Cuando las mujeres se quedan solas

Por: Xóchitl Ximenez

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El éxodo de hombres a Estados Unidos y las agresiones contra las mujeres por parte de sus parejas las han obligado a llevar las riendas de los hogares

IXTAPAN DE LA SAL.- Al recorrer en coche Ixtapan de la Sal es fácil omitir a los olvidados. Éste se ve sólo como un municipio veraniego de hoteles de descanso y lujosas residencias de políticos. Historias como la de Vicenta y sus seis pequeños hijos son imperceptibles; ellos, a pesar de vivir a escasos diez minutos de uno de los clubes de golf más exclusivos del Estado de México, han tenido que acostumbrarse a dormir bajo un techo de peña, pues habitan, literalmente, en la penumbra de una cueva.

Mientras los fines de semana, en los hoteles de Ixtapan sirven desayunos buffet, Jesús de 9, Omar de 7, Ricardo de 6, Victorino Vicente de 3, y Gerardito de 2, apenas alcanzan a medio llenar su estómago con tortillas, nopales, frijoles o lentejas. Juanita, la más pequeña, de cinco meses, todavía se alimenta de leche materna.

Vicenta borró de sus recuerdos cuándo fue la última vez que pudo meter los pies en los borbollones de donde brotan las aguas termales -el mayor atractivo de Ixtapan de la Sal-, que la vio nacer hace 35 años. Quien la viera no adivinaría su edad, los años se la han comido y aparenta más de 50.

No es una característica, sino un síntoma: más de la mitad de las mujeres en este municipio son madres. Tres de cada diez se ven obligadas a salir adelante solas con sus hijos, muchas veces porque sus maridos, hartos de la pobreza, huyeron al “Distrito” o a Estados Unidos en busca del billete verde. También porque se toparon con hombres borrachos, golpeadores o infieles, a quienes prefirieron abandonar.

Después de una vida de violencia o de abandono, la rutina para estas mujeres se reduce a trabajar en hoteles de siete de la mañana hasta las diez de la noche, tendiendo camas, limpiando pisos, dando informes o de meseras para poder alimentar a sus pequeños. En Ixtapan de la Sal no hay de otra.

Por estas jornadas reciben un pago de entre 400 y 700 pesos a la semana. Durante esas 15 horas la única opción que tienen es dejar a sus hijos solos.

Pero para ellas es normal. En el vocabulario de Vicenta la palabra trabajo no existe para expresar las labores que realizaba en hoteles o casas, siempre dice: “yo me alquilaba para…”.

“La mujer en Ixtapan no trabaja, se alquila, aun estando tan cerca de la ciudad más grande del mundo, la esclavitud todavía permea entre las mujeres de Ixtapan de la Sal”, que desde hace tres años recorre las calles del municipio para ayudar a las madres solteras, pues está convencida de que “una mujer levantando a otra mujer es lo único que queda por hacer aquí”.

Leonila se vio obligada, como la mayoría, a encargar a su bebita Daysi con amigas y conocidas mientras ella dejaba más de la mitad de su vida en un hotel. Está consciente que esa ausencia tuvo un precio alto; la menor, desde los 13 años, se volvió adicta a la cocaína y a los 18, aún sin estar rehabilitada, heredó la tradición y ya es madre soltera.

Ahora, Leonila, una de las 847 mil 910 jefas de hogar que hay en el Estado de México, tiene otra boca que alimentar, la de su nieto. Por fortuna, después de 24 años de mesera, encontró un trabajo donde le va mucho mejor: ahora hace la limpieza en una residencia del exclusivo fraccionamiento Country Club por mil 200 pesos semanales.

“Yo no sabía cómo me la cuidaban, yo sé que fallé, pero qué podía hacer, era eso o morirnos de hambre”, argumenta Leo.

Vicenta, la de las cuevitas, como la conoce gente de la región, se casó a los 17 años y tampoco se escapó de las estadísticas. En la entidad del país donde existe el mayor grado de violencia hacia las mujeres perpetrada por sus propias parejas, le tocó un marido además de borracho, golpeador y mujeriego. Con él tuvo seis hijos: “Que no se me ocurriera pedirle dinero para la comida porque sacaba el cinturón y órale a darme. Andaba de bandolero con las queridas, por eso nos separamos”, relata.

