Leopoldo Mendívil, casi seis décadas de periodismo

Por: Patricio Cortés

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Hablar de Leopoldo Mendívil es referirse a casi seis décadas de periodismo, de historia que inició en Durango y de ahí, participado en diversos medios impresos, de radio y de televisión de importancia nacional, de un hombre que ha visto de cerca la transformación de este país.

Llegó al periodismo por casualidad, y también por casualidad nació en Coahuila, ya que por motivos laborales su padre fue a Saltillo, y ahí nació aunque creció en Durango. “Fui a la escuela ahí, no digo que estudié, solo que fui a la escuela”, comenta.

Trabajó desde los 8 años en el negocio del “tío rico de la familia”, “a los ocho años uno hace lo que puede hacer”. Creció y ganaba poco, pero gustaba del buen vestir, así que se compró un traje que debía pagar semana a semana; no siempre fue así, su madre que era quien atendía al cobrador terminó reclamándole, esto lo obligó a buscar un empleo mejor remunerado.

Se encontró con un primo segundo, el reportero más importante del periódico donde inició su carrera, pues cubría la fuente del gobierno: “Platicamos un rato y luego me acordé del rollo que yo tría y entonces le dije ‘fíjate que ando buscando ya una chamba diferente, sabes que estoy con mi tío, pero eso no me gusta. Además, quiero otra cosa. Ahí te ruego, si puedes, encontrarme algo’. Yo en ese momento pensé en un trabajo en el gobierno y pues a los dos días me llama, su hermana le había dicho que yo tenía buena ortografía, y me dijo: pasa esto, te pregunto si tienes buena ortografía porque hay un puesto vacante de corrector de pruebas, ¿es cierto?’ Le dije ‘sí, yo creo que me defiendo bien’. Yo leía el Novedades y El Sol porque eran los que llegaban a la casa, pero nunca había pensado trabajar en un periódico. Cuando descubrí esto, dije este es mi vida y a chingar a su madre todo lo demás”.

Era una época donde pocos periodistas estudiaban la carrera, prácticamente toda la formación era a base de experiencia: “Entonces en provincia no había nada, lo único que había era la (Escuela de Periodismo Carlos) Septién y la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Ahora cuajo el asunto y se volvió una epidemia eso de las carreras de comunicación”.

“Mi sueldo cuando asumí la planta era un dólar, doce cincuenta (pesos), pero bueno, ya con un dólar ya me defendía mejor. Luego resulta que (1960) cuando asumí la titularidad, me dieron las peores fuentes: CANACINTRA -Durango tenía una empresa tornera, era lo que más se parecía a una industria, no había nada y de todos modos me fue muy bien-, me llevé más de medio año las ocho columnas. Entonces, me había acostumbrado a leer el periódico, cuando entré a ese puesto, me di cuenta lo que era el mundo, de lo que era mi país, tenía que leer todas las noticias nacionales e internacionales. Era entonces presidente López Mateos ¡Qué presidente! ¡Maravilloso!”.

Entra a la charla él que considera el mejor presidente de México, desde que nuestro entrevistado es periodista: “Es el último presidente al que todavía la gente recuerda con afecto, me estas escuchando, yo soy de aquel tiempo. Fue un gran constructor, era muy simpático, muy alegre, tenía una historia de enamorado permanente, por ahí le caía a uno bien. El integró al Seguro Social para que entrara al país con todo lo que tenía, no solamente la cuestión de salud, toda la cuestión cultural él la desarrolló de una manera esplendida, así como hizo clínicas, hizo teatros en casi todo el país. Nacionalizó la energía eléctrica”.

“Muy, muy buen presidente, a la juventud la atendió, fue cuando nació el Instituto Nacional de la Juventud Mexicana,  la petroquímica que ahora la están sepultando, él fue quien la inició y con eso nos hubiera cambiado la vida, totalmente”.

Le preguntó cómo ve el neoliberalismo un reportero que se inició en una etapa nacionalista y comenta: “No, nada que ver, a mí todavía me tocó la parte del desarrollo estabilizador, fue algo que comenzó en los finales de Alemán, a Ruiz Cortines ya le tocó, luego se lo pasó a López Mateos, Díaz Ordaz lo continuó y cuando llegó Echeverría, vino con su populismo (mueve la cabeza). Fue muy bueno (el desarrollo estabilizador), hubo un tiempo en que la inflación mexicana estaba por debajo de la estadounidense. Ahora, se le criticaba porque socialmente no había sido muy afectivo, pero la política social empezó a cuajar, desde entonces me inscribí al Seguro Social”.

No obstante, reconoce que la libertad de expresión en aquella época era menor a la de ahora: “Por fortuna he tenido pocos problemas en ese aspecto. Hay dos secretarios de gobernación que me llamaron fortísimamente la atención, sólo me referiré a uno, a Reyes Heroles, él fue el peor porque en mi columna publiqué una cosa que era contra él, pero como se escribía entonces, cuando uno sabía usar las entrelineas no tenías problemas de ninguna naturaleza. A mí me enseñaron a usar el seso, entonces podías perfectamente decir lo que quisieras siempre y cuando no te metieras con el presidente, bueno podías hacerlo entre líneas. Ahora, esa no es la libertad de expresión en su totalidad, eso lo tengo muy claro, se ha abierto mucho”.

