Siempre hay otros México, sobrevivir al miedo del infierno

Por: Mariano ESPINOSA RAFFUL

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Nos queda perfectamente claro que no hay más vida después de la muerte física, ese desprendimiento de espíritu, del alma que sale del cuerpo, de la eternidad, son abstracciones del consciente que acompaña la bondad humana.

Dura y ruda realidad del siglo XXI que estamos viviendo en carne propia, de quejas al por mayor de todo, de escándalos inimaginables de corrupción de políticos que antes pensaron llegar más lejos, en el encargo público y fallaron.

Condenas irrisorias es el juzgamiento de una sociedad en crisis, lo mismo César Duarte de Chihuahua que se resiste a rendir cuentas, que Manlio Fabio Beltrones a quien la adversidad le llegó en su última etapa de vida política.

Y es que nadie piensa en el retiro, hay jubilaciones anticipadas, dispendio de liquidaciones, prestaciones de todo a la vez, porque el poder alcanza para eso y más, en el gatopardismo del ambulantaje electoral.

Tres en las pre-campañas que nada aportan a la sociedad mexicana, carentes de argumentos para brindarnos confianza, los que cumplen con el ritual de votar el primer domingo de julio, es por la convicción del presente, nunca la certeza del futuro.

Un panismo alejado de sus principios, un partido como MORENA que se estrena en las urnas en unas presidenciales, y no sabemos hasta donde le alcance para cubrir las casillas de todo el país, principal problema de López Obrador en 2006 y 2012, la defensa del voto en el momento de ejercerse.

El miedo es el ingrediente que desafortunadamente va de la mano de las aspiraciones políticas en desencuentro, hoy se sigue hablando de un cambio de candidato en el PRI, que va junto con el Verde Ecologista, que colapsó en la nominación de un Senador priista por la gubernatura de la entidad chiapaneca a diez días que terminara enero.

Los rumores llegan desde algún lugar del infierno, ahí donde la maldad habita, y logra filtrarse como el moho en las paredes, sin ruidos ni escándalos, sin expresiones que alteren el contorno, hasta hacerlo visible.

Y es que alguien miente, ante las dudas de quien pueda ser el mejor presidente y no el más apto candidato a la presidencia de México, estamos en esa disyuntiva de espanto, en la eternidad quizá hoy, ya febrero de 2018, y a 32 semanas de la elección de casi todo y la apuesta puntual de casi nada.

No es cuantos hay en proceso de ser culpados de enriquecimiento ilícito, de peculado, de uso indebido de recursos públicos, o de lo que usted imagine, acuse o piense en este preciso momento, de quienes detentan el poder, sin mencionar un partido político en lo particular, pero a sabiendas que la mayoría son priistas, por obvias razones.

En el reparto de culpas le faltan dientes a la Auditoría Superior de la Federación, más capacitación a los ministerios públicos, mejores fiscalías, y desde luego la pendiente elección de lo referente a la anticorrupción, y la sustitución, más que de siglas en la PGR, de elementos de juicio en el momento de las auditorias. Un no rotundo al cobro de pleitos de callejón políticos en el desquite.

No tenemos muy claro hasta donde vamos a sobrevivir al miedo, ese fatídico encuentro con la realidad que angustia y no permite mirar más allá del tedio y la prisa por las oportunidades escasas.

Los nombres pueden repetirse en las fatalidades de lo político, porque nada es para siempre, fallan una y otra vez también, y los partidos siguen en la pérdida de un poco de cielo, crucificando estandartes y salvaguardando una paz efímera.

Podrá darse la indignación, la escasez de voluntad para librar de mejor manera los problemas cotidianos, pero nadie escapa a los avisos puestos en el aparador de una sociedad demasiado inquieta por su momento único de vida propia.

Celebremos elecciones, dejemos de lado esa maldad que corrompe, y además intentemos proponer en lugar de denostar, influir en el ánimo para que se torne positivo el horizonte, aunque la posible nueva alternancia no nos satisfaga a todos. Comentarios esmar1010@hotmail.com