Como ella, tres millones de mexiquenses son violentadas por sus parejas; de éstas, un millón 769 mil con un alto grado de violencia, revelan datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

La mitad de las que sufren violencia extrema, incluso, han sido hospitalizadas, porque fueron agredidas a patadas o intentaron ahorcarlas o asfixiarlas; 12 por ciento han sido despojadas de sus bienes y de su dinero. A Vicenta le arrebataron lo más quería: cinco hijos. “Cuando me dejó, andaba solita con mis niñas en las casas botando pa’ allá y pa’ acá como pelota, cayendo y levantando, pero al último me echó a los del DIF pa’ que me quitaran los hijos que porque yo no los atendía. Cómo los iba a atender si hasta pedía limosna en la casas pa’ poder darles de comer. Yo iba a las casas a alquilarme pa´ hacer quehacer,  pa’ que me dieran de comer pa’ mis niñas, a alquilarme pa’ lavar trastes, lo que fuera, aguantado caras pa’ que me dieran un techo, pero mucha, mucha, mucha gente me humillaba”, cuenta Vicenta.

“Además de la doble responsabilidad que significa ser madre soltera, la mujer se expone a que la señalen, la juzguen, la acosen o la discriminen, peor aún si es pobre”, afirma José Antonio Contreras Camarena, secretario de la asociación de Madres Solteras y Grupos Vulnerables para el Desarrollo Social “Por un Trato más Digno, Yo Madre Soltera Aquí Estoy”, del Estado de México.

“Las mujeres son abusadas frecuentemente por su condición de madres solas. Un 70 por ciento de nuestras tres mil socias no se han divorciado por temor a represalias, no quieren tener problemas y prefieren no denunciarlo, desconfían de las autoridades y todavía evitan ser juzgadas por la sociedad o sus hijas e hijos en el sistema escolar”, explica.

Vicenta, harta de las habladurías de la gente, aún sin amor, prefirió volver a vivir con un hombre, por suerte esta vez encontró una buena pareja.

Ya no tiene que alquilarse más, puede pasar los días viendo correr descalzos a sus hijos, que ya se acostumbraron al ruido de los helicópteros que al menos una vez a la semana aterrizan en aquel fraccionamiento con campo de golf de 18 hoyos, lago interior, club de tenis con canchas de pasto, spa, y hasta un parque con rutas para ciclismo.

Sólo diez minutos de distancia en coche separan a su modesta cueva, en la que no tiene servicios básicos como agua o baño, de aquel paraíso turístico. Ella sufre porque sus hijos no pueden sentarse a comer en una mesa. Menos a ver televisión. Pero lo que a Vicenta más le aterra es que un día la peña se derrumbe y los sepulte.

-2 horas separan a este municipio de la capital del país.

-3 millones de mujeres mexiquenses son violentadas al año por sus parejas, de acuerdo con estadísticas del INEGI.

-12% de las mujeres agredidas por su compañero han sido despojadas de sus bienes y su dinero.

-70% de las féminas socias del grupo Madres Solteras y Grupos Vulnerables no se divorcia por miedo.

-2 mil pesos, en promedio, gana una mujer en los centros turísticos de Ixtapan de la Sal.

-Jefatura… 4% creció la cifra de casas con mujeres solas de 2000 a 2005.

-Viviendas. 24% tienen hogares con piso de tierra en el municipio.

-Agua. 19% carece de acceso al hídrico de forma entubada.

-Luz. 16% no cuenta con servicio de energía eléctrica.

-Agresiones contra ellas

-En la entidad, tres millones de mujeres son violentadas por sus parejas sentimentales; de éstas, un millón 769 mil con un alto grado de violencia, incluso, han sido hospitalizadas, porque las golpean a patadas o intentaron ahorcarlas o asfixiarlas.

-17 mil 459 mujeres viven en el municipio de Ixtapan de la Sal, en el Estado de México, según datos del INEGI.

-152 matrimonios se registraron en el municipio en el año 2008; sin embargo, no hubo ningún divorcio.

-847 mil 910 jefas de hogar existen en el Estado de México.

-Se quedan sin hombres. De acuerdo con el documento Indicadores sociodemográficos de la Región VI, Ixtapan de la Sal 1950-2005, del gobierno estatal, la población masculina en el municipio ha caído notablemente desde la década de los 80. Asimismo, del año 2000 a 2005 hubo un decrecimiento del número de habitantes en 0.2 por ciento.