“Más cornás da el hambre”: El Espartero

Por: Rodrigo Cervantes

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Manuel García Cuesta, El Espartero, tenía solo 29 años cuando en Madrid lo mató “Perdigón”, un toro de Miura. Nació en Sevilla el 18 de enero de 1865. Su toreo destacó por la quietud de sus pies y la proximidad que le permitía al toro.  Fue hijo de artesanos, sin embargo, su fascinación por la fiesta brava fue mayor, y a los 16 años hizo su presentación en el coso sevillano, con la suerte de su lado, ya que el propio Antonio Miura, el ganadero, se convirtió en su mayor protector, y esto permitió un rápido ascenso en su carrera.

Cabe señalar que en dos meses como novillero estoqueó 31 novillos, y fue así que Antonio Carmona El Gordito le dio la alternativa el 13 de septiembre de 1885, el cual le cedió el toro “Carbonero” de Saltillo. “Toreó después de una novillada en Zalamea la Real y ante la confusión El Gordito vuelve a darle la alternativa en Sevilla el 11 de octubre”. Vino la confirmación el 14 de octubre de 1885 y la confirma Fernando El Gallo, con el toro Pichón de la ganadería de Núñez de Prado.

La afición fue implacable con El Espartero, pues le encontró muchos defectos, si no es que todos. Cuando me refiero a defectos, hablo de defectos técnicos, artísticos y hasta lo señalaron de torpe, por no saber reconocer las condiciones de los toros y hasta de no acoplarse a estas. Esa tarde de la confirmación, el público destacó que fueron exagerados los elogios sevillanos hacia el joven Manuel… Peña y Goñi fue duro en su redacción: “Simplemente un niño de 19 años, desprovisto de facultades físicas y dotado del desatinado valor que presta una ignorancia absoluta del peligro, y un desconocimiento total de las reglas más elementales del toreo. Ni más ni menos”… Tal vez estos eran muchos defectos, más rebasó su “valor desmedido”, los “alardes temerarios” y eso, justo eso, fue lo que conquistó al público.

Para el año siguiente, es decir, para 1886, en Barcelona, cautivó a la afición, en la que obtuvo un triunfo clamoroso, y mutiló a sus tres toros, a cambio, recibió 15 cornadas, la más grande se la dio el astado “Segura” en el Puerto de Santa María.

En 1887 toreó en Real Maestranza de Caballería en la Ronda, también con triunfo total, más al regresar a Madrid la suerte ya no le acompañó. Para la temporada de 1888, se presenta el 15 de abril el pique con Rafael Guerra Guerrita en Sevilla, con el que compartió arena en cuatro ocasiones. Los madrileños fueron despiadados porque no convencía…  Para 1891, considerada la temporada más importante del El Espartero, realizó su mejor faena en Madrid el 7 de julio bajo un diluvio a un toro de Agustín Solís, tarde en la que alternó con Mazzantini.

Fue en la Maestranza de Sevilla un 23 de octubre de 1892 en la que un toro del Duque de Veragua <lo coge por el pecho que empieza a sangrar. El torero se niega a ir a la enfermería a pesar de los ruegos de Guerrita su alternante. El presidente, marqués de Esquivel ordena a los guardias que lo lleven a la fuerza a la enfermería>.

Obvio, por permitir esa cercanía de los bureles a su cuerpo, éste estaba lleno de cicatrices, y según comparten sus biógrafos, fueron más de 30 cornadas las cornadas que recibió. Esto no pasaba desapercibido, se dice que un amigo de él le preguntó cierto día: “¿por qué sigues toreando?, si casi siempre resultas cogido. A lo que él respondió: “Más cornás da el hambre”.

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Retomaré un texto del www.diariocordoba.com sobre esta misma fecha, redactado por José Luis de Córdoba el 17 de febrero de 2004. “Epílogo cordobés. Precisamente de Córdoba partió Manuel García El Espartero rumbo a la muerte. Verán. Con motivo de la Feria de Nuestra Señora de la Salud de 1894 se habían organizado dos corridas de toros, ambas con el mismo cartel de toreros: Luis Mazantini, Espartero y Guerrita. Al terminar la segunda corrida, la del día 26, El Espartero, que parecía presagiar la tragedia, mantuvo una conversación con el empresario madrileño Bartolomé Muñoz en la que pronunció estas palabras: “Quisiera que rompiésemos el contrato y, en vez de torear mañana en Madrid, irme esta noche a mi casa de Sevilla”. El empresario le respondió: “Me pones en tal caso en un verdadero compromiso, pues tengo que cumplir con el cartel del abono. Y Zocato y Fuentes, con otro torero que no seas tú o Guerrita, me acarrean un trastorno”. Volvió a insistir el torero de la Alfalfa: “¡Pues le doy diez mis reales, con tal que rompamos el contrato…!” Pero no llegaron a un acuerdo. Además, El Espartero encontró otro nuevo obstáculo para trasladarse a Madrid. El tren expreso que debía tomar estaba completo. Al fin, se hicieron las pertinentes gestiones y se le pudo añadir un vagón más. Y así Manuel García emprendió viaje. Su último viaje.

El día trágico fue el 27 de mayo de 1894, cuando alternó con Carlos Borrego Zocato y Antonio Fuentes en Madrid.  El Espartero encabezó la corrida de esa tarde, apareció Perdigón, un “colorao ojo de perdiz, con cuajo y astifino”, de la ganadería de Miura. Sobre esa tarde los críticos escribieron lo siguiente: “El primer toro de la tarde, Perdigón, de Miura, le prendió una primera cornada en el muslo al entrar a matar y una segunda, mortal, empitonándole por el vientre…”, “El toro le había cogido de mala manera en el primer intento de estocada, en el segundo volapié la cornada fue mortal”, “De aquí que Guerrita pronunciara aquella célebre frase al referirse al torero de la Alfalfa: “¡Lástima de chaval, con tanto dinero como había podido ganar con los toros! Pero se arrimaba demasiado y no se pué jugar asín con los miuras”, una más describía lo visto esa tarde “Perdigón, de la ilustre y fatídica divisa de Miura, le coge dos veces al entrar a matar, después de una faena impregnada de valor y torería, pudiéndole al burel que se colaba de fea manera por ese pitón derecho, la salida natural cuando se ejecuta la suerte suprema. En el primer viaje salió bien librado, sólo la maroma. En el siguiente fue prendido por el vientre”. Y con su muerte, paralizó a Madrid y a Sevilla.