EX LIBRIS — A 74 años de su detención, el caso de Ana Frank sigue sin resolverse

Por: BERNARDO GONZALEZ SOLANO

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exlibris_julio_01Por razones familiares y personales que no vienen a cuento, la historia de Eretz Israel y del pueblo judío me ha llamado la atención decididamente. Sobre todo lo relacionado con la repulsiva “solución final” implantada por el régimen nazi de Adolfo Hitler, con todas las consecuencias y desgracias que vivieron los judíos de la Europa invadida por las tropas germanas. Lo más indignante de la persecución y extermino que sufrió el pueblo hebreo es la complicidad de las sociedades y gobiernos locales que no eran germanos y que por cobardía (y miedo, obvio), aceptaron participar en el genocidio que dispuso Adolf Hitler de seres humanos que no eran “arios, puros, indignos de vivir en la nación nazi”. Ninguna persona, digna de llamarse así, puede permanecer callada ante ese horrendo crimen que es una de las más indignantes máculas que pesan sobre la historia de la Humanidad.

Es posible que si el lector se topa con el nombre de Annelies Marie Frank lo más seguro es que este no le diga nada. Pero si encuentra el de Ana Frank entonces el asunto es muy diferente. Cualquier persona con cierta cultura sabe que ese era el nombre de una niña judía holandesa, que en 1942, a los 13 años de edad empezó a escribir un Diario en la clandestinidad –del 12 de junio de aquel inolvidable año al 1 de agosto de 1944–, durante la invasión alemana en la Segunda Guerra Mundial. A la sazón, Ana vivió oculta –si a eso se le puede llamar vida–, con su familia, en un viejo almacén, situado en el número 263 de la calle Prinsengracht, en Ámsterdam, Holanda, durante dos años.

La redacción de su Diario se interrumpió cuando los Frank fueron descubiertos y enviados al campo de exterminio de Auschwitz (ahí moriría de hambre su madre, Edith), y ella y su hermana Margot, fallecerían de tifo en el campo de Bergen-Belsen, en febrero de 1945, apenas dos meses antes de la rendición de las tropas germanas, el 7 de mayo del mismo año. Peter van Pels, el hijo del matrimonio amigo de los Frank que compartió el refugio con ellos, y del que se enamoró la escritora en ciernes, pereció en el campo de Mauthausen. Solo Otto, su padre, sobreviviría y en 1947 publicaría el libro que hasta la fecha cuenta con millones de lectores.

Al término de la guerra, Otto Frank regresó a Ámsterdam y recibió el Diario que su hija había titulado como Kitty. Las libretas se las entregó Miep Gies, una amiga de la familia que les ayudó durante su escondite. En 1988, en otra edición del volumen se le agregaron cinco hojas retiradas en su momento porque Otto consideró que contenían asuntos íntimos en las que Ana se refería a la conflictiva relación que mantenía con su madre durante su encierro, y a su despertar a la sexualidad. No hay duda que el Diario publicado es auténtico, como también que la autora reescribió y seleccionó sus escritos.

A mediados del mes de mayo último, salieron a la luz dos páginas pertenecientes al Diario de Ana Frank que permanecieron ocultas bajo papel de estraza –papel que ahora ya casi no se usa, pero que en los 40, los 50 y los 60 en México se utilizaba para envolver casi todo, carne de res, de aves y tortillas–  durante más de siete décadas. En Ámsterdam, la Casa de Ana Frank dio a la publicidad las hojas “ocultas” en el cuaderno convertido en Diario. Los investigadores de la institución que preserva la memoria de la joven judía anuncian que esas páginas serán incluidas en una nueva edición del diario que se publicará en 2019.

En esas hojas se puede leer cómo la novel escritora –a la sazón de 13 años de edad–, se preguntaba a sí misma qué haría en el supuesto caso que alguien le pidiese información “sobre asuntos de sexo”: a lo que respondía: “¿Cómo iba a hacerlo?, para a continuación dirigirse a un oyente imaginario, con un tono elevado, impostando  la voz, utilizando frases como “movimientos rítmicos” para ejemplificar el sexo y “medicamento interno” refiriéndose a la anticoncepción. Acerca de la menstruación afirma que es “una señal de madurez o de la prostitución” respecto de la que asegura que “en París, tienen grandes casas para eso”. ¿Cómo sabría esta niña que en París había burdeles?

