EX LIBRIS — ¡Vaya! Acertado nombramiento: Margo Glantz, directora del Fondo de Cultura Económica

Por: BERNARDO GONZÁLEZ SOLANO

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Después de leer la cauda de nombramientos de quienes formarán el equipo de gobierno del próximo presidente de México, algunos de los cuales provocaron el más grande rechazo y que no tiene caso repetir, saltó uno que no sólo regocija sino que seguramente dignificará a la siguiente administración. Honrar honra, suele afirmarse. Nunca mejor utilizado, aunque la designación no se debió al jefe del Ejecutivo, sino al que será el siguiente Secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán. Margarita “Margo” Glantz Shapiro será la directora del Fondo de Cultura Económica.

Margo será la primera mujer en dirigir los destinos de tan prestigiada casa editorial, fundada por Daniel Cosío Villegas. Así, el FCE ya no seguirá siendo el Club de Toby en lo que a su dirección corresponde. No obstante los 88 años de edad de esta escritora, estoy seguro que desempeñará su cargo con todo profesionalismo. Ojalá que la escritora de origen judío –sus padres: don Jacobo Glantz  y doña Isabel Shapiro, eran originarios de Ucrania y llegaron a México en busca de un país donde mejor vivir, lejos de los pogromos que asolaban la comunidad judía a fines del siglo XIX y principios del XX en Europa– devuelva al Fondo, como popularmente se le llama, su gran calidad editorial e impida que accedan a su catálogo obras sin el mayor valor literario o económico válidos solo de alguna recomendación oficial para ser impresos, como empezó a suceder desde que llegó a la dirección del FCE el ex presidente Miguel de la Madrid Hurtado. Ese episodio nunca debió de suceder.

Margo, la trotamundos, no solo ha dedicado su vida al estudio de las letras españolas e inglesas, sino ha viajado y escrito sobre todo lo que la vida le ha permitido. En el conjunto de su obra (más de 25 títulos),  Margarita “Margo” Glantz Shapiro (ciudad de México, 28 de enero de 1930), su libro Las Genealogías (1981), para mí el preferido, se distingue por el papel decisivo que desempeña, un nuevo elemento, la memoria, que agrega al volumen una sorprendente y cautivadora profundidad, un entrañable sentimiento de intimidad.

La primera versión de este libro se publicó en entregas en el periódico UNOMASUNO donde Margarita colaboraba. Autobiografía familiar, Las Genealogías (Premio Magda Donato), rastrea en los orígenes centroeuropeos de los Glantz, sigue los pasos de la forzada peregrinación, asiste al arraigo y al florecimiento en el suelo de México, todo desde la perspectiva fervorosa y asombrada de la autora, que da testimonio de la epopeya de los suyos y se suma a ella como protagonista. Un testimonio emotivo que recupera los orígenes de una familia judía en México.

Para los que no conocen a Margo –a la que extrañamente nunca he tratado personalmente, pese a que su padre, Jacobo Glantz tenía las mejores relaciones en la revista Tiempo, la de Martín Luis Guzmán, donde yo era redactor de la sección Los Otros Continentes y editor, y a la que fue esposa de Francisco López Cámara, uno de mis maestros en la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, junto con Pablo González Casanova, Enrique González Pedrero, Fernando Solana Morales, Arturo Arnáiz y Freg, Víctor Flores Olea y otros más–, es una escritora, ensayista, crítica literaria y académica mexicana. Conocedora profunda de la obra de Sor Juana Inés de la Cruz. Asimismo, forma parte de la comunidad judía de México, con la que he tenido profunda relación. Hace algunas décadas bajo la dirección del inolvidable don Sergio Nudelstejer  Befeler –que había nacido en Varsovia, Polonia y llegó a México de tres años de edad–, editaba la revista Tribuna Israelita. Las obras de Margo reflejan su compromiso con temas como el erotismo, la sexualidad además de la migración y la memoria. En l955 fue elegida miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua y tomó posesión el 21 de noviembre de 1996. En 2004 le fue otorgado el Premio Nacional de Ciencias y Artes, en el rubro de Lingüística y Literatura. Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances (2010), Reconocimiento Sor Juana Inés de la Cruz (2004), Premio Xavier Villaurrutia (1984), Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas (2015).

