Hilos de la historia de fin en el presente

Por: Juan Danell Sánchez

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Los documentos se deshojan, a pesar de los buenos tratos, por la edad que acumulan. Huelen a cartón seco y polvo fino, invisible que impregna el olfato, en ocasiones hasta el estornudo espontáneo. Parecieran cansados guardianes de verdades circunstanciales y añejas. Atan el tiempo en línea recta, impresa, basta con abrirlos para ver los días de ayer y lo que en ellos se afirmaba como Verdad para demostrar la valía de la historia que ellos mismos engendran en el presente, sea cual sea. Custodian, almacenan impolutos en tinta y papel la voz, las palabras, el pensamiento de quienes se atrevieron a depositarlos en ellos en confianza a su conservación para el después, que es hoy, y será el mañana.

Ahí se ventilan mentiras y verdades. Verdades en su momento que no pudieron sostenerse al paso del tiempo como tales. Mentiras que siempre fueron y se afirmaron en el transcurso de los días y los años. Y bien vale dejar que sean esos testigos los que cuenten esta historia, al menos una parte esencial.

El narrador de mil recitales diría: fue un 13 de noviembre de 1981, en que el entonces joven y licenciado de oficio, Carlos Salinas de Gortari, director general de Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales (IEPES) del Partido Revolucionario Institucional (PRI) alardeó:

“Esta es la primera vez que en una campaña electoral (la de Miguel de la Madrid) se trata sistemáticamente en una reunión el tema de la cultura nacional. Y no es fortuito que se haga en Tijuana. Es necesario reafirmar en la frontera del país y sobre todo en la frontera Norte, la estrecha vinculación entre nacionalismo y cultura, como condición de la independencia política.

“Hay que invertir las prioridades y el proceso del desarrollo; hoy toca poner como objetivo prioritario el desarrollo integral del hombre en un medio de vida digno, y a ese propósito hay que sujetar el crecimiento de las cosas.

“Se trata de obligar al proceso de crecimiento económico a que sirva de medio para hacer realidad los principios de libertad y dignidad en el hombre. El mero crecimiento económico que mide el avance material no sólo esconde la concentración entre unos pocos de ese avance, sino que no hace evidente las comunidades que destruye, los lazos de fraternidad que rompe y la pérdida que produce en el control del hombre sobre su entorno. El empiricista (sic) de hoy en el mundo, solo ve tasas de incremento o etapas de crecimiento donde existen desequilibrios económicos, miseria intensa y explotación, represión política y una agitación popular histórica.

“El empiricista (sic) habla de elevar la producción y no considera la destrucción de las pequeñas comunidades de productores y consumidores, exige productividad y no ve la pérdida del control del proceso productivo por parte del trabajador. Exhibe una complacencia moral, una pequeñez de comprensión y poca familiaridad con los movimientos reales de la gente. Desconoce las transformaciones en las relaciones sociales y en los modos culturales que el cambio económico produce. Y no comprende que la cultura es al mismo tiempo una consecuencia y un detonador de esos cambios.

“La cultura no es ámbito de élite. Se mueve entre las experiencias particulares de los participantes y las estructuras cambiantes de la sociedad, la forma de las relaciones entre varios grupos o clases y las ideas que forman el discurso político.

“Las ideas, juicios y valores de los participantes no son una mera aceptación de los valores del Estado o de los principales grupos en la sociedad, ni tampoco la simple negación de esos valores, sino que en su organización ideológica establecen un colectivismo moral consistente, una afirmación de su propia capacidad para alcanzar sus objetivos y el orgullo en el trabajo como contribución al bienestar general.

“El aumento del bienestar material debe servir para hacer realidad la libertad de conducir el cambio en un ambiente digno. Hay que reconocer que las revoluciones y las acciones colectivas no obedecen únicamente a la insatisfacción material. Esta es una visión limitada del cambio social, pues pareciera que la realización personal depende de alcanzar y obtener cosas.” Así, textual, para no errar.

Y treinta años más tarde, después de ser presidente de México (1988-1994) e insertarlo en el mundo globalizado, donde el leitmotiv del capital es el mercado, no el ser humano ni sus desgracias, Salinas de Gortari acuñó en Democracia Republicana, ni Estado ni mercado: una alternativa ciudadana (diciembre, 2010, 975 págs.) que para lograr un cambio en México las circunstancias demandan no sólo un golpe de timón, sino un proyecto de largo plazo, en el que el desgaste de los adversarios, que por agotamiento, será lo que trace el triunfo sobre ellos. Y la tesis central de la propuesta es la estrategia, sin estrategia no hay avance, no hay triunfo, no hay algo que se pueda rescatar.

Toda coincidencia con el desempeño de los candidatos presidenciales en las campañas electorales del presente año es apegada a la realidad. Al decir estrategia, es decir se vale de todo que lleve a desgastar al enemigo para vencerlo.

Y eso, precisamente eso es lo que veremos, más de los debates de los candidatos confirmados por la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), a realizarse el 20 de mayo, en Tijuana, Baja California, que será decisivo para definir al ganador, por las razones expuestas por Salinas, en líneas anteriores. La historia es un ciclo en el pensamiento y hacer de la humanidad.