Gabriela Gutiérrez, coordinadora editorial de Verificado 2018

Por: Patricio Cortés / Fotografía: Nicolás Corte

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Este proceso electoral no se ha caracterizado por la veracidad de la información que circula por diversos medios, incluyendo la boca de los candidatos. Como respuesta a dicha situación, surge Verificado 2018, quien, como su nombre lo dice, verifica la veracidad de diversos datos que forman tendencias informativas. Charlamos con su coordinadora editorial Gabriela Gutiérrez.

“Verificado se inspira en toda la información falsa que se estuvo difundiendo en redes sociales durante el temblor del 19 de septiembre, decían se necesita ayuda en tal esquina, llegaba la ayuda y resultaba que no había nada y por ello tardaba más en llegar a donde sí se necesitaba. Ahí surge un hashtag que se llamaba Verificado 19s, donde un grupo de personas se daban a la tarea de verificar si recibían solicitud ayuda en el mismo lugar más de tres veces. Se comenzó a volver de gran importancia para que la ayuda llegara a donde realmente se necesitaba. De ahí surge la inspiración de la necesidad de verificar la información y de que era posible, empezó a gestarse la idea hasta que el 12 de marzo ya surge aterrizada, pero en el ámbito electoral”, nos explica nuestra entrevistada.

Verificado 2018 cuenta con mucha credibilidad en una época donde, de acuerdo a diversas mediciones, el periodismo mexicano está bastante desacreditado. Comenta: “Eso implica una gran responsabilidad, creo que la credibilidad viene por un lado porque somos 80 medios y organizaciones, no viene de un solo medio. Creo que esta suma de fuerzas es evidente porque que para que se pongan de acuerdo 80 medios para sesgar la información sería muy complicado, a parte somos avales”.

“Por otro lado sí siento que hubo un repunte de credibilidad y ciudadanización de la conversación en nuestras redes sociales a partir de primer debate. Como que antes si verificábamos una noticia que afectaba o beneficiaba a algún candidato, los seguidores del candidato opositor se nos iban encima, un día éramos pejezombis al otro prianistas y total que nunca le dábamos gusto a nadie; pero, después del ejercicio de la verificación del debate presidencial, donde aparte nos acompañaban especialistas de universidades, de organizaciones y demás, ahí verificamos a todos por parejo, la gente lo notó, lo reconoció y a partir de ahí creo que se dio un repunte importante en nuestra credibilidad”, complementa.

En este proceso, descubrió que muchas personas están ávidas de información confiable: “Yo misma, como periodista, tenía esa idea de que a la gente realmente la política les repelía, como que no les interesaba y con Verificado lo que estoy viendo es que realmente la gente sí se quiere informar, pero no cuenta con los medios creíbles para documentarse, contrastar los datos, la información. Lo que estamos haciendo a la gente le suena mucho más cercano”.

“Como periodista estás ligeramente acostumbrado a que siempre te lee el mismo círculo y en las redes sociales notas esa conversación cuando se trata de los medios de comunicación en general. Si tú notas los comentarios relacionados con Verificado, se ha ciudadanizado mucho la conversación, claro que nos llegan a retuitear políticos y hasta se siente feo a veces, pero estamos viendo que los ciudadanos son los que nos están calificando, verificando. A veces nos agradecen porque finalmente entendieron un tema súper complejo gracias a Verificado. Te das cuenta de que sí hay interés, lo que no se había encontrado era la manera de contárselos y que fuera creíble”, expone Gabriela Gutierrez.

No obstante, a veces no es tan sencillo como decir cierto o falso: “Dos candidatos pueden presentar cifras distintas y los dos tener razón, la diferencia está en la contextualización de la cifras y ahí es donde Verificado intenta un poco explicar, pero también el ciudadano tiene que asumir su responsabilidad de investigar un poquito más, sobre todo en este contexto electoral. Es nuestra obligación estar mejor informado para elegir al candidato que creemos que nos va a servir”.

Acota: “No pedimos que verifiquen sino que lean lo que está, en términos coloquiales, que no les doren la píldora. Por ejemplo el caso específico de la inversión extranjera directa en la Ciudad de México que mencionaron tanto Anaya como López Obrador en el segundo debate, Andrés Manuel dijo que durante su administración había un cifra record de 37 mil millones de dólares pero Anaya le dijo ‘no seas tramposo fue porque se vendieron Banamex y Bancomer’. Técnicamente los dos tenían razón, el contexto es lo que cambia, entonces ahí los ciudadanos tienen que evaluar”.

