María del Carmen de Lara Rangel, directora del CUEC

Por: Patricio Cortés / Fotografía: Josué Cruz

cuec_agosto_01Los cineastas mexicanos han adquirido gran prestigio internacional, ganando los más reconocidos premios de la cinematografía universal. Muchos de ellos como Emmanuel Lubezki y Alfonso Cuarón se formaron en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM, mejor conocido como el CUEC, institución con más de medio siglo de vida que hoy dirige María del Carmen de Lara Rangel, nuestra entrevistada.

María del Carmen de Lara tiene amplia experiencia no solo como docente sino en la dirección y producción cinematográfica, con frecuencia pugna por un cine alejado de los estereotipos de género.

Ante el cuestionamiento de para qué estudiar cine, si muchos grandes cineastas son empíricos explica: “Primero que nada te da la facilidad de conocer profundamente distintas narrativas, la escuela te da la oportunidad de analizar y de formarte tanto en la visión tecnológica como en la estética. Hay grandes fotógrafos mexicanos y la mayoría han egresado de las dos escuelas de cine, el CUEC y el CCC (INBA), pero además de eso creo que también las temáticas en el caso de la UNAM son la clave en la diferencia del cine que estamos haciendo, es decir podernos acercar de una manera más crítica menos comercial”.

Acota: “Sin embargo, yo no despreciaría que hay gente autodidacta, tampoco dejaría de reconocer que hay grandes cineastas que tal vez no han pasado por una escuela; es decir no es esencial, pero, por ejemplo, si tú aprendes a pintar, no es lo mismo que tú agarres una brocha y de un pincelazo vayas investigando y te lleves más tiempo a que en un momento dado la academia te ayude a tener una mirada más amplia para poder fortalecer conocimientos en distintos campos, conocer la historia del cine y son pasos que a algunos autodidactas les llevan más tiempo. En cambio, yo sí creo que este tipo de intercambios, si bien, el cine originalmente se formó a partir de que ese conocimiento se transmitía de unos a otros, también es cierto que actualmente hay más de 300 escuelas de cine en el mundo y algo estamos haciendo donde aportamos a la cultura”.

Respecto al crecimiento de la oferta educativa en el ramo, advierte: “Oficialmente, en 2009 había siete escuelas de cine en México y actualmente hay 37, el problema es que la carrera de cine es teórico-práctica, entonces no es nada más tomar la cámara y filmar, sino es tener qué decir. Esa es la gran formación de la UNAM que nos permite estos intercambios para reflexionar y tener algo que contar que no sea Querida perseguí a tú abuela, o a tu hija, o a tu hermana”.

Con orgullo cita algunos de sus egresados: “Jorge Fons es egresado del CUEC; Jaime Humberto Hermosillo; Mitl Valdez, que hizo Los confines entre muchos otros. Hay 55 generaciones que han incidido en distintos niveles, algunos se formaron con Manuel Álvarez Bravo. Hace poco tuvimos una mesa de fotógrafos de fija, formados en el CUEC, que son Graciela Iturbide, nada más y nada menos, Elsa Medina formada con Nacho López, Javier Hinojosa con Mario Luna. También tenemos ese nicho de personas que se han ido a otras cosas, pero que están formados aquí”.

“De los que no terminaron también tenemos grandes cineastas que ya lo sabemos y que han reconocido la influencia en su momento, sus raíces, siempre un cineasta en la práctica se fortalece, no acabas de aprender nunca”, reconoce.

Refuta la idea de que experiencia y academia son dicotómicas: “Son las dos, tú estudias, te formas, adquieres ciertos conocimientos y sales al mundo real y te sigues formando, sigues adquiriendo conocimientos, lo único es ver si puedes tener más o menos un método que te ayude a llegar a las cosas de manera más reflexiva. Es por ahí la escuela”.

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Desde el punto de vista de la especialista, nos da diagnóstico: “El cine mexicano tiene una factura de muy, muy buena calidad; es decir, tecnológicamente estamos en la punta, pero las historias es un trabajo que tenemos todavía que hacer, además, hay que cuidar que puedan ser viables para ser filmadas. Vivimos en un país cuya industria es muy relativa, aquí no hacemos cámaras ni micrófonos, vamos, no es una industria como la industria norteamericana; sin embargo, está esta parte donde hay un enorme fomento del Estado al cine, por lo que también es importante que cada vez sea más incluyente en temas, porque existieron historias y temas muy buenos y no llegaron a cuajarse porque no llegaban los financiamientos; aunque cada vez se han formulado más legalmente, antes había decisiones muy discrecionales”.

