EX LIBRIS — “PATRIA”, de Fernando Aramburu, del terrorismo a la literatura

Por: BERNARDO GONZALEZ SOLANO

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exlibris_nov_01Hace poco más de cuatro décadas publiqué, en El Sol de México, mis primeros reportajes sobre los actos terroristas de la organización Euskadi ta Askatasuna (Patria Vasca y Libertad: ETA) en España. Nunca pensé escribir tanto sobre un tema tan doloroso e intrincado como este. Tampoco podría imaginar que un día, el terrorismo podría dar pie para que un excelente escritor, como Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959), publicara una novela —el primer gran trabajo novelístico, precedido de algunos relatos, sobre actos tan repulsivos como el terrorismo y lo que provoca— basada en esta sangrienta organización.

Hace poco más de un año —septiembre de 2016–, Tusquets Editores publicó la primera edición de Patria, en la ahora convulsa Barcelona. En México fuimos (perdón), de los primeros lectores, amén que escribimos los primeros comentarios sobre la novela del escritor donostiarra en el infortunadamente desparecido periódico xalapeño, Punto y Aparte. Entonces, en nuestro país Aramburu era prácticamente desconocido. Ahora, Patria ha vendido poco más de 500,000 ejemplares y ya está comprometida su impresión y traducción en Italia, Francia, Alemania, Holanda, Polonia, Suecia, Reino Unido, Estados Unidos de América y Portugal. Además, está en curso la versión televisiva para el año próximo, sin olvidar que Aramburu ha recibido, en un año, varios de los principales premios literarios de España.

Hace pocos días, el Ministerio de Cultura de España decidió otorgar a Aramburu el Premio Nacional de Narrativa 2016, basado en la parca decisión del jurado que resaltó en Patria “la profundidad psicológica de los personajes, la tensión narrativa y la integración de los puntos de vista, así como la voluntad de escribir una novela global sobre unos años convulsos en el País Vasco”. La apreciación del jurado es cierta, pero Patria es mucho más que eso. Lo bueno del caso es que el galardón conlleva una recompensa de 20,000 euros.

En una de tantas entrevistas que ahora ha concedido el autor —que desde 1985 reside en Hannover, Alemania, en compañía de su esposa, de una hija y de su perra Luna—, reconoció la influencia de varios escritores para ejercer su oficio. Al abundar en lo que considera lo más difícil de contar en lo sucedido en Euskadi durante su juventud, Aramburu dice: “En todas las ocasiones en que abordé el asunto de la violencia en mi tierra natal lo más difícil fue encontrar la forma literaria de expresar el dolor, un dolor que yo sé que excede el ámbito de la imaginación, que ha afectado y sigue afectando a numerosas personas”.

Respecto a la influencia que recibió del Premio Nobel de Literatura francés, Albert Camus, de origen argelino, Aramburu explicó: “Yo encontré en Camus, a edad temprana, el ingrediente moral que me libró de cierto nihilismo de juventud y me vacunó para siempre contra la tentación del totalitarismo. La idea de observar la historia con los ojos de quienes la padecen acaso me venía de antes, pero es con la lectura de Camus, sobre todo de El hombre rebelde, cuando por vez primera fui consciente de dicha idea. Yo también, como Camus y como tantos otros, soy en el fondo un cristiano de la vida cotidiana, uno que sin creer en Dios, convencido de lo absurdo de la existencia, aún confía en la hermandad de los hombres y en el hecho de que la bondad es una forma de la sabiduría y no necesita, por tanto, de recompensas finales, puesto que ella misma ya es el Premio”.

Ahora bien, qué es Patria. Este libro es la historia metafórica de las décadas más oscuras de Euskadi. Un libro centrado en un lugar que simboliza todos los sitios que sufrieran esas décadas de dolor. En este libro se encuentra la precisión que tuvo el autor de El extranjero o La peste, como lo reconoce la crítica en su estilo.

Al paso del tiempo, la bibliografía de ETA ha crecido. Recuerdo aquellos tiempos cuando en algunas librerías españolas apenas se encontraba dos o tres títulos sobre el tema. El que esto escribe logró imprimir, hace casi veinte años, un volumen que recogía varios artículos sobre el terrorismo etarra. Libro que tuvo la suerte de dos reediciones, ahora agotadas. Actualmente, aparte de Patria, las obras sobre ETA pueden encontrarse en muchos lugares aquende y allende al Atlántico. Ya hay estremecedores testimonios escritos de las “hazañas” de Euskadi ta Askatasuna, debidas al nacionalismo eskaldún que trató de imponerse en la vida de todos los españoles, sobremanera en el País Vasco.

