Eduardo Vega López, director de la Facultad de Economía de la UNAM — Rompiendo falacias neoliberales

Por: Patricio Cortes

politico_abril_01Más allá de los discursos políticos, hoy en efervescencia electoral, queda claro que la economía mexicana no funciona del todo, las denominadas reformas estructurales no han tenido el efecto que sus impulsores prometieron. De ello charlamos con Eduardo Vega López, destacado economista mexicano.

Con más de dos décadas de investigador en diversas instituciones, es el actual Director de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México y preside el Consejo Económico y Social de la Ciudad de México, y derrumba más de una falacia durante la entrevista.

“Hay dos reformas que han ido a la ruta inadecuada: la primera es la laboral y la segunda es la denominada energética. La laboral porque se ha flexibilizado el mercado de trabajo, eso quiere decir que se ha hecho más precario el conjunto de empleos que se ofrecen, desfavoreciendo los procesos de contratación colectiva, y priorizado, por lo tanto, los contratos individuales a destajo en lugar de jornadas laborales completas legalmente establecidas, con las prestaciones sociales correspondientes”, expone el doctor Eduardo Vega.

“En la parte energética es una reforma más petrolera que energética, porque lo que está haciendo es pasar de un monopolio estatal, del petróleo y el gas, a un oligopolio privado transnacionalizado de las mismas fuentes primarias de energía basadas en la energía fósil. Entonces debiéramos más bien estar transitando a regímenes de energía eólica, solar, geotérmica, metano-eléctrica y es lo que no está ocurriendo”, añade.

Sobre el modelo económico-cultural, donde se promueve buscar vivir como estadounidenses con un consumismo desmedido, advierte: “Económicamente no es rentable, ecológicamente es muy dañino, socialmente nos distorsionaría aún más. Quien proponga el american way of life como solución, no hay que hacerle caso”.

Sobre la sustentabilidad del modelo sostiene: “No es sustentable, estamos contaminando el aire que respiramos, el agua que tomamos, los bosques los estamos perdiendo, el 90% de las lagunas costeras del país están contaminadas por agroquímicos, etcétera. Tenemos procesos de degradación ecológica y contaminación ambiental documentados y no sólo lo decimos en la UNAM, el INEGI publica información muy valiosa sobre el denominado PIB (Producto Interno Bruto) ecológico o ambientalmente ajustado, señala que estamos perdiendo desde el año 2000 para acá, entre 5% y 7% del PIB de cada año en términos ambientales, esto es menos agua, menos bosque y degradación ecológica”.

politico_abril_02Al cuestionarlo sobre el camino a seguir destaca: “Primero resolver un problema obvio, inocultable, de muy bajos ingresos de las familias, un énfasis en aumentar salarios. Si hay más capacidad de compras, el mercado interno se pondría dinámico, hoy está pasmado. Entonces, si se reactiva y se dinamiza, los pueblos, las localidades, las regiones rurales van a tener más mercado, más capacidad de venta y las familias más capacidad de compra y empezaría a verse que no por magia estaremos menos pobres que antes y si persiste esa política dejamos de ser pobres muchos. Ojo, tampoco es que no vaya a haber pobres, por desgracia, estructuralmente tenemos problemas muy serios, pero hay que empezar”.

Le comento que los salarios no se pueden subir sólo por decreto y expone: “Lo primero es una concertación política para explicar las razones de la conveniencia del incremento salarial; del aumento de la oferta de empleo productivo, y de otorgar opciones de crédito a comunidades, pueblos organizados y empresarios pequeños y medianos. Una concertación política quiere decir sentarse a la mesa, señoras y señores de carne y hueso, de quienes vayan a gobernar con los empresarios más poderosos del país, los que no quieren el cambio, para explicarles por qué a ellos mismos les conviene ese cambio; porque de otra manera, vamos a seguir acumulando hartazgo, rencor, conflictos y vamos a tener inestabilidad política”.

Refuta la idea de que si se subiesen los salarios, la inflación se desbocaría: “Sí hay márgenes, por supuesto que no podemos decir que si se cuadruplica o se triplica el salario no tuviera un efecto inflacionario, sí lo tendría, claro está; pero si discutimos márgenes que gradualmente se vayan incrementando hasta que se cubra la capacidad inmediata del salario para comprar una canasta básica alimentaria para cuatro personas, eso estaría muy bien porque entonces ya estamos en un nuevo piso. A partir de ahí, si se generan políticas de desarrollo rural regional, de crédito para proyectos productivos, de atención a gente hoy excluida; bueno, entonces se van creando condiciones distintas a las actuales para que haya otro margen adicional de incremento posterior a los sueldos y salarios sin impactos inflacionarios graves”.