En el mismo tenor, aclara que no todo mundo recibe la veracidad igual: “Lo que estoy viendo en Verificado, es que las personas quieren o están buscando información para refrendar sus ideas”.

Al preguntarle si esperan que su trabajo tenga influencia en el proceso electoral, responde: “Quiero pensar que sí, más bien quitarle peso o fuerza a la desinformación, que sí te puede orillar a votar en algún sentido o en otro. Lo vimos recientemente con Donald Trump, como las noticias falsas, las campañas de desinformación, al final inclinaron la balanza por un candidato que desde un principio ningún analista daba por serio. De igual manera en 2012, 2006, las campañas negras influyeron en el cambio de opinión de los electores. No es que busquemos que las verificaciones inclinen la balanza en favor de uno, sino quitarle peso a la desinformación”.

Expone: “Yo sé que la chamba de los periodistas es informar, pero también me gustaría que la ciudanía se empoderada par estar mejor informado, todos podemos ser víctimas de las noticias falsas”.

Pero había Gabriela Gutiérrez antes de Verificado 2018 y la habrá después (el proyecto está planteado hasta el 15 de julio), es una experimentada periodista que además de haber colaborado en prestigiados medios es la autora del libro Sexo en las cárceles de la Ciudad de México, donde se denuncia como hasta algo tan básico e íntimo como el sexo se vuelve una moneda de cambio en el sistema penitenciario.

Nos habla del surgimiento del proyecto: “Empezó como una tesis para maestría, tenía la opción de titularme con un gran reportaje. En un principio mi intención era hacer un reportaje de los niños que nacen en las cárceles y para poder entrar a una cárcel de mujeres en Santa Martha Acatitla, donde están los niños, primero fui de manera oficial acreditándome como periodista, sacando citas y los tramites; pero no me gustó la entrevista porque estaba como condicionada, controlada, yo sentía como que las internas no me estaban diciendo todo. Entonces, empecé a buscar otra forma de adentrarme con conocidos de conocidos, pero mi primer acercamiento fue en el Reclusorio Oriente y desde la primera vez que entre me di cuenta que la noticia estaba ahí, no tenía nada que ver con lo que yo me imaginaba que era un reclusorio, era un gran tianguis, había mucha fiesta, los niños tenían brincolín, payasos y demás. Lo que más me llamó la atención fueron esas filas de cabañas que se rentan como si fueran hotel de paso y son cubículos hecho con cobijas y ahí me di cuenta que la nota estaba en el tema de cómo se manipulan y sexo se convierte una moneda de cambio en la cárcel”.

El ser mujer no represento un obstáculo para su investigación: “No siento yo que haya sido difícil, no sé si porque estaba con la adrenalina a tope y cada vez que iba, regularmente los sábados, salía con una nueva nota, algo que no me había imaginado, un nuevo hallazgo y eso siempre me emocionaba mucho. Más bien, iba como con mucha emoción y por otro lado los internos en general tienen este mantra de que a la visita se le respeta, salvo en alguna ocasión que entré a una cabaña para conocer como eran y a un cuarto en un sótano en el edificio del reclusorio, salvo en esas dos ocasiones, nunca sentí en peligro mi integridad, ni nada por el estilo”.

Al cuestionarla sobre qué le sorprendió más en su investigación, confiesa: “Definitivamente como opera todo ante los ojos de los miembros de guardia y custodia, o sea, todo funciona bajo sus narices y todos llevan una tajada. Me sorprendió mucho saber cuánto costaban las concesiones para tener un mini negocio; por ejemplo, para tener un carrito y vender sopas Maruchan en la cárcel, no me acuerdo si costaba 40 o 60 mil pesos que se les pagaba a los custodios una sola vez y después cuando se trabajaba se le daba una renta de cien o ciento cincuenta pesos por día trabajado, que eran los días de visita”.

“También tuve la oportunidad de platicar con custodios y lo que ellos me dicen es que tienen que dejar pasar la droga y a las prostitutas, que no parecen prostitutas ellas no son tan evidentes, porque de lo contrario no se darían abasto para controlar a los internos. Obviamente está la motivación del dinero, pero ellos se justifican con que para funcionar necesitan dejar pasar la droga y la forma para que tengan relaciones sexuales, sino tendrían amotinamientos a cada rato”, nos narra la periodista.