Manifiesto que, cuando habla de un “enorme fomento del Estado”, contradice a los cineastas que se quejan de lo contrario, la también directora, sonríe y comenta: “Bueno los cineastas siempre se quejan… pero, además de eso, tendremos que formular políticas públicas ya que, con lo accesible que se ha vuelto, deberíamos de tener cine en las primarias para enseñar historia de México. Hay grandes películas que hablan con distintas visiones de distintas cosas; por ejemplo creo que si la película El grito, que se hizo en el CUEC, se exhibiera en las primarias o secundarias para mostrar el movimiento del 68, tendríamos otra visión de lo que ha sido la represión en este país. ¿Qué es lo que sucede? Que nuestras historias también afectan a los (intereses de) exhibidores y distribuidores. Tenemos un cine muy interesante, acaba de salir Sueño en otro idioma, hay películas muy críticas que de pronto los propios distribuidores no fomentan que se vean, prefieren mantener a la población con una historia insulsa, de buenos y malos, donde las mujeres son sexis y los señores son proveedores, y no con historias incluyentes, pero la gente está buscando, por eso Ambulante ha sido una ventana tan importante”.

Añade: “Espero que podamos construir una política pública que realmente distribuya y mantenga una oferta mucho más abierta a toda la población, pero para empezar ¿cómo una familia va a acudir al cine si le cuesta 100 pesos y son 7 u 8 personas? Por eso es que debemos abrir opciones en las casas de cultura, eso se está haciendo y el CUEC está participando con películas como Azul intangible, como El paciente interno , o sea películas que la gente se interesa por ver, se están abriendo todas estas semanas de Cine mexicano en tu ciudad y creo que hay que ir educando al público, que asista y se quite el prejuicio, porque claro que hay películas buenas y malas y claro que hay gente que está produciendo para ir a lucir el selfie (películas solo para festivales, subsidiadas por el gobierno), así les denominamos… Creo que en la medida que exista un compromiso ético, que también lo hay, vemos películas que están cuestionando los asesinatos de periodistas, las historias de discriminación de los géneros, donde las mujeres se ven violentadas, películas como Batallas íntimas también tienen un público y el chiste es que el distribuidor entienda que tiene que dejarlas en horarios buenos, sino nunca vamos ser competencia”.

En el mismo sentido le refiero que hace 30 años se subsidiaba mucho un cine que pocos veían y de ínfima calidad, donde no importaba si el público acudía pues los realizadores obtenían su ganancia del subsidio, por lo que podríamos repetir el error, ella comenta: “Estoy de acuerdo, de repente nos vemos como en esa industria norteamericana que recupera y aquí el cine no está recuperando. Creo que el gran reto es abrir pantallas, proteger y tener una política como la que tuvo Argentina, antes de Macri, que tiene Francia, de fortalecer el conocimiento del cine como parte de la cultura y así poder uno, subsidiar a partir de la distribución y, dos, elegir proyectos que sean cada vez más diversos y más respetuosos de los temas de las distintas personas, que no nomás fomenten la violencia y sea el mismo cuento de 27 capítulos de Mad Max, que es lo mismo”.

“El problema también es cómo se comercializa y cómo se apoya también la salida de esas películas, por ejemplo yo le puedo decir que hay una película muy bella del CUEC que se llama El Sueño del Mara’akame y no ha tenido distribuidor, y ganó el Ariel y ganó Michoacán y yo me la he pasado en siete juntas y no encontramos quién distribuya, realmente es una historia que nos plantea la historia de una comunidad desde una manera muy sencilla, muy bien fotografiada y nos acerca a una situación de México”, complementa.

Para concluir hablamos del crecimiento institucional, pues hasta hace poco los estudios en el CUEC no tenían el reconocimiento merecido: “Era un centro de extensión, fuimos llevando un plan de estudios que se tardó en reconocerse y actualmente no sólo hay una licenciatura sino hay una maestría. Yo he sido profesora de la maestría desde que se fundó y estamos haciendo grandes documentales, creo que hay cosas muy interesantes, como por ejemplo Hasta los dientes que se acaba de exhibir en Ambulante. Me refiero tanto a Ambulante porque es un cine gratuito que gira por todo el país, se mueve en muchas casas y tiene un público cada vez más amplio, también es eso, acceso a los espacios”.