Retornando a la historia nacional, le cuestionó en qué momento se descompuso el país y responde: “Yo siento que fue con el populismo, con Echeverría, gastó el dinero a lo pendejo y él sí supo del asunto del petróleo que ya teníamos; pero no lo quiso desarrollar, o tal vez se dio cuenta que con la situación económica que ya estaba ya no podía hacer mayor cosa, hubiera tenido que hacer una inversión fuerte. Hubo un Secretario de Hacienda, Hugo B. Margáin que le renunció, le dijo al presidente, ‘señor ya no puedo seguir con estos gastos’”.

Narra: “Yo entonces comencé a trabajar con Muñoz Ledo, que era Secretario del Trabajo, un día fuimos al Infonavit,  cuando salió de ahí me dijo ‘ya sé por qué el problema económico del país’ y me contó este asunto que te estoy platicando ahora: ‘Lo que pasa es que se está gastando de más el dinero y ahorita en este momento no hay, el único dinero que está entrando fresco a las arcas es el que está comenzando a meter el Infonavit’”.

Difiere con la opinión de que hoy estamos peor, pero reconoce: “sí me sorprendió mucho lo que pasó con el presidente porque fue un buen gobernador y claro ahí empezó a desarrollarse el proyecto presidencial para él, pero ¡qué cambio en el aspecto de la comunicación!, ya no me meto a lo otro, pero tuvo una imagen bastante bien hecha, bien administrada te puedo decir, y llega de presidente y a chingar a su madre compañero”.

Sobre la queja del actual mandatario respecto a que no vemos lo bueno, opina: “Tiene razón, porque hay muchas cosas que ha hecho este gobierno que son buenas, muchas menos de las que debió haber hecho. Por ejemplo, la cuestión de las mega reformas, lo que pasa es que ahí fallaron en la comunicación, debieron haber dicho desde el principio que era un proceso largo, cambiar la economía no es de la noche a la mañana, como dice López Obrador de la corrupción, ‘inmediatamente que yo llegue se acaba la corrupción’, a ver cómo le hace; es lo mismo con la economía, son procesos que necesitan ir madurando”.

Reconoce que el periodismo aún no cumple su función plena: “Fallamos mucho, hay que ser sinceros, tú sabes que la corrupción en el medio periodístico continua desde las cabezas hasta… (con el dedo señala hacia abajo) en todas partes lo ves, ahí hay una parte fundamental. Otra, no somos muy instruidos, la instrucción yo creo que ha cuajado más en los otros aspectos de la comunicación”.

“Mientras el periodismo sea tan mal pagado no puedes evitar la corrupción, la necesidad humana ahí está y el periodismo nos enseña a vivir bien, porque vamos invitados y llegamos a un buen hotel, todas esas cosas”, añade.

No obstante, también reconoce cierto desarrollo profesional del gremio: “Sí hemos crecido, tenemos mucha gente mejor. En aquel tiempo a mí me tocó un súper periodista, nomás lo conocí de vista, una vez me lo presentaron, yo era un mocoso, Carlos Denegri, ¡no, no, no, le roncaba al tipo! Era uno, ahora tenemos más Denegris. Hay varios columnistas que son buenos, por ejemplo Salvador García Soto, lamentablemente parece que no le tiene mucha confianza a la televisión, y José Ureña es un estupendo columnista”.

Ante la pregunta de si México es una democracia, responde: “Aún no lo es, ha avanzado mucho, sin duda alguna que sí. Cuando yo empecé en todo esto era nomas el PRI, el PAN y PARM, nadie se imaginaba que pudieran ganarle al PRI. Conocí a Calderón cuando fue presidente del partido, quería platicar conmigo. Le dije: “Tu eres el primer panista que me busca para platicar, todos ustedes dicen que todos los periodistas somos priistas, no se necesita ser priista para escribir del PRI, a mí me llega diariamente a mí casa un sobrecito con uno o tres boletines. Me dice ‘tienes toda la razón, te quiero decir que es una de las cosas que quiero cambiar, porque no es posible que el PAN siga con la cabeza como avestruz”.

El nombre Leopoldo Mendívil nos remite a un hombre con una amplia carrera en medios como El Heraldo de México, La Crónica, TV Azteca y un largo etcétera; pero también a un destacado escritor, más en este caso no se trata de nuestro entrevistado, sino de su hijo, autor de los bestsellers Secreto 1910, Secreto 1929, Secreto R y Secreto Vaticano.

Definitivamente Leopoldo Mendívil, hijo, es el gran orgullo del periodista, se ilumina su mirada al hablar de él, nos muestra portadas de los libros traducidos al italiano y nos narra que desde niño lo catalogaron como superdotado.