Siempre hay otros — La única condición del silencio

Por: Mariano ESPINOSA RAFFUL

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Nada resulta fácil en estos días de calurosa quietud, hasta donde la prisa ha hecho una pausa, el cielo se despeja en este noveno mes del año, después del penúltimo aguacero de agosto, amanece magistral, con los colores de un horizonte libre, blanco, como atendiendo en la estancia vestirnos de otras conversaciones.

Llegamos más maduros a las citas con la Historia, más fuertes en el ánimo de compartir recuerdos, por primera vez salimos airosos de los problemas mundanos, para convertirnos en fieles adoradores de las ausencias notables en sociedad.

Hay que permitir reconstruirse, volver a intentar conquistar las planas sin la fragilidad de antaño, hasta donde las pruebas dejan de ser de velocidad y se conviertan en experiencias, en balances positivos.

Tantas veces somos tan necios a la vez, cuando sabemos de antemano que no hay nada nuevo que aportar, luego entonces, hasta aventamos piedras a las aguas densas, transparentes, quietas y discretas de un mar que nos provoca imaginar mañana.

Bañados de una arena presurosa, en la audacia de incluirnos en un menú interesante, en nuestra democracia que no advierte, pero fija posiciones en desencuentros, porque de un lado vemos el trato afable, y cruzando la banqueta hacia el sol que se solía poner, hasta donde el color de la mayoría de los mexicanos, desean para acuñar un daño colateral inexistente hoy.

No hay nombres y apellidos, ni descubrimientos enclavados con alfileres invisibles del discurso, las redes sociales son hasta un disparate de quejas y exabruptos, son fantasía y desperdicio de tiempos maravillosos, utilizables con un mejor sentido común, que no acuse ni magnifique, sino que ubique en el estricto sentido la diferencia entre la verdad y el disentimiento.

Porque los huachicoleros son tema de inquietud en materia de seguridad nacional, hasta la Ciudad de México ya ha llegado la ordeña, y las complicidades alborotan más el panorama gris de un paso al frente de las tecnologías en contra del abuso y la corrupción.

No podemos seguir permitiendo sólo enunciar cifras a la ligera, siempre en negativo de algo que debemos ocuparnos, la opacidad en PEMEX, el abandono de las tuberías y su mantenimiento y vigilancia.

La revisión al TLC que inicia debiera considerar alternativas para México, no dependamos del exterior, pero tampoco cerremos el paso a otros mercados, las denuncias solo vemos que pueden ser parte del folclor, la Auditoría Superior de la Federación le faltan dientes, esa es la reforma que debe importarnos, como la eliminación del fuero para todo funcionario público, electo o propuesto.

El debate tiene que ser por los grandes temas que nos preocupan a los mexicanos, a los más, no a las minorías que se benefician de la explotación de quien sí trabaja, y que además cobra salarios de hambre.

No es tiempo de más circo, de hablar por hablar sin lograr decir nada, tan solo balbucear, vienen meses de asombro, de nombres y apellidos que nunca antes habíamos escuchado o visto, que van por un espacio y es válido, la política también es eso, sorprendernos, pero en competencia, en igualdad de circunstancias que nunca veremos.

Observamos procesamientos mediáticos que no logran devolver la confianza, el enriquecimiento inexplicable es altamente tóxico para la sociedad, y los avales del poder legislativo federal son carcajadas al unísono del trabajo de los asesores, porque ellas y ellos en su inmensa mayoría ni leen.

No podemos detener la marcha inexorable del tiempo, ni mucho menos cambiar el curso de la historia de lo vivido, lo que tenemos la obligación de hacer como ciudadanos libres, es no morir en el intento por modificar las conductas negativas que nos acompañan a todos por igual.

Enfilémonos a explorar otros caminos, para que cuando observemos que hemos quitado las piedras del camino, avancemos sin nostalgias, pero además con la certidumbre de sembrar armonía y más lealtad entre los mexicanos.

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