Reconoce que los economistas no siempre se ponen de acuerdo: “Evidentemente hay diferentes aproximaciones conceptuales, teóricas disciplinarias que nos hacen pensar un mismo proceso, un mismo problema, de manera distinta. Entonces, si nuestro diagnóstico es diferente, nuestra recomendación lo va a ser también. Para hacer una analogía, si fuéramos médicos y tuviéramos diferentes diagnósticos sobre un mismo padecimiento, nuestras recomendaciones de terapia serían distintas. Estamos conscientes de que los economistas no tenemos un discurso homogéneo y son convicciones de cada quien”.

Tras la analogía de la economía y la medicina, le comento que si hay dos diagnósticos diferentes del mismo padecimiento, un médico puede estar matando al paciente, ante lo que comenta: “Bueno, por desgracia lo estamos asfixiando desde el punto de vista social, 53 millones de mexicanos pobres no es poca cosa”.

Propone: “Políticas económicas institucionalizadas, basadas en dos fundamentos: uno, en nuevas prioridades nacionales que sí pongan el acento en el bienestar social duradero y, dos, en derechos establecidos y vigentes en nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, si no cumplimos la constitución estamos en una falta grave y lo estamos haciendo. Tienes setecientos y pico de reformas, pero la que está vigente todavía tiene derechos importantísimos que no cubrimos”.

Aclara: “No es un regreso irreflexivo a lo que existía en los ochenta, no estamos pensando en un regreso al pasado, pensamos explícitamente en incorporar criterios ambientales, ecológicos regionales territoriales para definir cualquier política económica. Pongo un ejemplo, en los setentas teníamos una Comisión Nacional de Desmontes, especializada para remover y tirar bosque, porque se creía que lo principal era cultivar la tierra para producir alimentos. ¡Esa política no la quiere nadie hoy! No es regresar al pasado, hoy tenemos para fortuna nuestra una Comisión Nacional Forestal y una Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad,  tenemos que mantenerlas, reforzarlas. Es hacer política con los desafíos del Siglo XXI y uno de los más importantes es la miseria de los mexicanos, eso debería ser éticamente imposible de aceptar”.

Si bien, hay diversidad de pensamiento, es muy distinto el análisis que se hace en la máxima casa de estudios, que de ciertas universidades privadas de donde están saliendo los actuales políticos. El director de la Facultad de Economía glosa: “Hay una raíz histórica que lo explica, quienes nos formamos como economistas en la UNAM y quienes seguimos formando a los economistas tenemos una convicción de que debemos ser teóricamente solventes, técnicamente capaces, pero socialmente comprometidos con nuestro entorno inmediato. Creo que a otros economistas les falta ese compromiso social y este inicia por reconocer las deficiencias, los problemas, que si a mí me va bien no quiere decir necesariamente que a todos les esté yendo bien. La pobreza se ve, se percibe, y como economistas la estudiamos, porque hay estadísticas de ello, sabemos que hay millones de mexicanos en situaciones sumamente precarias que no tienen capacidad para atenderse padecimientos y enfermedades, ni acceso fácil a educación y cultura, éticamente tendríamos que comprometernos con esa sociedad a donde pertenecemos”.

Nuestro entrevistado difiere con aquellos que centran el desarrollo nacional sólo en el Producto Interno Bruto: “El crecimiento del PIB, yo sigo creyendo que es necesario, incluso imprescindible; pero no soluciona todo, porque depende mucho como se esté distribuyendo el ingreso”.

Entonces, le comento que no a todos les conviene la distribución del ingreso, porque eso implica quitarle a unos que tienen mucho para darle a otros que tienen muy poco, sonríe y opina: “No tendríamos que quitárselo a todos, incluso aunque es cierto, en términos de comunicación pública es mejor sustituir el verbo de quitarle a alguien por el de redistribuir mejor la riqueza y los ingresos, que no se concentren de manera desmedida y antiética en una o en diez personas en un país de 123 millones”.

Para concluir, le pido su opinión del salario mínimo en México y moviendo la cabeza responde: “Insuficiente, para decirlo educadamente”.