Las elecciones el opio de los pueblos: Mauricio Merino

Por: Patricio Cortés

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Vivimos un proceso electoral sumamente complejo en más de un sentido, para ayudarnos a entender, entrevistamos al doctor Mauricio Merino quien cuenta con importantes cartas académicas como especialista en ciencia política, y quien fuera uno de los protagonistas de la transición del año 2000, pues formó parte del primer Instituto Federal Electoral ciudadano.

De entrada nos comenta: “Yo he dicho, un poco en broma, un poco en serio, que si Marx volviera a nacer, y naciera en México, diría que no es la religión sino el proceso electoral el opio de los pueblos. Estamos como drogados”.

–Sin embargo, se percibe un hartazgo en la sociedad

–Sí, la gente efectivamente está desencantada de la democracia por todos los abusos que se han cometido, pero al mismo tiempo el proceso electoral sigue concitando el mayor interés de la política mexicana, en particular del proceso electoral que tiene que ver con la Presidencia de la República. Estamos concentrados en un puesto cuando en realidad se están debatiendo miles de puestos.

–De hecho, se sabe que sin un importante número de legisladores a su favor, poco podrá hacer el nuevo presidente.

–Efectivamente, el sistema político mexicano cambió a finales del siglo XX-principios del XXI, de tal manera que se creó un nuevo régimen de partidos en la práctica, lo que significa que hay pesos y contrapesos que no se pueden cambiar de un día para el otro y el presidente de la República está entre ellos, no solo por el Congreso sino por los órganos autónomos del Estado y también por el federalismo. La batalla importante que se está dando abajo y está pasando inadvertida por este opio presidencial que mencioné al principio, hablamos de senadores, diputados, congresos estatales, gobernadores y alcaldías sumamente importantes. Le recuerdo que hay 30 entidades del país que van a elecciones el primero de julio, por lo tanto la clave del resultado electoral estará no solo en la Presidencia de la República, sino en cómo se va a distribuir el poder, ahí abajo y qué tipos de contrapesos se van a generar para el nuevo sexenio. Estos, a mi juicio, son lo más importante y lo más riesgoso porque es en las elecciones locales donde están pasando cosas que nos preocupan, se han asesinado candidatos y nos pasan inadvertidos; se han observado fenómenos documentados de intervención del crimen organizado, bloqueando zonas enteras del país, se ha visto mucho dinero corriendo en entidades locales, incluyendo la Ciudad de México”.

–¿A qué atribuye la desconfianza que se percibe en el ambiente?

–La complejidad electoral y la disputa de criterios que ha habido entre el INE y el Tribunal Electoral ha dado como resultado una creciente desconfianza, no solo en las autoridades electorales, sino en general en el proceso. No sé hasta qué grado debe culparse al INE, seguramente en algún sentido, o más bien culpar al diseño electoral del país que yo creo que ya se agotó, este diseño llega hasta el 2018 y después habrá que revisarlo completo. También es cierto que el INE ha renunciado, por la carga de trabajo pero también por falta de acuerdo entre partidos y consejeros electorales, a hacer pedagogía pública. El INE, como casa de la democracia, tiene un compromiso inequívoco con la pedagogía política.

–Si la percepción es que el proceso no fue limpio, podría tener problemas de legitimidad el nuevo presidente.

–Estamos dependiendo, la verdad, del resultado electoral. Es horrible decir esto, pero creo que el 2018 depende en buena medida primero de quién gane la elección presidencial y por cuánto la gane. Creo que el escenario más favorable para el INE, espero no arrepentirme de decir esto, es que López Obrador gane por un porcentaje muy alto.

–Gran parte del prestigio del IFE de hace 18 años fue la alternancia.

–Absolutamente, yo ya viví esa experiencia. Reivindicó el hecho de que hicimos nuestro trabajo lo mejor que pudimos, con absoluta imparcialidad y técnicamente impecable, pero lo he publicado y lo repito, si el resultado electoral hubiese sido distinto estoy absolutamente convencido de ese IFE no hubiera tenido la aceptación que tuvo.

–Recuerdo a Fox echando pestes contra ustedes, a medio día, durante la jornada electoral.

–Yo también (ríe) y a las cinco corrigiendo. Recuerdo al PRI el día anterior a las elecciones preparándose para un triunfo que no tuvo. Nuestra aportación fue hacer las cosas bien, contar los votos y ofrecer el resultado tal como se presentó.

–¿Cómo se le informa a un partido con setenta años en el poder y fama de autoritario que perdió?

–Yo tenía en mente, se lo digo con absoluta franqueza, que las cosas salieran bien desde el punto de vista del Instituto Federal Electoral. No pasó por mi cabeza otra idea que no fuera ofrecer absoluta certeza de nuestro trabajo técnico. Nunca quisimos vincular nuestro trabajo con ningún tipo de resultado electoral, estábamos preparados para cualquier resultado.