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La preparación universitaria de Margo fue de alto nivel. Cursó letras inglesas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. En París se doctoró en Letras Hispánicas en La Sorbona. En 1958 inició su carrera académica en Filosofía y Letras donde ha ejercido la docencia por más de 50 años. Ha sido profesora en Yale, Princeton, La Joya, Harvard, Berkeley, Menéndez Pelayo en Santander, Cantabria, Alicante, Viena, Berlín, París, Buenos Aires, Chile y Delhi, entre otras. Su labor periodística es permanente, de gran trascendencia en el inolvidable UNOMASUNO. Y en otros medios. Asimismo fue Agregada Cultural en la embajada de México en Londres.

Uno de sus títulos, Coronada de moscas, libro de viaje permite recorrer, a ras de suelo, el majestuoso y terrible reino de lo descomunal y del absurdo que es la India, por algo será que en muy poco tiempo ocupará el primer lugar de habitantes en el mundo, superando a la República Popular de China. En esta obra, que publicó en 2012, cuenta Margo un encuentro que tuvo durante su viaje con escritores de la India, mujeres y hombres. En la página 113, dice: “Otro poeta –médico además–, me manifestó su gran admiración por México, pero algo me preocupa, dijo, ¿por qué son ustedes tan violentos?“.  ¿Qué hubiera dicho ese médico-poeta si hubiera estado al tanto de lo que ha sucedido en nuestro país en este último sexenio, donde se asegura que todo el territorio nacional se ha convertido en un gigantesco cementerio?

Ni duda, propios y extraños se refieren al “México bronco”. Margo Glantz lo sabe y después de narrar la observación del poeta médico de la India, escribió lo siguiente, como una defensa inconsciente de su país: “La guerra de independencia contra los ingleses que culminó en 1946 provocó una guerra civil, la separación de Pakistán y, más tarde la de Bangladesh, causando trastornos enormes  en la India, una ola de masacres provocada por odios raciales y religiosos”. Sin duda, en todas partes se cuecen habas.

En Las genealogías, Margo dice: “Todos, seamos nobles o no, tenemos nuestras genealogías. Yo desciendo del Génesis, no por soberbia sino por necesidad. Mis padres nacieron en una Ucrania judía, muy diferente a la de ahora y mucho más diferente aún del México en que nací, este México, Distrito Federal (ahora la rimbombante Ciudad de México, BGS), donde tuve la suerte de ver la vida entre los gritos de los marchantes a quienes mi madre miraba. Como ya dije en líneas anteriores, Las genealogías es mi libro preferido de los que ha escrito la futura directora del Fondo de Cultura Económica –editorial, por cierto, que ya ha publicado en cuatro volúmenes la Obra reunida de Margo, algo que no muchos escritores mexicanos pueden presumir–; y en su prólogo se explica: “Yo tengo en mi casa algunas cosas judías, heredadas, un shofar, trompeta de cuerno de carnero, casi mítica, para anunciar con estridencia las murallas caídas, un candelabro de nueve velas que se utilizan cuando se conmemora otra caída de murallas durante la rebelión de los macabeos, que ya otro goi (como yo) cantara en México (José Emilio Pacheco). También tengo un candelabro antiguo, de Jerusalén, que mi madre me prestó y aquí se ha quedado, pero el candelabro aparece al lado de algunos santos populares, unas réplicas de ídolos prehispánicos…unos retablos, unos ex votos, unos monstruos de Michoacán…Por ellos y porque pongo árbol de Navidad, me decía mi cuñado Abel que no parezco judía, porque los judíos les tienen, como nuestros primos hermanos los árabes, horror a los imágenes…Y todo es mío y no lo es y parezco judía y no lo parezco y por eso escribo –éstas– mis genealogías”.

En fin, esa judía que no parece judía, que se ha pasado la vida leyendo, escribiendo y dictando cátedra, y que ha sido directora del Instituto Cultural Mexicano-Israelí, será la próxima directora del Fondo de Cultura Económica. Felicidades para ella y para todos los que admiramos al FCE y lo que ha hecho por la cultura de México. VALE.