Ricardo Raphael, analista de la sociedad y el periodismo

Por: Patricio Cortés

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En esta ocasión charlamos con Ricardo Raphael, periodista, escritor y conductor, quien nos ilustra con sus artículos de análisis político y su programa Espiral, y nos lleva algo de cultura a través de Calle 11, es un hombre que desde muy joven conoció las entrañas del poder.

Nos recibe en su oficina desde la que se puede apreciar ese punto de Tlatelolco que concentra buena parte de nuestra historia antigua y reciente, nos dice que es un sitio que no se elige sino que llama. El periodismo es el centro de la conversación.

Reconoce que sus inicios como profesionista fueron en la política y en ello concentró su formación académica, ha convivido con otros personajes que vienen de la izquierda, como Rincón Gallardo, fundó el Partido Democracia Social del que fue secretario general, también fue representante ante el entonces Instituto Federal Electoral del Partido México Posible.

“Por diversas razones, varias de ellas personales, me doy cuenta que el tipo de política que yo quería hacer no era posible. Entonces, me enfoqué a abrazar mis otras vocaciones, que me parecían alternativas viables, invirtiendo mucho más tiempo en la academia; entré al CIDE y empecé hacer mis pininos ya profesionalmente como periodista: había escrito algo, fui corresponsal de Canal Once en Francia, estaba haciendo análisis político para Grupo Radio Mil, escribía textos en Nexos, ya son síntomas de periodista, pero un periodista según mi entender realmente lo es cuando empieza a hacer reportaje, y en 2006 empiezo Los socios de Elba Esther, ese libro me da la entrada, y digo: ésta es mi vocación y a partir de 2007 me asumo plenamente, pongo en mi ficha, cuando voy en avión, periodista”.

Reconoce que el cambio fue grande, pues los políticos a los periodistas no los suelen querer mucho: “Yo creo que el periodista en el fondo quiso ser político y el político en algún lugar quiso ser periodista, en realidad le exigen al otro que sea lo que ellos se imaginan que hubieran sido. Entonces pasa algo muy serio, yo veo a muchos periodistas que hacen política con el periodismo y eso es peligroso, que son muy amigos y esos es conflicto de interés, hay que decirlo. Por otro lado, hay políticos que se esmeran mucho por ser amigos de los periodistas y esa cercanía es, desde mi punto de vista, no sana”.

“Yo entiendo que haya colaboración, que en el camino uno hace uno o dos amigos, otra cosa es la proximidad casi morbosa entre políticos y periodistas. Creo que debe construirse, de existir una distancia sana, porque el periodista está dedicado a criticar al poder y claro, puede ser una crítica leal, honesta, pero es crítica al final de cuentas y luego la amistad, la convivencia en lo privado, borra esa distancia. En mi caso asumí que mis relaciones políticas, las que había hecho en la carrera política, las iba a perder o las iba a distanciar porque me iba a poner a hacer periodismo y así ocurrió. Cuando empecé a escribir columna y de repente cuestionaba a un actor u a otro y me encontraba en un espacio social me reclamaban ‘¿qué te paso, por qué me pegaste?’ ‘yo no te pegue, no me pasó nada, ahora soy periodista y los periodistas cuando ejercemos hacemos eso, no me exijas principios de lealtad amistosa cuando mi oficio y el tuyo hoy son opuestos’. Perdí amigos y le voy a decir cuál fue la frase que me orientó en todo ese camino: el político lo que quiere es ser querido; el periodista lo que debe es hacerse respetar. Puede uno ser respetado y ser querido, pero si uno no soporta ser respetado sin ser querido, no se puede ser periodista”, complementa.

Sobre el papel que hoy jugamos, expone: “Me parece que buena parte de la agenda pública que hoy estamos viendo sería inexplicable sin el periodismo ¿podría hoy estar hablándose de la corrupción sin la investigación de la Casa blanca? La agenda pública hoy se mueve a golpes de la investigación que obligan al poder público a redefinirse. ¿Cómo era en épocas pasadas?, la agenda pública la decidían desde el poder y abajo, los reporteros íbamos levantado notas, cubriendo muchas veces desde un boletín, otras veces alguna columna critica. Yo creo que hoy vivimos una época dorada, no es fácil, es rijosa, difícil, nadie dijo que lo dorado fuera fácil, muchos periodistas están muriendo, estamos desprotegidos, nuestra estabilidad salarial está hecha pedazos y las presiones públicas están a todo lo que dan”.

Surge el tema de la impunidad, pues aunque hoy se exhibe más la corrupción, los ciudadanos no vemos consecuencias contra los políticos corruptos, nos explica: “Nos debemos la humildad del cargo, no somos Ministerio Público, no somos policía, no somos jueces. Que el Ministerio Público no haga su chamba es muy molesto como ciudadano, pero no es culpa nuestra, y que el juez no sentencie bien, tampoco. Lo nuestro es reportar el hecho, informar, verificar, comprobarlo, corroborarlo, pero no suplir. Otro aspecto es que el ciclo de atención mediática es cada vez más corto, al Bronco le dieron registro hace dos días, mañana se nos va a olvidar: no perseguimos los temas con la suficiente temporalidad y si el tema ya salió de primera plana, y lo enviaron a páginas interiores, dejamos de dedicar recursos. Creo que si siguiéramos persistentemente con un tema, seríamos mucho más efectivos para que el ministerio público y la autoridad hicieran su trabajo”.

