Alejandro Solalinde, fe y migrantes

Por: Patricio Cortés

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El tema de los derechos humanos en México es escabroso, por un lado está la queja constante de los abusos que sufren los mexicanos indocumentados en el vecino país del norte y por el otro los atropellos de que son víctimas los centroamericanos en el nuestro, en esa coyuntura, Alejandro Solalinde se ha convertido en una especie de faro para estos últimos.

Férreo defensor de los derechos humanos, charla con Personae durante la Feria del Libro del Palacio de Minería, con frecuencia la entrevista se ve interrumpida por personas que desean saludarlo, es toda una celebridad, siempre amable por cierto.

De entrada, nos da su diagnóstico de los derechos humanos en México de cara a las próximas elecciones: “Cada vez en la sociedad civil, en la gente, está más claro que tenemos que seguir la ruta de los derechos humanos; el gobierno, desgraciadamente, las instituciones no van en ese mismo sentido. Hay una simulación se tienen buenas leyes, en el discurso se apegan a los derechos humanos, pero en la práctica hay una crisis muy grande de derechos humanos y la misma comunidad internacional, cada vez, en cada momento, en cada año, se ha percatado de esto. De las últimas veces tenemos una llamada de atención del comité de la ONU, de trabajadores internacionales en Ginebra Suiza el 13 de septiembre del año pasado, cuando nos dicen que México tiene muy buenas leyes y muy buena perspectiva de derechos humanos, pero que no las cumple”.

“No solamente hablamos en México de delincuencia, hablamos del crimen organizado y el crimen autorizado. Hay que hablar claramente, el gobierno, el Estado mexicano, está muy, muy lejos, de respetar los derechos humanos, por eso es necesario que haya un nuevo pacto nacional, un nuevo acuerdo donde sí respetemos los derechos humanos todos”.

Plantea: “A mí me gusta mucho lo que está proponiendo López Obrador, nada más es que yo no le llamaría Constitución moral, yo le llamaría Movimiento ético nacional. Necesitamos un acuerdo ético nacional donde no hablemos de teoría de haber cuál religión propone mejores postulados o principios, sino con qué contamos, hacer como un inventario real de lo que hay en el pueblo, ¿Qué valores tenemos todos y cada uno? Y entonces si estamos dispuestos a juntarlo y estamos dispuestos a tener como un acuerdo común, como un compromiso de todas y todos, esto tiene un alcance increíble porque la metodología es sumamente inductiva, pero realista porque les vamos a preguntar hasta los que pensamos… yo lo haría con mucho gusto, le vamos a preguntar a los carteles, cuáles son los valores que ustedes respetarían en un acuerdo nacional y entonces hacer una especie de inventario y todo eso reflejarlo nuevamente a la gente para ver si de veras estaría dispuesta a respetarlo. Si eso fuera, creo que sería una buena base para un país diferente”.

Le preguntamos quién daña más a los migrantes: el crimen organizado o los abusos de ciertas autoridades, afirma: “Es todo, porque el crimen organizado le pega duro a los migrantes porque los convierten en cosas, pero también el crimen autorizado porque no hay raya entre crimen organizado y el gobierno, no hay. Todas las instituciones de nuestra patria están realmente infiltradas, esa es la cuestión. Entonces, yo creo que a los migrantes Dios los va a cuidar, sé que como grupo van a llegar, pero como personas muchos y muchas están quedándose en camino desgraciadamente”.

Preguntó en qué momento se descompuso la paz social en nuestro país y afirma: “Yo creo que en las últimas décadas se empezó a descomponer muchísimo. Tengo claro que desde 83 para acá, porque es cuando México entra en este nefasto modelo económico terrible, neoliberal, que nos ha partido el alma, que nos ha dividido, que nos ha empobrecido, que nos ha hecho una sociedad tan desigual. Pero, sobre todo, un gobierno que ya no le importa abajo, su gente, sino que está agarrado de arriba del poder de Estados Unidos, de las armas. Yo lo veo ahora claramente con Trump, lo veo así, nos llevó, sobre todo, desde los gobiernos panistas y lo peor que nos hundió fue Peña Nieto”.

El nombre de Trumpnos remite a un incremento de la intolerancia hacia los migrantes; no obstante, nuestro entrevistado aclara: “A mi Donald Trump no me preocupa tanto, me preocupa el trumpismo, el supremasismo blanco, el sistema capitalista, todas las familias oligárquicas que tenemos en México, esas personas que están contentísimas porque a ellos sí les está yendo bien a costa de tener sesenta millones de sus hermanos en la miseria. Me preocupan esas familias inconscientes, voraces, que pueden parecer decentes y católicas, pero en realidad no tienen escrúpulos porque no les importan en nada la mayor parte de sus hermanos en México”.

