“¡Ya se rompió Joselito!”

Por: Rodrigo Cervantes

torero_febrero_01José Gómez Ortega “Joselito”, considerado el matador de toros español más grande de todos los tiempos, nació en Gelves (Sevilla) el 8 de mayo de 1895 y falleció en la plaza de toros de Talavera de la Reina, Toledo, el 16 de mayo de 1920.

En la edición 218 de Personae (enero 2018) compartí que Joselito tenía 18 años al momento de retar a Ricardo Torres Reina “Bombita”. Se trataba de “vengar” a Rafael -su hermano mayor-. “Cuando el Gallito tomó la alternativa, dedicó su primera temporada como matador a echar del toreo a Ricardo, y también a Machaquito, al que le gritó: ¿Cuándo se retira usted? Porqué como sé que es tan amigo de Rafael mi hermano, no quiero hacerle daño a usted. Vengo al toreo para ser el amo y quiero que sepa que no vengo por usted, sino a por Bombita. Le quiero anular por todo el daño que ha hecho a mi hermano Rafael. Ya no se pudo hacer nada, debido a que uno iniciaba y el otro estaba retirándose”.

Regresemos a la infancia de Joselito, a quien esto de los toros y enfrentarse a los mismos lo traía en la sangre. Fue nada menos que hijo de Fernando Gómez García “El Gallo” y hermano de Fernando y Rafael. La primera vez que vistió de luces fue l 19 de abril, en Jerez de La Frontera, con becerros de Cayetano de la Riva y estuvo acompañado con José Puerta, Pepete y José Gárate, Limeño, y fue con este último, con quien capitaneó la cuadrilla de niños toreros. Los diarios de la época señalaron que esa tarde Joselito derramó lágrimas de rabia, porque después de haber banderilleado, toreado y estoqueado como los grandes, vamos, esa tarde dejó muy claras sus habilidades y aptitud en el ruedo, más no pudo entrar a matar al segundo becerro, “porque el público, temiendo alguna desgracia, se empeñó en que no continuara…”.

A los 16 años, sin haber tomado la alternativa, era ya un torero consagrado… Para el día de San Antonio, el 13 de junio de 1912 fue su presentación en la Corte, solo que la empresa “no tenía novillos”, únicamente toros cinqueños, de la ganadería de Olea, con cuya lidia y muerte obtuvo un reconocimiento de los presentes…  Aunque existe el rumor que él mismo retiró los novillos, porque sabía de lo que era capaz de hacer, y sabía que podía dar más con los cinqueños.

Obvio, se ganó el respeto y aplauso de los asistentes, y fue hasta el 28 de septiembre de ese mismo año, tomó la alternativa en la Real Maestranza de Sevilla. Rafael “El Divino Calvo”, su hermano, le cedió el toro “Caballero”, de la ganadería de Moreno Santamaría, pasaron tres días y los hermanos repitieron la hazaña en Madrid, en esa ocasión su padrino le cedió a Ciervo, de Duque de Veragua, al tiempo que Vicente Pastor apadrinó el doctorado de Manuel Martín Vázquez. Tomó la confirmación en Madrid el 1 de octubre de ese mismo año, con un toro de Veragua.  Este año participó en 45 novilladas.

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Después viene la rivalidad con “Bombita”, hasta que lo retiró  al año siguiente, pero también iba tras el amigo de su hermano, Rafael González “Machaquito”, quien abandonó los ruedos el 16 de octubre, apadrinando a un nuevo novillero llamado Juan Belmonte García… De esta manera, fue que el menor de los Gómez Ortega rivalizó con los grandes toreros de principios del siglo XX, además de rivalizar y retirarlos de los ruedos, cerrando así un capítulo importante del toreo español.

Ya con Belmonte en la arena, se formaron dos bandos, los gallistas y los belmontistas, con dos estilos muy marcados: Joselito con el clásico, tradicional y añejo que recae en la movilidad y fortaleza de manos y pies, y del conocimiento de cada toro que contrastaba contra el estilo vanguardista y revolucionario de Juan. Rivales en el ruedo, amigos en la vida.

Joselito tuvo un encierro en solitario el 3 de julio de 1914, donde mató a seis toros de la ganadería Colmenar y dio muerte también al sobrero.

Otra corrida que el mundo taurino tiene muy presente, fue la del 10 de mayo de 1915 con el toro “Napoleón”, en la Plaza de Sevilla. Le dieron orejas. En 1919 viajó al continente americano, triunfando en la Plaza de Lima, “dotado con una técnica perfecta, dominó todas las suertes”.

Para 1920 realizó 20 corridas, el 15 de mayo mata su último toro en Madrid. “Tarde de gran bronca, con Belmonte, Ignacio y Varelito, con toros de Murube que sustituyen a los de Vicente Martínez”, al día siguiente se presentó en la plaza de Talavera de la Reina. Los aficionados salieron furiosos, tanto que le “vaticinaron” lo peor. Para colmo, el mozo de espadas de José, se le cayó un botijo que llevaba impreso el nombre de José, al estrellarse se hizo polvo, y uno de los presentes comentó “¡Ya se rompió Joselito!” y para los que no son supersticiosos… ya se imaginarán.

Aquella tarde del 16 de mayo de 1920, el toro Bailaor apagaría su vida en Talavera de La Reina, en Toledo. “El toro, quinto de la tarde, de la viuda de Ortega, se llamaba “Bailaor” y pesó 260 kilos a la canal, unos 440 kilos en vivo. “Era burriciego de los que ven de lejos, no de cerca”.

“Bailaor vio la muleta desde lejos, se arrancó, perdió de vista los engaños y topó con la pierna izquierda del torero. Prendido por el muslo, el cuerpo de José giró en el aire y fue a caer sobre el otro pitón, cuando el toro redoblaba su saña con un nuevo derrote. Esta segundo cornada, asestada en el abdomen, acabó con la vida de “Gallito”. Don Gregorio Corrochano, uno de los críticos taurinos más prestigiosos de todos los tiempos, declaró que la grandeza del toreo estribaba en que un toro había dado muerte al único ser humano que supo realmente lo que era torear” (www.mcnbiografias.com).

Su cadáver fue trasladado a Sevilla, al cementerio de San Fernando descansando en el famoso mausoleo de Benlliure. Su muerte constituyó un auténtico duelo nacional.