidad con los afroamericanos, y el crisol se transformó en mosaico.

4.- En su libro, cita una frase de Hitler, en la que éste alardea de que la clave de su  éxito era presentar problemas complejos de una forma muy básica. Eso suena, y mucho, a lo que hacen las redes sociales hoy. ¿Empobrece la tecnología el debate público?

Mucho. La tecnología es como la globalización: tiene cosas buenas, pero también genera problemas. Recuerdo cómo una granjera keniana me contaba cómo había cambiado su vida ahora que no tenía que caminar kilómetros para pagar las facturas porque puede hacerlo con el teléfono.

Eso es lo bueno. Lo malo es que la tecnología y las redes sociales han desagregado las voces. La gente vive en su propia cámara de eco, y sólo oye lo que quiere oír, lo que confirma sus puntos de vista, y así no se puede hacer uno una idea fiable de lo que está pasando, lo que genera expectativas que no se cumplen y rompe los partidos políticos.

Y yo creo en los partidos políticos, porque ayudan a que la gente ponga sus puntos de vista en común y forma condiciones con otras personas con las que tal vez no esté de acuerdo al 100%, pero sí en lo fundamental. Otro problema es la tiranía de la inmediatez. A mis alumnos (de la Universidad de Georgetown) les dio siempre: “La primera información que recibes siempre es equivocada”.

5.- Usted no menciona a Benjamín (Bibi) Netanyahu en su libro, a pesar de que sus políticas y su retórica encajan en lo que usted define como fascismo: explotar divisiones, cuestionar la justicia…

En esta cuestión de la evolución de la relación entre los israelíes y los palestinos, en este momento, es exactamente lo que usted está diciendo. Sólo puedo decir que no estoy de acuerdo con lo que Netanyahu está haciendo, y con cómo ha capturado la misión de un Estado judío, porque un Estado judío no significa que tengas que eliminar la presencia de otros grupos. Democracia es, sin duda Gobierno de la mayoría y derechos de la minoría. Sin compromiso, no hay democracia”.

En los tiempos turbulentos de Donad Trump, que no entiende que él mismo es producto de la migración mundial que hizo de EUA una gran potencia, Madeleine Albright es ejemplo de ese crisol de razas que existía en la Unión Americana cuando ella y su familia arribaron al “sueño americano”. La futura primera Secretaria de Estado en la historia estadounidense cursó estudios en Suiza y fue en este país donde Marie Jana adoptó el nombre de Madeleine, la forma francesa de Madlenka, el apodo checo que su abuela le había dado. Tanto la vida como los libros que ha escrito Albright son muy interesantes. Su último libro, Fascismo. Una advertencia, es de lectura obligada. VALE.