EX LIBRIS — “Tú no matarás”, los polvos de aquellos lodos, la novela más reciente de Julia Navarro

Por: Bernardo González Solano/ Enviado

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exlibris_ene_01San Sebastián.- Escribo esta EX LIBRIS antes de terminar mi periplo del 2018 por tierras ibéricas. Antes del retorno a México me tocó en suerte estar en España en los días que apareció una obra más de la novelista-periodista madrileña Julia Navarro, Tú no matarás, bajo el sello de la editorial Plaza y Janés. 1000 páginas. Un libro de verdad. Grueso. En el que la autora puso todas las comas necesarias, sin regateos. Como a mí me gustan. El volumen me recordó, como a Julia Navarro, el gran trabajo literario del escritor inglés, Lawrence Durrell El Cuarteto de Alejandría que causó sensación no solo en Europa sino entre la generación universitaria mexicana de aquellos inolvidables años de la década de los 60 del siglo XX.

Los cuatro tomos lo sabíamos de memoria y en orden de aparición: Justine, Balthazar,  Mountolive y Clea. Los nombres de sus personajes nunca se borrarán, empezando por Justine, Melissa, Pursewarden, Nessim, George Pombal. Y claro, nos aficionamos más a la obra de Durrell cuando Justine se convirtió en una excelente película, protagonizada por Anouk Aimée, Dirk Bogarde, Anna Karina y otros, dirigidos por George Cukor. ¡Qué recuerdos, allá lejos y hace mucho tiempo!, cuando nuestra Ciudad Universitaria era respetada por propios y extraños, sin pintarrajearla. Ahora, el “mesías” ya llegó al mundo heredado de los aztecas. ¡Que Dios nos tome confesados!  En la “cuarta transformación” se trata de destruir todo lo anterior, solo por capricho tropical.

Antes del 68, Alejandría era mítica, la de los años 20, 30 y 40, una ciudad cosmopolita que no sabía si algún día la llegaría a conocer. Aquella urbe era una Babel donde había gente de todas las partes del mundo, como narra Julia Navarro. “Árabes, griegos, judíos, italianos… Todos buenos mediterráneos. Todos compañeros de la misma orilla”. Georges Moustaki —Yusef para el registro civil egipcio— cantó su nostalgia a su “herida, su rincón perdido del paraíso, su pequeño jardín prohibido”, la Alejandría en la que nació en 1934. La metrópoli —fundada por Alejandro Magno y perdida por Cleopatra, tumba de Hipatia e Ítaca del poeta Constantino Cavafis—, es, junto al Madrid de la postguerra y el París que sobrevivió a la ocupación nazi y al malsano deseo de Hitler por tratar de destruirla hasta sus raíces, todo esto y más es el escenario literario de la nueva novela de Julia Navarro: Tú no matarás.

exlibris_ene_02Como epígrafe, la escritora reproduce “Ítaca” de Cavafis: “Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca,/ pide que tu camino sea largo,/ rico en experiencias, en conocimiento. / A Lestrigones y a Cíclopes/ o al airado Poseidón nunca temas,/ no hallarás tales seres en tu ruta/ si alto es tu pensamiento y limpia/ la emoción de tu espíritu y tu cuerpo./  A Lestrigones ni a Cíclopes,/ ni al fiero Poseidón hallarás nunca,/ si no los llevas dentro de tu alma,/ si no es tu alma quien ante ti los pone”./

Al presentar su libro, la periodista-escritora dijo: “A los 21 años me regalaron El Cuarteto de Alejandría y aquel libro de Lawrence Durrell me impactó de tal manera que es un recuerdo que quedó dentro de mí. Al cabo de los años vine con aquel volumen en una mano y con la Alejandría, historia y guía de E.M. Costera en la otra en busca de esa Alejandría de la segunda, tercera y cuarta décadas de aquella ciudad cosmopolita donde había personas de muchas partes de la Tierra”.

Varios lustros más tarde, la autora vuelve a reencontrarse con la belle époque con una ciudad asfixiada con cinco millones de habitantes e infinitos vehículos. Ahí ubica a los protagonistas de su novela —tres españoles y un estadounidense que se curan las heridas de la derrota de la Guerra Civil española—, en un Alejandría habitada por espías, comerciantes y vividores.

La escritora hace muy bien su trabajo. Nos cuenta una buena historia, pero al mismo tiempo nos hace viajar, en el tiempo, a otras épocas, cuando yo, por lo menos, era un imberbe estudiante que quería beberse el mundo.

En esa presentación, dice la autora: “La primera parte dedicada a esa España terrible de la postguerra me resulta absolutamente opresiva. Contarla fue un ejercicio que me produjo dolor. La llegada a Alejandría representa la luz. Es absolutamente liberador. Es como situarse en la corniche (cornisa) y que te entre el aire del Mediterráneo y te llene los pulmones”.

Fernando, Catalina y Eulogio han crecido juntos en un barrio madrileño cercano al Convento de la Encarnación. La guerra acaba de terminar y los tres jóvenes intentan sobreponerse a los estragos que ha causado en sus vidas y en las de sus familias. Atrapados en un complicado bucle en el que se confunden los afectos, la culpa y el deseo de venganza, emprenden un incierto viaje para escapar de sí mismos y construir un futuro más esperanzador que el que les ofrece la España de la postguerra.

Como náufragos en busca de su Ítaca, Alejandría se cruza en sus vidas de forma inesperada… Mientras la guerra avanza, sus vidas se entrelazan con otras vidas en ciudades como Vichy, Lyon, Zúrich, Viena, Praga o Berlín. En los últimos meses del conflicto se instalan en la Ciudad Luz, donde descubren la terrible verdad que esconden los campos nazis recién liberados. Desde allí, y al frente de la librería de los Wilson en El Barrio judío de Le Marais, aguardan el momento de retornar a España debatiéndose entre la impaciencia y el miedo, pues su regreso significa mucho más que el reencuentro con sus familiares y la vida que dejaron atrás. En la capital española aún habrán de enfrentarse a una batalla aplazada durante largo tiempo. A menudo es más sencillo huir que enfrentarse a nuestros fantasmas.

Como suele suceder en el momento de elegir el título adecuado para un nuevo libro, El del volumen que comentamos se encuentra en un párrafo donde uno de los personajes se confiesa con su madre: “—Si te hubiera dicho que iba a vengarme no me lo habrías permitido. Habrías intentado convencerme de que no lo hiciera y yo te habría obedecido. Por eso no te lo dije, madre…

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“—-Tú no matarás, Fernando, tú no matarás”. ¿Lo recuerdas?  Tu padre te dijo que ningún hombre vuelve a ser el mismo después de haber matado a orló hombre, aunque sea por una causa justa. Tu padre no quería que tuvieras que vivir con eso…con el peso de las vidas arrebatadas  a otro. “Tú no matarás”, te decía cuando regresaba del Frente…”

Un buen libro para terminar el año. Si quieres ir a Ítaca, pide que tu camino sea largo. Buen viaje. VALE.