GUANAJUATO, UN CAOS

Ramón Zurita Sahagún

Guanajuato se convirtió en un estado de excepción, donde la violencia, inseguridad, los abusos y el desorden existen en la mayor parte del estado, sin solución de los problemas.

Pareciera ser que desde el arribo del panismo al gobierno estatal, de la mano de decisiones políticas, en Guanajuato todo puede pasar.

Carlos Medina Plascencia, sin un solo voto que lo respaldara en las urnas, pero con el apoyo político, consiguió gobernar el estado por más de cuatro años, sin siquiera despeinarse.

Vicente Fox gobernó con teléfono en mano, mientras dedicaba su tiempo a la búsqueda de la candidatura presidencial.

Juan Carlos Romero, hizo un papel discreto y pueda solventar parte de los rezagos dejados por sus antecesores (incluido el también interino Ramón Martín Huerta).

Siendo Guanajuato un estado donde prolifero la cristiada, lógicamente se convirtió en un espacio ideal para el incubamiento del Yunque, lo que permitió a personajes cercanos a este grupo interno del PAN, hacerse del poder.

El Yunque y el conservadurismo de la población permitió que la vida en Guanajuato fuese tranquila, sin grandes problemas, hasta que los grupos delincuenciales, apoyados por algunas autoridades, hicieron su aparición y se apoderaron de vastas extensiones de terreno, sentando sus reales en municipios como Apaseo, Salamanca (sede de la refinería), Celaya, Irapuato y el propio León, además de otros que tienen vecindad con Michoacán.

La aparición del huachicol como negocio supremo desató la violencia en el estado que antes de ello mantenía una media nacional y que en los gobiernos de Miguel Márquez y el actual de Diego Sinhué Rodríguez, hizo explosión y se multiplicaron los asesinatos, secuestros y extorsiones.

Guanajuato es una entidad clave para los grupos delincuenciales, ya que se ubica en el centro del país, donde los más recientes gobiernos mostraron total ineptitud para frenar la inseguridad y violencia.

 

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