EX LIBRIS — Notre Dame de París, trascendencia histórica y literaria

Autor: BERNARDO GONZALEZ SOLANO

exlibris_banner

exlibris_mayo_01

El incendio de la catedral Nuestra Señora de París el lunes 15 de abril, un día después del Domingo de Ramos —al inicio de la Semana Santa del año 2019–, conmocionó a todo mundo. No podía ser de otra manera. El significado y la trascendencia de este monumento va más allá de las selfies que la muchedumbre turística subió a la red como si esta catástrofe debiera “celebrarse” con una fotografía digital. Las “benditas redes” —dijera un estúpido político mesiánico, “cuyo nombre no quiero acordarme” cito al clásico de clásicos del idioma español—, le restan seriedad a todo, hasta lo más serio y trascendental, como lo ha sido el incendio que casi destruye la catedral de Notre Dame parisiense.

Cuando esta EX LIBRIS sea publicada en Personae, los medios habrán agotado el tema del incendio de la catedral de Notre Dame. Muchos se habrán aburrido. Solo algunas reflexiones sobre el particular llamarán la atención. Espero que este sea el caso. Una en especial, ¿Qué significa para mí la catedral de Nuestra Señora?

exlibris_mayo_03En mi caso, Notre-Dame significa el idioma y la cultura francesa en general. Es decir, Francia en esencia. Resulta que casi a fines de la década de 1950, cuando cursaba la Preparatoria en el Colegio Preparatorio en Xalapa, la capital veracruzana, recién se había fundado la Alianza Francesa en la que afortunadamente mi tutor, Librado Basilio Juárez me propuso como alumno becario, es decir, sin pago alguno. Fui aceptado. Nunca olvidaré la primera lección del texto para iniciar el estudio de francés: SAC-AU-DOS (Mochila a la espalda). En aquel momento no sabía el mundo que me estaban abriendo esas tres palabras. Y, para complementar el curso el maestro nos recomendó la novela de Víctor Hugo, Notre Dame de Paris. Meses después nos pediría que leyéramos otro extraordinario libro (en tres volúmenes), el primero, Memoires de Guerre. L´appel, 1940-1942, del general Charles de Gaulle, cuya primeras líneas las sé de memoria: “Toute ma vie je me suis fait une certaine idée de la France…” (Toda mi vida me he hecho cierta idea de Francia…). Estos tres textos cambiaron mi vida. La obra de Víctor Hugo especialmente. Ahora, el personaje central de la novela del gran escritor francés apenas logró sobrevivir a una más de sus constantes contingencias. Para mí, esa iglesia tan famosa significa la cultura francesa en todos los sentidos. No necesito ninguna selfie para demostrarlo.

Fue necesario que se incendiara la catedral de Notre Dame para recordar la literatura de Víctor Hugo. Apenas horas después de la quemazón que afectó la famosa iglesia gótica, el libro homónimo del gran escritor galo surge de las cenizas para ocupar el número uno de ventas de la compañía Amazon.

Al día siguiente después de la tragedia, se fueron para arriba las ventas de la novela de Víctor Hugo en el gigante de las ventas “online” en tan solo 24 horas, el libro se situó rápidamente entre las primeras 18 opciones de búsqueda y en el número uno de ventas en el sitio web. Este fenómeno se asemeja a lo que sucedió el 13 de noviembre de 2015 tras el atentado terrorista en París, cuando miles de franceses se acercaron a diferentes librerías para adquirir París era una fiesta, del escritor estadounidense y Premio Novel de Literatura, Ernest Hemingway.