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Pasamos al tema de la credibilidad, donde los medios no salen bien parados en las encuestas, a lo que el autor de Periodismo Urgente opina: “Hay bastantes causas pero, si me pregunta la principal es porque el ecosistema cambió. Venimos de un ecosistema donde políticos y periodistas connotados tenían el monopolio de micrófono, lo que ellos decían los demás escuchaban, no era al tú por tú, no había posibilidad de debatir. En el nuevo ecosistema, el de la sociedad virtual, cualquiera puede levantar información, entonces cualquiera puede divulgar esa información, ya no hay monopolio de la difusión, tenemos periodistas y políticos que todavía quisieran lo de antes, creen que pueden ocultar las cosas. Las generaciones que vienen, que sí entienden esto, que saben relacionarse con las redes sociales de manera distinta, van a ir recuperando credibilidad en esa nueva relación. De hecho me atrevo a decir que no es justo en esas encuestas como colocan a todo el mundo, porque si usted pregunta ‘¿cree en Carmen Aristegui?’, le puedo asegurar que ni el Arzobispo primado de México tiene tanta popularidad como ella, pero si usted pone en el otro extremo alguien que se llame como yo y tenga apellido de país europeo y lo ponen en la encuesta no creo que ni su mujer lo quiera, claro si usted promedia a Aristegui y este tocayo mío, le va a dar un promedio bajito. No nos pongan a todos en el mismo saco, hay algunos señores de apellido europeo que han desprestigiado el periodismo”.

Hablar de credibilidad nos lleva al tema de la fake news, hoy en boga, aunque no es nada nuevo divulgar noticias falsas, nuestro entrevistado explica: “La etiqueta fake news es una caja donde caben muchas cosas que vale la pena observar, ahí adentro hay noticias falsas, siempre ha habido la primera que se me ocurre, cuando Eva le entregó la manzana Adán. Ahora hay propaganda, esa ha habido siempre, por ejemplo, los protocolos de Sion. Habría que definirla no como noticias falsas sino como noticias fabricadas deliberadamente para engañar, por ejemplo: <circulo un meme diciendo que el Papa apoya a Donald Trump, un tuit que dice que el agente del FBI que investigaba Hillary Clinton se suicida, una foto en Facebook que dice hijo de López Obrador viaja en Maserati>, y ahí hay alguien detrás que fabricó esta noticia con un propósito: ¡ganancias! Así, el que gana audiencia, monetiza, porque le vende a Google, a YouTube. Hay quien fabrica noticias para ganar elecciones o dañar un producto, le puedo asegurar que, en un caso u otro, fabricar noticias es negocio, frente a esto requerimos más y mejor periodismo, que desmienta esa noticia fabricada y sobre todo no la reproduzca”.

El siguiente cuestionamiento versa sobre el futuro de periodismo, ante lo que opina: “Creo que el periodismo goza de cabal salud, lo que está en una crisis profunda es el modelo de negocios de la publicidad. Yo no veo a (Vicente) Riva Palacio o al Nigromante financiandose, anunciando pastas de dientes, es más no había pastas de dientes, ahora en el siglo XX empezamos a financiar el periodismo a partir de la publicidad. ¿Qué pasó?, a partir de 1995-2000, el pastel publicitario en un 80% se lo tragaron Google y Facebook, entonces vaciaron las arcas de las empresas que nos daban trabajo. Lo que está en crisis es el modelo de negocios y ahora es un oficio tan importante, porque la gente necesita conocer lo que sucede, que encontrara otro cauce. Ojalá pronto resolvamos la crisis del modelo de negocios”.

Retornando a la semblanza, Ricardo Raphael se apellida De la Madrid, pues es sobrino del expresidente, narra: “Tenía 13 años, venía de una familia de clase media y un día en la secundaria me avisaron que no me podía regresar ya en trolebús, llegó un carro con guaruras y de ahí empezaron siete años de un gran aprendizaje (la campaña y el sexenio), era como subirme a una grúa y ver todo desde otro ángulo. Me tocó ver a un presidente que le tocó dirigir un país en una situación muy difícil, que sí marcó un estándar muy elevado de lo que yo quería, hasta que vi que ese tipo de política, que yo invente en mi cabeza, no era posible”.

Reconozco que nuestro entrevistado, independientemente de sus lazos familiares, brilla con luz propia, el comenta: “Me costó mucho trabajo que no ligaran mi voz a De la Madrid y al PRI, por eso, yo le agradezco el comentario porque significa que lo logré, aunque no crea, todavía me critican mucho por eso”.

A veces no sentía que le daban el trabajo por su propios méritos, lo conflictuaba, hasta que alguien le habló de aquellos ibéricos que llegaron hace siglos: “Les daban el galardón, les decían, ‘tú eres un hidalgo’, pero luego el título había que defenderlo con la espada, porque de lo contrario te mataban’, ahí entendí no estar renegando, sino a partir de donde te dejan para dar mi propia voz”.

Un texto que ha marcado un punto y aparte es el multicitado Mirreynato. La otra desigualdad, el cual fue posible gracias a aquellas experiencias y otras recientes: “Yo tuve la suerte que, por azares, me metieron en las recámaras del poder que me permitieron desde muy chamaco ver el edificio en todos sus pisos; después recorrí el país jodido, conozco Guerrero. Es una recopilación de esas experiencias, a lo mejor por eso gustó, si solo hubiera sido una mirada de los primeros pisos o de los de en medio, del club social, no se hubiera convertido en una referencia para los muchachos”, concluye.