–Pero supongo que ya medio sabían lo que iba a pasar.

–No, no, se lo digo con toda sinceridad, era una elección reñida, iba y venía. Sí había datos que indicaban que podía perder el PRI, porque desde el punto de vista de las elecciones locales había venido perdiendo sistemáticamente, es cuando empieza a construirse la pluralidad política de México, si uno ve el mapa de la distribución de puestos entre partidos. Entonces era previsible que si más del 80% de la población en el 2000 ya había vivido la alternancia política, perdiera el miedo a la alternancia, en el IFE estábamos preparados para cualquier resultado.

–¿Les preocupó que no lo aceptaran?

–Ni por la cabeza nos pasó.

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–¿El fantasma del 88?

–Es que nosotros controlábamos la elección, no podía haber fantasma del 88. El presidente Zedillo se portó a la altura de las circunstancias, pagó un costo muy alto, él, pero como presidente de la República debo reconocer que se portó bien, que no intentó ningún tipo de intervención. Hubo sólo una llamada que recibió el consejero Woldenberg (Isaac José Woldenberg Karakowsky) y estábamos todos reunidos haciendo los textos que se decían en voz de Pepe en cadena nacional, cuando el presidente Zedillo llamó para explorar la posibilidad de que la salida de las once de la noche se anticipara un poquito porque tenía la intención, el presidente, de reconocer cuanto antes el resultado y el consejo general, del que yo formé parte, no aceptó mover el horario, preferimos subrayar la institucionalidad y la autonomía.

–Si usted hoy fuera consejero, ¿Qué haría distinto?

–Mucha pedagogía pública, mucha, estaría yo con mis colegas invitándolos a salir diario a los medios de comunicación a explicar cada paso de nuestras actividades, dar cuenta exacta de lo que está pasando, promover la participación de los ciudadanos a través de cada una de las etapas preparatorias de la elección con palitos y bolitas, estaría haciendo una pedagogía para construir un entorno de cultura cívica, del que hoy carece.

–¿Estamos listos para el uso de urnas electrónicas, sin las pruebas en papel?

–No, ni remotamente, tecnológicamente hace mucho estamos preparados para eso, desde el punto de vista de la rispidez de la contienda electoral y la necesidad de mostrar evidencia de cada uno de los pasos y los resultados, no.

–¿Ve la posibilidad de que alguien pretenda ganar en tribunales lo que no ganó en las urnas?

–Pues mire al Broco, ya tenemos el primer ejemplo. No logró demostrar que tenía todas las firmas para estar en la boleta y lo ganó en el tribunal y aun así le dieron un lugar en la boleta. Absolutamente, estoy en contra de esa decisión, es un error un jurídico, hay un problema aritmético elemental, le faltaron más de 16 mil firmas, frente a eso no se puede discutir. Daña políticamente el proceso electoral, introduce un enrarecimiento innecesario, porque cualquier cantidad de votos que gané el Bronco en la elección, son votos que podrían haberse ido a otro candidato o a otros candidatos.

–¿Qué más falta para mejorar la credibilidad del proceso?

–Acompañamiento social, intelectual, dos cosas que se dicen rápido, pero que hay que construir paso a paso.

–Con lo que vemos hoy en la contienda, ya no sé dónde está mi izquierda o mi derecha.

–Yo tampoco, los partidos formaron coaliciones que en otro momento de la historia reciente y pasada de México habrían resultado aberrantes. Acabaron siendo tantos aparatos políticos que buscan votos y espacios de poder que su identidad ideológica se desdibujó, con lo que se abre el espacio para las alianzas pragmáticas y lo que tenemos enfrente es a Morena con el PES, el PAN con el PRD. Al PRI hay que reprocharle menos eso, porque nunca tuvo una ideología acabada, es el único partido que a lo largo de su historia ha sido abiertamente socialista, socialdemócrata, liberal social, liberal puro, es pragmático puro.

–¿Eso no provoca que no sepamos ni porque votamos?

–Vuelvo al opio electoral, no estamos votando tanto por partidos cuanto por candidatos a la presidencia, esa es la verdad. No son los partidos, su identidad, su programa y la emoción que produce en los ciudadanos esa identidad cuanto a las personas que están a la cabeza de las candidaturas y eso vale para López Obrador, Anaya, Meade…

–Para concluir, ¿Qué se puede hacer por la democracia?

–Yo he insistido en que tenemos que hacer conciencia de que la democracia es nuestra, que el poder es nuestro, el Estado es nuestro; no de los partidos, no de los intermediarios políticos, es de los ciudadanos. Eso es un hecho jurídico pero no es todavía un hecho político, todavía a México le falta capacidad de organización entre los ciudadanos para adueñarse de la democracia que les pertenece, la hemos cedido a los intermediarios que lo han hecho, no mal, sino muy mal.