Maguey se escribe con M de Mujer

Por: Lala Noguera / Impulso Sostenible Agavería, A.C. / Facebook: Impulso Agaveria / Twitter@lalanoguera / Instagram@lalanoguera

lala_abril_01“Grabé en la penca de un maguey tu nombre, unido al mío entrelazados, como una prueba ante la ley del monte, que ahí estuvimos enamorados…”

En las pencas del maguey se graban generalmente los nombres de las mujeres a las cuales se les rinde esa admiración por amor, pero sabes cuánto daño le hace a la planta estas heridas…

Así como las heridas en las personas duelen, ocurre una situación similar con el maguey, que además del dolor, le entran enfermedades por esos nombres plasmados en sus pencas que las dejan expuestas. En el caso del alma, entra una especie de enfermedad, que hoy es muy famosa y le denominamos  “depresión”, un mal que aqueja a la mayoría de los seres humanos y de la cual plasmaré la historia de mi enfermedad.

“…Te encontré un día en un pueblito lejano y un tanto árido de la mixteca poblana. Me dirigía a conocer los procesos que en el municipio de Tepeojuma se elaboran. Ahí también se produce Mixcalli o Mezcal. Parece mentira, pero en aquellos años que visité Puebla (2009) no se conocía a profundidad la hoy afamada DOM -Denominación de Origen Mezcal-, ahora en el 2018, ya se obtuvo.

En un país, que para donde quiera que se le mire, incluso en las grandes metrópolis como la noble e insigne Ciudad de México, entre el asfalto y la contaminación, esas plantas enormes que parecen pulpos de largos brazos, magueyes o agaves -agave significa en griego “admirable”-, es de admirarse la tenacidad de la planta endémica de América, hoy emblema de México.

La primera vez que leí la palabra agave fue en una botella de tequila, obviamente de Jalisco y tampoco sabía que cuatro estados de la república mexicana ostentan también la DOT (Denominación de Origen Tequila) y son: Guanajuato, Michoacán, Nayarit y Tamaulipas.

“…Decía yo que la primera vez que me perdí en tus ojos color miel fue en el palenque de Don Isaías, que por cierto no se encontraba dijo su esposa, una menudita mujer y que a sus escasos 38 años ya era madre de ocho y abuela de dos. “Mi esposo -dijo doña Dolores-, salió a traer madera para la tapada (horneada de agave)”, entonces sin decir más, me preguntaste si quería ir a conocer el pueblo, te respondí inmediatamente con un sí.

lala_abril_02“Caminamos hacia el pequeño centro, te dije mi nombre: “Me llamo Isabela, y tú eres… ¡Armando! contestaste rápidamente. Nos dimos la mano y así empezó una historia entre agaves, mezcales, paisajes, rostros, tradiciones, colores, sabores y muchos aromas.

“Nos dirigimos hacia la pequeña iglesia que está dedicada a la Virgen del Perpetuo Socorro, pintada de color azul y adornada por fuera con papeles de colores, y en su atrio se aprecian detalles muy elaborados con motivos religiosos, íbamos a entrar cuando de repente un sonido que salía desde el campanario de la iglesia, decía en náhuatl y luego en español:

“Hoy en la lonja de Don Marciano se venderá frijol a 20 pesos el kilo, se le pide al dueño de un burro que esta frente a la puerta de doña Sofía lo quiten, ya que se esta cagando en la puerta de su casa. Doña Josefina y su hijo Francisco fueron a dejarle la comida al padre Javier”.

“Recordé que la comunicación en las ciudades se hace a través de los periódicos y de los medios electrónicos, más en aquel pueblecito la tecnología aún no los alcanzaba del todo y se les veía felices, no ensimismados en un celular, caminaban despacio apreciando el cielo, mirando a su alrededor sin prisas y sin contar el tiempo, solamente disfrutándolo a su ritmo del caminar, como si las horas se disfrutaran, como si el color de las flores los hipnotizara y sin el precio de la modernidad que hoy nos aleja, eso sí, en todo momento siempre sonriente los miré.

“Ingresamos al interior de la iglesia, se notaba el amor de sus feligreses; azul el techo como el cielo, imágenes de santos adornaban los cuadros, el recinto lleno de flores, pero lo que más llamó mi atención fue una frase en uno de los nichos dedicados a los santos o vírgenes, que decía:

“La voluntad no debe ser menguada por ningún hombre, así como el amor más profundo debe ser a Dios”. Fue escrito por Juana de Asbaje, mejor conocida como Sor Juana Inés de la Cruz, quién es recordada en la iglesia de Tepeojuma.

“El olor a flores y a inciensos me hacen recordarte, incluso, ante la imagen de San Martín Caballero, pues te miré lentamente mientras caminaba hacia el pulpito, y de verdad que no pude contener pensamientos carnales en la misma casa de Dios, pero también recordé que Dios dice que el amor es limpio y no creo que aplicara eso de: “La virginidad consagrada a Dios es mejor que la fecundidad carnal”.

“No pude y he de jurar, pensar en cómo sería tu cuerpo desnudo, imaginé el tamaño de tu sexo igual que el de una penca de maguey: fuerte, duro, jugoso, y cuando al cerrar los ojos parecía que oraba frente a la imagen de esa virgen del Socorro, era más pensar en pecado que en otra cosa.

“Salimos de la iglesia y ya nos esperaba Erick quien nos condujo hasta la casa de Don Venancio, un diminuto anciano de estatura pero de una sobrada altura del alma, él, ya con casi 90 años, nos contó de aquellos tiempos donde el Mixcalli era producido en la clandestinidad y con enorme gusto se degustaba en las fiestas patronales y celebraciones especiales”.”

La tierra es sabia y conoce de sus entrañas lo que en ella se produce para goce el hombre y solicitud de las mujeres…

Continuará…