Gerardo Albarrán, director de Sala de Prensa

Por: Patricio Cortés

periodista_ene_01La violencia contra el periodismo no cesa, de hecho Reporteros Sin Fronteras califica a México como el país sin guerra más peligroso para ejercer este oficio, sobre ello charlamos con el director del portal especializado, saladeprensa.org, Gerardo Albarrán.

Conoce el oficio pues ha sido editor y reportero de la revista Proceso, fue el primer defensor de audiencias en una radio comercial (MVS), es fundador y miembro del Consejo Directivo en la Organización Interamericana de Defensores de la Audiencia y director de la Unidad de Investigación en Capital Media.

Al hablar de los asesinatos a periodistas, opina: “No es un fenómeno exclusivo contra periodistas, es parte de un fenómeno creciente en todo el país de violencia, de desarticulación social, de pérdida de control del Estado de relajamiento, de las instituciones, pero también de la focalización en uno de los elementos que eventualmente puede contribuir a fortalecer a la sociedad frente a los fenómenos de la violencia, que es la prensa. La prensa cumple con un papel fundamental en situaciones de crisis dándole a la sociedad elementos informativos que le permite hacerse de su propio juicio y contar con herramientas para poder incidir en su realidad inmediata”.

“En zonas donde la desarticulación del Estado y violencia extrema se recrudecen, en la última década, es notorio como también se incrementa la violencia contra los periodistas, basta ver los estados que tienen el mayor número de ataques contra periodistas y el mayor número de asesinatos; el caso de Veracruz, cuarto lugar en homicidios en la entidad en lo que va del año, la tercera parte de los asesinados de periodistas de este año, lo cual habla de que ahí el cambio de administración no resolvió mayor cosa, van 24 periodistas asesinados en Veracruz del 2000 a la fecha, 25 con Gumaro”, añade.

Refiere: “Recién asesinado Pablo Escobar Gaviria (1993), el presidente de Colombia Ernesto Samper, cuando estamos hablando de la colombianización de México, me dice que a nuestro país le faltaba lo peor, que apenas estábamos empezando, y tenía toda la razón”.

Surge el tema de los mecanismos de protección a periodistas, que parecen no haber dado resultados, nuestro entrevistado afirma: “No funcionan en principio por su origen, son mecanismos e instrumentos no de protección sino de simulación, que han sido creados como respuesta no a una necesidad social, sino a una presión internacional ante el costo de imagen del gobierno mexicano. Eso es lo que lo impulsa a crear este tipo de organismos, lo vimos en mayo, después del asesinato de Javier Valdés, que se suma al asesinato de Miroslava Breach, dos crímenes de alta exposición internacional, que le generan gran presión a Peña Nieto y cuya reacción es convocar, por primera vez en su sexenio, a todo el cuerpo diplomático acreditado en el país para que vean cómo se pone de acuerdo con los gobernadores para comprometerse, ¡cinco años después de tomar posesión!, a que todos los estados cuenten con mecanismos de protección. Dicen ‘vamos a organizarlos, vamos a homologar esas cosas, vamos a combatir la impunidad’ cuando tienes el 99.7 por ciento de impunidad en el rubro. Están hechos (los mecanismos) no para resolver el problema en el país, sino para mandar un mensaje al exterior de que sí hacen algo, ese es el problema de origen. Eso no significa que en algunos de estos mecanismos no haya gente verdaderamente comprometida con la situación de los periodistas y que a pesar de la situación en la que tienen que trabajar, sin el suficiente presupuesto o a veces sin presupuesto, sin el apoyo de corporaciones y secretarías que deberían contribuir en una protección integral y aun así tratan de hacer que esto funcione”.

