LAS HERMANAS REGO

Por: María Teresa Rodríguez Almazán

¿Cómo describirlas?… Cuando las conocí ya eran bastante mayores, pero según decían, en su juventud las tres tenían una belleza apabullante. Contaban que nacieron en una familia de la burguesía situada un peldaño por debajo de la nobleza y que formaba parte de las élites madrileñas.

María, la mayor, una mujerona muy alta, poseía un cuerpo que parecía haber sido creado por el pincel de Rubens. La basta belleza estaba dominada por el azul de sus grandes ojos sombreados por largas pestañas, que contrastaban con la negrura del cabello. Sin proponérselo, ejercía una especie de encantamiento en quien la contemplara.

Adela, la hermana de en medio, era morena, de estatura mediana, tenía ojos negros y cabello castaño claro. Era espigada y sus rasgos más llamativos eran las gruesas cejas obscuras, el breve talle que hacía que las caderas parecieran más anchas de lo que en realidad eran y unos labios rojos y carnosos.  Su belleza era exótica

Pura, la más pequeña, era perfecta, poseedora de una belleza etérea. Tenía ojos verdes y una cabellera rubia que le llegaba hasta los tobillos. Era tan delgada que al caminar, flotaba. Padecía de sus facultades mentales. Su comportamiento, a veces, era como el de una niña muy pequeña.

A mis diez años no se me ocurrió preguntarles por qué habían emigrado de su país y tampoco por qué vivían en  la casa de la calle Licenciado Verdad, pero me gustaba mucho escuchar su acento.

Una vez, en la plaza, cuando fui por nieve, escuché decir a unas señoras que una de las gachupinas, la que se llamaba Adela, estaba “enredada” con mi tío abuelo Crisóforo. Que por eso vivían “gratis” y como reinas en el palacete de mi bisabuelo.

Cuando era adolescente y las hermanas Rego hacía tiempo que habían desaparecido, mi mamá me contó sus historias. María había estado comprometida para casarse con un noble de apellido De Toledo y Haro, a quien apodaban “El Nene”, tal vez como burla por su voluminoso cuerpo, según se veía en las fotos que María le enseñó a mi mamá, él fue fundador del Real Yacht Club de Barcelona, que era un edificio flotante fondeado en el Portal de la Pau. Practicaba el remo y tenía fama de ser déspota y prepotente, actitudes que le habían acarreado enemistades entre los miembros del club. Nunca se supo a ciencia cierta qué aconteció, pero un día su cuerpo fue encontrado flotando con un lazo en el cuello, mismo que lo mantenía unido a una de las pilastras del muelle. María, desolada juró que permanecería soltera, fiel al recuerdo de su amado, ya que no se podría casar con nadie más, pues había permitido que el Nene la desflorara como prueba de amor. Me imagino que por ese motivo enloqueció, pues solía dormir sobre una mesa recubierta de láminas de aluminio, se ponía una especie de pantalón y un casco del mismo metal. Éste tenía en la parte exterior varios alambres enroscados que parecían antenas, pues según ella, el Nene venía por las noches a violarla, pero como había fallecido, no era correcto. Me daba miedo, además no me gustaba que oliera a ajo. No recuerdo si estaba pelona o tenía cabello, pues siempre traía amarrado en la cabeza un pañuelo negro al estilo de Morelos. Parecía muda. Cuando se dirigía a alguien, lo hacía por escrito, con unas letras enormes y temblorosas.

Adela era más agradable aunque también olía muy feo, como a cebo rancio. Yo creo que nunca se bañaba ninguna de las tres… ¡y con los calores norteños!  Ella había estado casada con un militar muy violento, que murió en Madrid durante los sucesos conocidos como Semana Trágica, en 1903, aunque ellos ya estaban separados y tampoco tuvieron hijos. Parece ser que fue precisamente esa separación lo que las llevó a emigrar a México. Aunque Adela lo amaba con locura, prefirió huir en vez de soportar golpes, humillaciones e infidelidades. Se decía que una vez lo encontró violando a Pura, que parecía no darse cuenta  de nada. Para ese entonces, sus padres ya habían muerto y fue su primo Andrés quien las ayudó a escapar. Su primer destino fue Cuba. Luego emigraron hacia Veracruz, pero el clima insalubre minó considerablemente la precaria salud de Pura y por ello decidieron venir a radicar al estado de Chihuahua.

Purita, como la llamaban, nació a los seis meses. Atribuían  su estado mental al nacimiento prematuro. Tenía una voz muy entonada. Todo el día cantaba arias de ópera. Decía que los ángeles le habían enseñado y que uno de ellos, que estaba atrapado en un frasquito color ámbar que siempre traía consigo, la visitaba por las noches para hacerle el amor, pero en realidad Purita tenía la costumbre de masturbarse. Tal vez sentía la necesidad de hacerlo al recordar las múltiples ocasiones en que Rodolfo, el esposo de Adela había abusado de ella. Siempre vestía batones largos color blanco; cuando llegaba el lechero, el carnicero o el muchacho que les hacía los mandados, los llevaban al baño que estaba al fondo del jardín, se desnudaba y les pedía que la poseyeran. Pienso que tenía el instinto sexual muy desarrollado. ¡Tal vez era el único! A veces le daban ataques y gemía como animal, llamando a gritos a Rodolfo, se rasguñaba la cara y se jalaba el cabello, arrancándose mechones que luego usaba María para bordar iniciales en los pañuelos que hacía para vender. A mí me tocó verla en una ocasión y salí huyendo de la casa.

Una noche, se escucharon gritos de auxilio pidiendo a los bomberos. Cuando éstos llegaron la casona estaba en llamas.  En los escombros no se encontraron los cadáveres de las hermanas Rego.

Así como llegaron, desaparecieron misteriosamente. Nadie las vio partir ni se volvió a saber nada de ellas.