El momento es preciso para escribir lo que significa este templo católico al terminar la segunda década del siglo XXI. Notre-Dame es uno de los pocos reductos que sobreviven de la ciudad medieval que empezó a perderse con la Revolución Francesa, cuando fue condenada como símbolo del viejo orden. Nuestra Señora ha sido la refutación, el contrapunto y la nostalgia de todo lo que París ya no es. Lo que alguna vez fue y sus gentes casi olvidaron.

exlibris_mayo_02Notre-Dame ha sido, para empezar, un ancla estática en la ciudad que se camina. Notre-Dame ha sido el penúltimo testigo del París medieval, mágico-místico que empezó a perderse en 1789, el año de la Revolución Francesa y que hoy sólo se intuye en algunos cuadros que penden de las paredes del Museo del Louvre. Como si se tratara de un Museo Imaginario.

Esto nos lleva, obviamente, hasta Nuestra Señora de París, la novela de Hugo que la convirtió en leyenda. El escritor, nacido en los años de la Revolución Francesa, había sido en la década de 1820 un activista contra la piqueta reformista que se estaba llevando por delante al París medieval.

La novela, más que como una aventura mágica que conduce hacia el simbolismo, puede leerse como una crónica urbana y como un libro en defensa del irracionalismo y del misterio como otra forma de sabiduría. Víctor Hugo, puede decirse, salvó de la destrucción a Notre Dame. Nada más.

Publicada el 14 de enero de 1831, la novela de Víctor Hugo es un modelo de los temas literarios del Romanticismo, que habla de la arquitectura gótica, del patrimonio cultural y el amor. Asimismo, este volumen es considerado un símbolo de la literatura francesa.

“Tous le yeux s´etaient levés vers le haut de l´église” (Todas las miradas se dirigían a la parte superior de la catedral…”), una de las frases de la novela, es por estos días una de las frases más escuchadas en París, reflejo del sentimiento y la situación vivida el pasado lunes 15 de abril…”

Si tan solo la catedral de Notre-Dame hubiera inspirado a Víctor Hugo los personajes de Quasimodo y Esmeralda, eso hubiera sido más que suficiente para que esa iglesia sobreviviera, aunque como popularmente se dice, “nada ni nadie es eterno”. Sin embargo, la historia romántica del sordo y jorobado Quasimodo —representados en la pantalla grande por Lon Chaney en 1923, por Charles Laughton en 1939, en 1956 por el mexicano-estadounidense Anthony Quinn, y Mandy Patinkin en 1997, entre otros—, y la desventurada gitana Esmeralda —personificada por las hermosas Maureen O´Hara, la pelirroja, la italiana Gina Lollobrigida y la mexicana Salma Hayek (cuyo esposo, François-Henri Pinault, por cierto, fue de los primeros en apuntarse con 100 millones de euros para la reconstrucción de la catedral incendiada), se convirtió en tema emblemático en la historia del séptimo arte. Sin olvidar los programas de radio y de televisión que se han presentado en las últimas décadas.

Víctor Hugo, en esencia, escribe una novela de romances infortunados, sucesos turbadores —mostrando lo mejor y lo peor del ser humano: el poeta Pierre Gringoire a mi juicio el más desventurado de los personajes del libro, un buen hombre con pésima fortuna, y el archidiácono, el peor ser humano posible, Claude Frollo. Quasimodo, el ser físicamente imperfecto, se enamora de Esmeralda, quien se enamora de su salvador el capitán Phoebus de Chateaupers, quien es asesinado por Frollo, que propicia que Esmeralda sea acusada del crimen por el que es llevada a la horca….Aunque la trama es muy conocida prefiero que cada lector se entere por su propio esfuerzo.

Mientras se cumplen o no los planes del presidente Emmanuel Macron de reconstruir la catedral incendiada en cinco años, fue necesario que Notre-Dame se incendiara para que la novela de Víctor Hugo volviera a ser casi un best-seller. La iglesia medieval sobrevivirá una vez más. Quasimodo sigue vivo, cuidando a su adorada Esmeralda que reposa en paz. Las cenizas con las cenizas. El espíritu francés en plenitud, como decía el general Charles de Gaulle: “Toda mi vida me he hecho una cierta idea de Francia…”. VALE.