Y se seguirá escribiendo con M de Maguey

Por: Lala Noguera / Impulso Sostenible Agavería, A.C.

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La tierra bendita, justo hace un mes se celebró el Día internacional de la Tierra en un marco poco desesperado por poder salvar nuestro hábitat, nuestra casa, la tierra que nos aloja y nos sostiene.

Esa tierra que en la edición pasada nos quedamos en que es sabia y conoce sus entrañas como conoce sus querencias que se van desarrollando en esta pequeña guía por el México del Agave.

Llegamos entonces a la casa de don Benancio, un anciano que nos contó de su vida, de su lucha y de sus tristezas que fueron muchas al haber perdido a sus dos esposas y 8 hijos, él sobrevivió muy a su pesar a esta vida que lo dejó solo y abandonado en su propia casa, una casa grande que conserva las risas de su familia que alguna vez iluminaron sus paredes.

Nos hizo pasar hasta su recámara donde tenía un gran altar acomodado en una mesa de madera y en ella tenía todos los santos posibles y vírgenes en cuadros, muchas veladoras y pocas flores secas. Se sentó en la orilla de su pequeña cama llena moronas de pan, bolsas de plástico que nadie había podido recoger ya que a Don Benancio le cuesta trabajo caminar y agacharse.

Le pregunté al señor que dónde estaba su escoba para ayudarle a limpiar un poco. Respondió: Afuera junto a la pileta están las escobas de mis mujeres. Agarre una… Salí a ese patio enorme y miré detenidamente todo alrededor y pude darme cuenta que esta era una casa de un maestro mezcalero, ya que por todas partes se veían utensilios propios de ese gran oficio, me pregunté cómo nadie había continuado con su legado pero recordé que todos sus hijos estaban muertos.

lala_mayo_02Regresé a aquella habitación y comencé a barrer, salía muchísimo polvo, me imagino que sería polvo de muchos años, décadas, creo que hasta el polvo tenía su historia. Sacaba y sacaba polvo y basura acumulada, pero mi terror apareció cuando dos alacranes se subieron a la escoba que metí debajo de la cama del señor. Don Benancio dijo: tranquila, no hacen nada, ya me acostumbre a su compañía.

Así pasé el medio día en casa de Don Benancio, él comentaba sus andanzas y sabiduría pura del oficio de ser maestro mezcalero; desde la edad de 8 años aprendió de su padre quien a su vez aprendió del suyo en una cadena de saberes y habilidades interminable que acabó con la muerte de sus hijos, la esperanza quedaba en el único hijo vivo que está en Estados Unidos sin querer regresar.

Triste estaba el señor recordando que la mejor vida que tuvo fue entre magueyes, entre esos papalome, espadines y espadillas, y aquel horno tan grande como su corazón que calentaba su tierra y su cuerpo de la machacada de las piñas que requería de muchísima fuerza y precisión, de la fermentación que es al oído un canto de burbujas tronando en la tina de madera, y la destilación que era el resultado de la espera de años de maduración de la planta bendita de la tierra mexicana, así fue como poco a me fui enamorando de este trabajo, de esta manera de ver la vida, me enamore de ti Maguey bendito.

Estas historias recopiladas como la de Puebla, me llevaron a conocer otras tantas llenas de ilusiones de estados como Guerrero donde la tradición es fuerte y se utiliza el agave cupreata igual que en Michoacán o el de Puebla; en San Luis Potosí las grandes haciendas mezcaleras eran famosas al igual que las de Guanajuato donde apareció la primera marca formal de mezcal, así como las de Zacatecas, Tamaulipas y Oaxaca, cuna de los agaves por sus preciosos microclimas, sin embargo, hoy en día más estados esperan que la denominación de origen los abrace, ya que siguen excluidos y en muchos casos hasta señalados.

Cabe destacar que hoy día la mujer está haciendo la diferencia, con cuya visión seguro escribirá nuevas historias, justas y equilibradas, encontrando que la letra M sirve tanto para escribir mujer como maguey.