Datos más, datos menos, la “historia” de ETA ya está razonablemente contada. Aunque muchos nombres de los culpables todavía faltan por darse a conocer: los responsables de aproximadamente 300 asesinatos que en las causas judiciales no  tienen autor, por ejemplo. En este punto es donde Patria descubre un aspecto que ahora aparece como indispensable, para comprender lo que el terrorismo y sus ejecutantes significaron en Euskadi: la criminalidad vivida a ras de tierra, en la vivencia cotidiana de los que la practican y de los que la sufren, en el ambiente de la vía pública, de la casa, de la taberna (como llaman en España a nuestras cantinas). En la “costumbre” de los que callan, de los que dejan de hablarse (incluso de la misma familia), de los que se van de casa.

Patria no es un estudio sociológico ni un libro historiográfico, sino una novela (ficción basada en hechos reales, personas de carne y hueso), una narración de gente común y corriente (como la que puede vivir en cualquier lugar de mundo lejos de las élites económicas o en las ciudades perdidas a la mexicana), pero que se mueven en un ámbito del que poco comprenden, mucho sufren y nada dicen.

La novela de Fernando Aramburu —ojalá surgiera en México un escritor que pergeñara un libro semejante que tanto nos falta—, es la gran novela de una sociedad enferma, envenenada por los dogmas ideológicos de la “superioridad racial” y por los religiosos de una iglesia culpable y cómplice, dominada hasta el fondo de sus almas individuales y colectivas por un miedo cerval, incapaz de análisis, reacción o resistencia. Desprovista de cualquier gesto de grandeza. Como dice Javier Rupérez: “Un espejo terrible, que devuelve los rasgos deformados de una comunidad que hizo del silencio la norma, de la delación un salvoconducto, de la insolidaridad un sistema”. Así se vivía,  y en cierto sentido todavía se sigue viviendo en el País Vasco. Pese a todo, yo espero escribir la crónica definitiva sobre la desaparición de ETA. Esto aún no es posible.

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El libro de Aramburu es un nicho en el que se mueven personajes a los que el destino puso en el gozne de la tragedia, viviendo como en una pesadilla, sonámbulos, que solo tratan de sobrevivir. Por el momento “descansan” los pistoleros embozados, con pistolas o metralletas en ristre, dispuesto a asesinar en nombre de Euskadi, herederos de Sabino Arana que nunca supo hasta donde llegarían sus embustes.

El éxito literario de Aramburu es una obra maestra —esperemos que no sea la única—, imprescindible testimonio sobre el País Vasco y una época en que sus habitantes agarrotados por el miedo, envenenados por la propaganda y celularmente incapacitados para la humanidad y la compasión, miraban para otro lado cuando los asesinatos se cometían, mataban civilmente a los familiares de las víctimas con rencor y desprecio. Era la época cuando se “suponía” que alguna razón habrían tenido los terroristas asesinos para quitarles la vida.

Todos los escritores buscan el libro de su vida. Unos lo logran, muchos no. Fernando Aramburu ya ha escrito varios. Para su fortuna ya tiene su obra maestra: Patria, que es mucho más que una “buena novela”. Cuando terminé su lectura pensé que en México ya es necesario que alguien escriba algo semejante, para decir: “es la novela que hacía tiempo tenía que escribirse”. Con amor al pueblo. Con cariño. Sólo alguien que ame mucho a su patria como Aramburu al País Vasco pudo hacerlo.

Las 646 páginas de este libro sintetizan casi cuatro décadas de la lucha terrorista de ETA en Euskadi y el resto de España. El lector asiste al nacimiento de la organización como a la complicidad de muchos vascos, que es la que destruye la vida de dos familias amigas de una aldea innombrada pero pequeña de las cercanías de Donostia (San Sebastián). Lo literariamente importante de estas páginas es que el terrorismo y toda la historia de esa comunidad rota, no son abstracciones. Existieron.

Contar la locura de ETA era literariamente importante. Hacerlo con maestría lo ha logrado un novelista que siente lo ocurrido en el País Vasco como herida propia. VALE.