Sobre el cuestionamiento de si este año electoral recrudecerá la violencia, prefiere no hacer pronósticos, pero advierte: “Lo cierto es que puede crispar aún más a ciertos grupos. El periodismo que deberíamos esperar que se haga en este proceso, de profundidad, de investigación, que verdaderamente le permita a la sociedad tomar una decisión informada, va a afectar a grupos de poder, a intereses de grupo, a políticos que en lo particular aspiran al poder. Eso puede generar reacciones, ¿de qué tamaño?, no lo sé. Lo que sí te puedo decir es que la mejor manera de que los periodistas reduzcamos nuestro nivel de exposición al riesgo en esta cobertura electoral, y en cualquier tipo de cobertura de riesgo, es hacer un periodismo ético en toda circunstancia. En la medida que uno sea un periodista ferozmente ético, indeclinablemente profesional y particularmente riguroso, tus niveles de riesgo van a disminuir, no se van a borrar, aquí ni en ninguna parte del mundo”.

Ante la correlación que hace entre ética y riesgo, comento que he visto periodistas éticos que no les fue muy bien, responde: “Sí claro, pero les habría ido peor o les habría pasado lo mismo mucho antes. Muchos de los que han sido asesinados tal vez no hubieran sido asesinados, porque también es cierto que muchos de ellos incrementaron su exposición por prácticas que serían éticamente cuestionables”.

“Hay un deterioro de la ética periodística, no sólo en el gremio, sino particularmente en las empresas periodísticas. Lo acaban de reconocer públicamente, por primera vez en la historia, en el desplegado que firmaron el 4 de diciembre. Así como lo acabo yo de frasear, ese deterioro ético de periodistas y de la industria, que por primera vez reconocen, las empresas periodísticas son parte del problema”, expone.

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Nos comparte su diagnóstico del periodismo mexicano: “Básicamente andamos muy mal en ética, pero es un problema histórico, no es de hoy, con la aclaración que esto no abarca a todos los periodistas ni medios. En la relación histórica de subordinación y convivencia entre medios y poder político, el gobierno ha propiciado el deterioro ético de los periodistas. Medios acostumbrados a vivir del erario público, a que los tres niveles de gobierno paguen parte de sus nóminas a través de publicidad oficial, que se entrega como premio y castigo, y a través del embute donde muchos periodistas encuentran parte sustancial, si no es que la mayor parte de su salario, así como la laxitud fiscal de los gobiernos hacia los medios, propician este deterioro ético. ¿Con qué cara un medio, de los que conocemos, le puede exigir una conducta ética a sus reporteros, fotógrafos o editores, cuando desde su línea editorial está la consigna de la corrupción?”

Acoto que, hasta donde sé, hoy el soborno a reporteros es menos generalizado que hace décadas y responde: “Es posible, pero no es porque el gobierno haya dejado de darlo, sino porque, y esa es la nota de esperanza, cada vez hay más periodistas con una conciencia ética mayor, que tienen plenamente claro que ese tipo de prácticas matan el ejercicio profesional del periodismo y ellos no solamente no lo practican, sino que lo repudian. Afortunadamente, encontramos cada vez más colegas, particularmente en las últimas dos generaciones, con una mayor conciencia, que hacen un periodismo más dirigido a la sociedad y no al poder político que financia a los medios y a los dueños de los medios”.

Habla de la actual relación gobierno medios: “Tanto el gobierno como muchos medios, de esos que llaman tradicionales, están explorando terrenos que les resultan nuevos, un gobierno que ya no tiene el control hegemónico que tenía en el siglo pasado, particularmente en los 50’s y los 60’s cuando tenía su máxima capacidad de control de medios, y medios que de pronto encuentran que hay una sociedad que les empieza a pasar la factura por hacer un periodismo de espaldas a la sociedad”.

Por último, sobre la carencia de credibilidad de gobierno y medios que reflejan las encuestas, opina: “Es un descrédito acumulado a lo largo de todo el siglo XX y se sigue sumando el siglo XXI; a pesar de que muchos periodistas demuestran que sí se puede hacer buen periodismo y que el negocio del periodismo es hacer periodismo”.