Siempre hay otros — Otra breve histeria del tiempo

Por: Mariano ESPINOSA RAFFUL

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Cada cierto tiempo este país sufre de una transformación profunda desde sus raíces, que provocamos todos en menor o mayor medida, sin soluciones definitivas por supuesto, pero con la impresión de no guardarnos ningún secreto político a la vista del mundo.

En ello está inserta nuestra democracia, esa que traen algunos acompañando los domingos, y el folclor del discurso casi se convierte en hábito, más otros tantos fosilizados en las universidades públicas, cual parásitos que nada aportan a esta sociedad de consumo, son una carga pesada hoy, los nombran narcomenudistas coloquialmente.

A éstas alturas de la existencia, los políticos que compiten para ganar el poder presidencial en México, al menos tres de los seis que están aprobados por el INE en su inscripción, después del cierre formal de las inter-campañas, llevan en sus palabras, que son el reflejo de sus pensamientos y del número indeterminado de asesores que mueven los discursos entre la sobriedad y la altanería, una fuerte dosis de inconciencia.

Hasta la saciedad hemos mencionado los grandes rezagos de éste país, todos los hemos padecido, desde caminos rurales muy rudimentarios, donde es casi imposible sacar los productos de una buena cosecha, hasta el peaje en las carreteras, que es tema de seguridad que pasa por una insalubre discusión con criterios dispares.

Entre esos dos hay una lista casi interminable de pendientes, pero la lógica indica que hay que debatir, confrontar, discutir, arrebatar la idea y la palabra, medir fuerzas donde no hay locación, sopesar el escenario antes de la función final del primero de julio próximo.

Entramos a una etapa decisiva en el futuro del país, al menos para los próximos seis años, los cuales no tenemos comprados, ni siquiera rentados, y en el aparador escasean los sueños para hacerlos realidad ante tanta grotesca sintonía de decibeles de los políticos de banqueta.

Ahora tendremos a quien echarle la culpa si no gana ya saben quién, y se soltará a la jauría, que irrumpirá presurosa en las capitales afines a un rumbo sin cambio, donde volver al pasado no es romanticismo.

Ante los hombres más poderosos, los dueños del dinero con bancos en propiedad de extranjeros, se ha intentado asustar a la concurrencia con ocurrencias el mes pasado, y se tiene muy presente.

No hay disfraces ni medias tintas, todo es parte del mismo discurso subido de tonalidad, donde abundan los excesos que se cubren con salvedades, cual tiburones sin piel que alimente el miedo, solo la tertulia en el fingimiento de la voz a cuadro.

México está puesto en una encrucijada, y ni uno de los tres es el menos malo, ni la continuidad es lo mismo que permitir más corrupción sin penalidades.

No les interesa a los suspirantes los problemas de la gente en general, ni en lo particular, están inmersos en un mundo donde no se alcanzan a ver, y al llegar al poder la telaraña inmensa de lo mediático los atrapa seis años más.

El agua no es inagotable, el petróleo es no renovable, y los servicios más caros y menos eficientes, muestra de todos los botones posibles, del color del cristal que guste mirarlos.

Debatir para ganarse puntos en las tendencias, o para sumar proyectos a la indiferencia ante una sociedad distante, esquiva, pero sobre todo alborotada porque van a soltar a un tigre, qué remedio. Y hay excesos infumables en las redes sociales, que forman parte del folclor, en el dizque despliegue informativo, ésta vez en un supuesto debate de las otras ideas. Comentarios esmar1010@hotmail.com