Especialistas del Instituto Huygens, como Peter de Bruijn, expresó que las hojas encontradas era importantes no por su contenido sexual ya que Ana había escrito sobre este tema en otra parte del libro, y a menudo en términos “aún más explícitos”. Las hojas recién encontradas, dijo De Bruijn, son relevantes porque “muestran la primera incursión de Frank en tratar de escribir en un tono más literario”. Todo indica que el objetivo de la joven judía desde un principio era convertirse en escritora, y que el Diario era su primer intento.

Por otra parte, el arresto de Ana Frank y su familia continúa como otro de los capítulos sin resolver de la Segunda Guerra Mundial. La jovencita, cuyo Diario es un símbolo del Holocausto (Shoah en hebreo) –uno de los libros más difundidos de todos los tiempos–, fue detenida el 4 de agosto de 1944 junto con otras siete personas con las que compartía el escondite en la ya citada calle Prinsengracht de Ámsterdam. Nunca han dejado de publicarse y multiplicarse las conjeturas de su detención. La más reciente acaba de publicarse en un libro traducido del holandés al inglés que acusa como culpable del arresto a una mujer: Ans van Dijk, holandesa que fue ejecutada por chivata por otros casos similares en 1948.

David Barnouw, historiador holandés, uno de los grandes expertos sobre la vida de la infortunada jovencita judía, en 2012  publicó su libro Het fenomeen Anne Frank, en Ámsterdam, editado por la editorial Prometheus/Bert Bakker. El volumen fue traducido al inglés por Jeannette K. Ringold, The Phenomenon of Anne Frank y publicado por Indiana University Press, en el pasado mes de febrero. La versión en paper back cuesta 11.99 dólares, y pasta  dura, 75 dólares. En su obra, Barnouw explica: “Nunca creo que logremos una respuesta, pero las teorías siguen apareciendo cada año”. En el capítulo dedicado al arresto de los Frank, dice: “Ya no podremos reconstruir lo que ocurrió. Por ahora tendremos que conformarnos con eso”. No hay fecha para la aparición del libro en español.

Sin embargo, Gertjan Broek, conservador de la Casa Museo Ana Frank de Ámsterdam, autor de la investigación más completa sobre el arresto de la familia Frank, tiene otra versión sobre ese episodio, “si hubo un traidor es posible que él o ella acabe por ser descubierto”. Otro investigador, Raúl Hilberg, que escribió La destrucción de los judíos europeos, editado por Akal, libro clásico sobre el Holocausto, explica: “Si hubo un país en Europa del oeste donde los judíos no tenían ni una posibilidad de sobrevivir, ese fue Holanda”. De los 140,000 judíos que vivían en los Países Bajos en la Segunda Guerra Mundial, 110,00 fueron asesinados por los nazis y sus incondicionales, el porcentaje más alto fuera de Europa oriental.

La bibliografía sobre Ana Frank es abundante. Entre otros títulos se cuenta con La memoria del Holocausto, de Eduardo Alonso en el que cuenta: “(Ana Frank) fue una niña charlatana, ingeniosa e inteligente…Su diario es un desdoblamiento epistolar con una confidente inventada para contarle las incidencias cotidianas de dos años de encierro, sus estados de ánimo, las confusiones de la adolescencia y el descubrimiento del primer amor, atenazada por el miedo y los horrores de la guerra”.

En fin, Alonso añade: “Elise Wiesel, unos meses mayor que Ana, superviviente de Auschwitz, dijo al recoger el Premio Nobel de la Paz: No somos responsables del pasado, pero sí de cómo lo recordamos. Ana Frank es la memoria del Holocausto”.

Ana Frank escribió en su Diario: “Es difícil en tiempos como estos pensar en ideales, sueños y esperanzas, solo para ser aplastados por la cruda realidad. Es un milagro que no abandone todos mis ideales. Sin embargo, me aferro a ellos porque sigo creyendo, a pesar de todo, que la gente es buena de verdad en el fondo de su corazón”. Nada más, nada menos, VALE.