FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN — Una experiencia fuera y dentro de las salas

Por: María Fernanda Trinidad Hernández/Enviada

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San Sebastián, España.- El Festival de Cine Internacional de San Sebastián, España, festejó este año la 66º edición del 21 al 29 de septiembre pasado, en donde se dieron cita diversas figuras del ramo como invitados especiales, y se proyectaron estrenos tanto de cineastas con renombre mundial como de nuevos directores que desde este maravilloso lugar de la costa norte de España, empiezan su carrera con el mejor impulso.

El Festival, también conocido con las siglas SSIFF (San Sebastián Internacional Film Festival)  no es solamente entrar a una sala de cine, ver una película y opinar acerca de su realización, de los actores, del director, del guión, de si es buena o es mala, si gustó o no…

El festival, situado en esta hermosa ciudad, con aproximadamente 200 mil habitantes, de espléndida gastronomía, historia y cultura, engloba una serie de vivencias que en conjunto hacen de este evento una experiencia única e inolvidable, que comienza días antes, cuando las calles se observan repletas de anuncios del festival y de las películas que se presentaran en él.

Carpas de diversos colores y tamaños son colocadas junto con walls para las fotografías, y la alfombra roja es puesta fuera del Kursaal, lugar donde se llevó a cabo la apertura y clausura del exitoso festival.

En este lugar, que se convierte en la capital del cine mundial, las tiendas son abarrotadas por cientos de turistas locales y extranjeros que buscan comprar bolsas, playeras, tazas y todo tipo de objetos referentes a este enorme e importante evento.

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Los bares y restaurantes colocaron publicidad acerca del festival y las promociones que tuvieron para esas fechas. Conforme se acercaba el día de la inauguración y festejos, la ciudad costera se llenaba de luces y alegría porque sus amables habitantes sabían que la oportunidad para darse a conocer como una ciudad pujante y en pleno desarrollo era inmejorable.

El hotel María Cristina, que recibió a todas las figuras importantes de esta edición como Dany Devito, Judy Dench, Bradly Cooper, Robert Pattinson, Timothée Chalamet, Chris Hemsworth entre otros, fue decorado para la ocasión y lucia esplendoroso, con luces, música y alfombra roja; hubo secciones destinadas para la prensa, en donde pudieron tomarles fotos y hacerles entrevistas, y un espacio bien definido para que la gente se acercara a sus actores favoritos para la foto y el autógrafo del recuerdo.

San Sebastián se vistió del Festival del cine, incluso el clima, que en esta ciudad normalmente es lluvioso, presentó los días más calurosos del año llegando a temperaturas de 35 a 40 grados, lo que hizo que los paseantes pudieran gozar de sus playas. Por su parte los oriundos y residentes del lugar, se dijeron afortunados y orgullosos de la realización del evento y no hablaban de otra cosa que no fuera de la presencia de actores y cineastas famosos, aunque como mencioné líneas arriba, el festival no es solamente cine.

La fiesta y los recorridos por el SSIFF comenzó días antes de su inauguración, cuando el público, sin importar las largas filas que tuvieron que hacer para adquirir boletos de entrada para ver las películas que se exhibieron, se dieron cita alrededor de las instalaciones del recinto destinado para el encuentro del cine internacional.

Durante los días que duró el Festival y la presentación de películas, los cines “Príncipe”, el teatro “Principal”,  “Tabakalera”, el “Kursaal”, el teatro “Victoria Eugenia”, en el “Antiguo Berri” o los “Cines Trueba”, fueron prácticamente abarrotados por españoles y extranjeros que cuando el intro del Festival comenzaba, aplaudían y bailaban al son de la música; todos querían ver la presentación de estrenos, analizar los guiones y las propuestas visuales que cada uno de los cineastas ofreció en sus proyectos, y realizar diversas actividades que se organizaron para la ocasión, sin faltar antes o después, el café, el chocolatín y el pan dulce Vasco.

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Para muchos espectadores, fue sorpresivo el largometraje del chino Bi Gan, el cual a la mitad de la película exigía colocarse unos lentes 3D y seguir más de cerca el viaje del personaje principal. También la película “Las hijas del Fuego”, de la argentina Albertina Carri, fue sin duda la más controversial del festival, de las muchas que se presentaron y que dejaron huella en el mundo cinematográfico.

Cabe mencionar que en esta edición se contó con la presencia de cuatro directores mexicanos, tres con carrera amplia y una iniciando su carrera como directora. El reconocido y aclamado Alfonso Cuarón presentó su película “Roma”, que venía con mucha fuerza después de haber ganado días antes el León de Oro del Festival de Cine de Venecia, proyecto que clasifica como su proyecto más personal, en donde sitúa al espectador en el México de los años 70 y muestra la vida cotidiana de las empleadas domésticas ante la creación de las jerarquías sociales; el polémico director Carlos Reygadas con su largometraje “Nuestro Tiempo”, Julio Hernández con “Cómprame un revólver” y la actriz Lila Avilés con su primera película titulada “La Camarista”.

Como lo he mencionado anteriormente, vivir el festival incluye vivir San Sebastián en lo cultural, lo turístico y lo gastronómico. Después de una película, no había nada mejor que parar en un bar de pinchos y acompañarlos con una caña, un tinto o una sidra, típica del país Vasco, pedir una orden de patatas bravas e incluso un poco de tortilla española. Parar en la pastelería Izar, la cual se encuentra frente al Teatro Principal, la mejor para muchos, o ir por un helado afuera del Kursaal.

San Sebastián cuanta con tres hermosas playas, la primera llamada Zurriola, la que se encuentra frente a la sede del Kursaal, otra es La Concha, la más significativa de esta ciudad, que se encuentra un poco más retirada, y la caminata hacia esa playa definitivamente vale la pena, y la última, se ubica a un costado y se llama Ondarreta, cerca de los cines del Antiguo Berri.

Hubo ríos de gente tanto en la apertura como en la clausura del festival, que se juntaba en el Kursaal para ver quienes pasaban vestidos de gala. La música era fuerte y muchos bailaban, aplaudían y gritaban. Las calles -durante esos días- fueron cerradas para la circulación vehicular. La experiencia del festival fue maravillosa y continua, dentro y fuera de las salas.

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Un día después del festival la ciudad de San Sebastián se miraba un tanto diferente: los letreros gigantes con los pósters de las películas fueron desmontados, la alfombra roja y las carpas desaparecieron. El Kursaal ya no se ilumina con el nombre del Festival ni con esas luces de colores que lo adornaron y vistieron durante esos días.

La gente vuelve a su rutina diaria, y las personas que se juntaban fuera del Hotel María Cristina ya no se ven más por ahí. La ciudad, aunque no deja de ser hermosa y de tener un encanto único, sí perdió esa emoción de vivir un evento tan importante. Ahora las personas comienzan a prepararse para el siguiente festival, es como comenzar de nuevo, casi como la celebración de Año Nuevo para esta bella comunidad española.