Siendo Solalinde un religioso, surge el cuestionamiento si, desde su punto de vista, se le puede llamar católico a quien explota de sobremanera a sus semejantes, sin dudarlo responde: “No, claro que no, en general nadie que abuse del ser humano… Podemos estar hablando de personas religiosas pero ateas prácticas, porque pueden rezar mucho, decir que son amigas del obispo, del cardenal, de los padrecitos, pero en realidad no están escuchando a Jesús, no están obedeciendo su propuesta del reino de Dios. Para ser amigo de Jesús, hay que creer, oírlo, ser discípulo, misionero, practicar y aplicar lo que nos ha enseñado”.

“Valdría la pena, conocer la verdad sobre esto y a mí me encantaría que pudiera hacerse una encuesta para saber exactamente de ese 82, 83% (de mexicanos que se dicen católicos) cuantos realmente leen la palabra de Dios, cuántos leen diariamente a Jesús, cuántos de los católicos pueden realmente decir que son discípulos de Jesús, cuántos conocen de verdad lo que es el reino de Dios, todo eso quisiera yo saber, y cuántos están dispuestos a seguir a Jesús y proseguir su causa”, añade.

Alejandro Solalinde es una de las voces más respetadas en cuanto a derechos humanos en México, con frecuencia es un tema político; no obstante es un clérigo y en México, por razones históricas y legales, se suele acotar la relación iglesia política, por lo que pregunto si le han llamado la atención de la Secretaria de Gobernación y sereno responde: “A otros compañeros míos sí, conmigo no se les ha ocurrido; pero si me preguntan yo les voy a decir, ‘la religión y la política ya están juntas porque ahí están los políticos que dicen que son católicos’. Lo que no se ha juntado es la fe con la política, porque la fe es escuchar a Dios y obedecerlo en la justicia y en el reino de Dios, eso no sucede porque tenemos políticos muy católicos, pero ateos prácticos que no conocen la palabra de Dios, no la viven, no viven el reino de Dios y no obedecen a Jesús”.

Su labor va más allá del discurso, pues fundó y dirige dos albergues para migrantes, ante la pregunta ¿cuál ha sido el principal reto para sostenerlos? Sonriente responde: “Mantenerlos para nosotros no ha sido difícil, tenemos un papá muy responsable que es Dios que nunca nos deja sin comer, de lo material no me quejo. Jesús dijo busquen primero el reino de Dios, su justicia, todo los demás se les dará por añadidura, yo tengo por cierto que nos ha dado esas añadiduras de sobra”. Las experiencias de este clérigo están contenidas en su libro Solalinde: Los migrantes del sur, (Libros Lince).

Incluso, aunque reconoce que gran parte de la migración es forzada y conoce de sobra los problemas que sufren los migrantes, afirma: “Es una buena noticia esperanzadora porque más allá de lo que nosotros veamos de esas violaciones sistemáticas a los derechos humanos, ese desprecio al ser humano, hablan de un futuro mejor, porque los migrantes son jóvenes, traen valores. Es la antítesis de estos antivalores que nos presenta a veces el capitalismo, ser individualistas, privatizar todo. Para los migrantes el sentido comunitario te lleva a cómo compartir algo sin necesidad de ser dueño, creen que el dueño es Dios. Esos valores son lecciones de vida”.

Aunque nuestro entrevistado ha sido testigo de grandes tragedias humanas, regularmente se le ve con una sonrisa en el rostro, nos explica: “Soy una persona muy alegre, a pesar de que veo tantas cosas y me duelen como no se imaginan, me duelen, me pegan dentro, a veces lo que puedo hacer es retirarme yo solo, oír un poco de música, platicar con Dios y empezar a pensar muchas cosas. Estos ojitos chiquitos ven muchas cosas, veo que estamos en manos de Dios y digo ‘este día de hoy no va a ser el final de la humanidad’. Estamos en proceso, estamos en camino y la última palabra la tiene Dios y esa palabra es una humanidad mejor, que nos reconozcamos como hermanos que el mundo lo compartamos que nos cuidamos unos a otros que no haya tantas fronteras y que no excluyamos a nadie”.

Aunque ha recibo múltiples amenazas, nos asegura que vive tranquilo: “Ya me acostumbre a las amenazas, pienso que no vale la pena vivir paranoico, porque no es vida. Yo doy la espalda y confió en la gente y seguiré confiando hasta el último momento, no me cuido de las traiciones, no me cuido de nada, vivo. Tengo cierto que mi vida está en manos de Dios, y voy hacer hasta el último momento lo que yo pueda. Para mí la vida es divertida porque de verdad yo lo veo de otra manera, desde la mirada de Dios y estamos aprendiendo, no hay malos hay ciegos, cada día aprendemos. Disfruto la diversidad, me gusta mucho, ve las personas que van pasando, estamos coincidiendo en nuestra vida; jamás, si nos hubiéramos puesto de acuerdo, coincidiríamos, son únicos en la vida en el mundo y en la historia, eso para mí es maravilloso”.

“La gente debe tener esperanza, no merecemos vivir con miedo, vale la pena disfrutar hasta el último momento de nuestra vida, de pasadita se pueden disfrutar muchas cosas, sin necesidad de quedarse. Es lo que nos enseñan las personas migrantes”, concluye.