Siempre hay otros — Viaje al fondo de uno mismo

Por: Mariano ESPINOSA RAFFUL

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En el andar de la vida vamos distinguiendo en nuestras percepciones conscientes lo bueno y lo malo, la quietud y la indiferencia, el abandono y las guerras simuladas.

Somos parte de una generación que incluyó a la queja como recurso de satisfacción, para darse respuestas a la aberrante mediocridad que nos acompaña.

Seguimos sumidos en el miedo a lo desconocido, y le creemos a quienes desde su status quo, de crítica dirigida, acrecientan adeptos pero fallan en credibilidad.

Nos hemos transformado en entes despiadados, que solo velan por sus reductos, no hay solidaridad ni el menor esfuerzo por sumarle votos a la unidad del país.

La crispación es evidente, la recreación de los azules transformados en amarillo y viceversa, donde la izquierda queda hoy en el catolicismo de las patadas, increíble.

MORENA o lo que es lo mismo, el Movimiento de Regeneración Nacional convertido en partido político, nos ha asestado un duro golpe al absurdo de los que creíamos en un cambio.

El más claro ejemplo es Napoleón Gómez Urrutia y Germán Martínez, y eso que no se quiere mencionar por supuesto, que el PRI esté libre de culpas, con Manlio Fabio Beltrones y las resistencias de brindarle oportunidades a las nuevas generaciones de políticos en México.

Podríamos imaginarnos por momentos un escenario donde las propuestas transiten, confluyan, en un oasis infinito de ideas; de los seis o siete candidatos que habrá al final de las impugnaciones y arrebatos.

Una mujer es emblema en un país machista por naturaleza, así se asume, y el 30 de marzo seremos testigos de la otra procesión, aquella que no se guardará nada, desde un INE opaco y falto de transparencia.

Todos somos quizá capaces de obedecer a los dictámenes de la conciencia, algunos obedecemos las tendencias, otros se van por la fácil, el engaño que tarde o temprano descubre el encubrimiento mediático.

Pero nunca nos va a alcanzar el tiempo, para voltear a ver ni siquiera a los pobres, más de la mitad de la población en este país de cínicos, por los satisfactores impuestos por los organismos internacionales de políticas sociales, antes éramos millonarios con una pelota después de realizar las tareas en secundaria, y nos apropiábamos de las calles de arena y conchuela en el pueblo, esa Isla que ahora solo los ecos de los lamentos alcanza a expirar.

Tampoco tendremos espacio para los marginados, a esos otros que acusan faltas de oportunidades, y hoy están atentos a las redes sociales para compartir más de lo mismo, que no nos significa ni refinerías ni la extinción de la corrupción por mandato.

Ni a los desplazados, que ya dejaron de mojarse en el Río Bravo, por las muertes que dejaron de contabilizarse de la patrulla fronteriza, ahora son menos los intentos y más las deportaciones, pero sigue en aumento el baño de divisas que logra mantener a flote la economía interna.

Y finalmente a los prietos, que como a otros tantos millones de mexicanos pensantes como yo, nos duele la ocurrencia, la improvisación del discurso político hueco, sin sentido, y la falta de propuestas, en la repetición infinita de 20 años de experiencia; que no es todo lo que acompaña una de las mejores opciones para ser gobierno.

Falta imaginación y sobra calamidad, renegamos de lo que más tenemos y no visualizamos lo que podemos tener, somos fanáticos de lo prohibido para variar hasta en lo político. Comentarios esmar1010@hotmail.com