Otro Gobierno, la misma historia

Por: Juan Danell Sánchez / Foto: Ixbalanqué Danell Pérez

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Seis años se dice fácil, un sexenio, dos palabras que pueden ser una vida o la vida de un pueblo, que se pueden padecer como si fuera un siglo, aunque los mexicanos tenemos vasta experiencia en esto de sufrir y volver a sufrir, y lo hacemos tantas veces como la historia así lo señale, o nuestra inconsciencia y apatía social que nos mantiene como autómatas, enajenados y serviles, prestos a regalar caravanas propias y ajenas a los amos del poder, nos lo dicte.

Nos instalamos en el confort de la holganza en espera para que otros cubran y cumplan con nuestra obligación histórica de pensar y decidir. Somos maestros de la intriga, de la inconformidad agazapada, del rumor inconsistente. Lapidamos a la menor provocación sin mostrar la mano, exista o no culpa de por medio. Soslayamos la grandeza de nuestra raza imaginativa, la que vence imposibles en la práctica del quehacer cotidiano. Esa grandeza que nos distingue aún en los países industrializados en los que ocupamos un lugar privilegiado por la inventiva de superar las tecnologías con el conocimiento lógico y la praxis empírica de activar maquinarias con un simple puente eléctrico utilizando lo que los europeos ya conocen como “técnica del alambrito”, por citar un breve ejemplo.

Dejamos manos libres a los gobiernos y gobernantes, a los empresarios dueños de los medios de producción para que decidan el destino y cotidianeidad de este inmenso país que no hemos sabido valorar y dejamos con toda impunidad que lo derrochen y desperdicien los ignorantes encumbrados en el poder, lujuriosos indoctos: así aspiramos a un cambio de estructura que privilegie la justicia por encima de la corrupción, la codicia, la inmundicia humana que se apoderó de México con toda arbitrariedad.

El país no necesita un cambio, le urge una reestructuración radical del tamaño que quienes ambicionan el poder presidencial nunca citaron, por supuesto, para no adquirir compromisos de esa magnitud; sabido es que esto en México resulta letra muerta, prometer sinonimia la mentira política.

Las riquezas del país garantizan un futuro pleno, aún son magníficas: 70% del territorio nacional, que en hectáreas suman más de 140 millones, tienen potencial minero del que se puede obtener desde oro hasta uranio y una gama enorme de materiales valiosos para la industria; es decir, cuatro veces más de la superficie concesionada en la actualidad para esta actividad: existe una reserva probada de 20 millones de hectáreas con vocación agrícola, lo que duplicaría las tierras que actualmente se cultivan, suficiente para lograr la autosuficiencia en alimentos y excedentes para llevarlos al mercado internacional y competir con los países agroexportadores.

danell_julio_02El país está en las grandes ligas de los recursos marinos, cuenta con 11,122 km de litoral continental que da a los dos grandes océanos, Pacífico y Atlántico, y que se traduce en un mar patrimonial de México de 2.7 millones de km², cuyos potenciales pesqueros apenas y se aprovechan, por lo que representan una de las más grandes oportunidades de explotación para el desarrollo económico nacional.

Pero no, ni los gobiernos en sus tres niveles ni los empresarios en toda su gama jerárquica de poder económico han sido capaces de diseñar, los primeros, políticas públicas, y estrategias e inversiones, ambos, para aprovechar de manera sostenible estas riquezas e impulsar el crecimiento y desarrollo tecnológico y productivo del país, y con ello la justicia social y económica de la sociedad.

El Gobierno que arranca funciones el 1 de diciembre no pinta para imprimir una reestructuración como la que necesita México, es más de lo mismo, insustancial y mediocre. Lo que sí, está listo, presto, para cumplir con la entrega en charola de plata de las riquezas mineras y energéticas a las grandes trasnacionales. Este fue el compromiso para llegar al poder.

Y aquí vale puntualizar el costo para los mexicanos como pueblo, como sociedad que ha dejado a la deriva lo más valioso de su capital humano: millones de jóvenes en crisis. El tema es fundamental cuando de cambiar al país se habla.

Con base en la información de la Encuesta Intercensal 2015, México tiene 37.5 millones de jóvenes. De esa cantidad, 49.3% son hombres y 51.7% mujeres. El Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural (RIMISP) desata porcentajes y cifras en un amplio documento para precisar que, “si se toman como zonas rurales las que tienen menos de 2 mil 500 habitantes, tal cual lo hace el INEGI, entonces 27.5 millones de personas viven en esas localidades, y ahí habitan 8.5 millones de jóvenes entre 12 y 29 años (es decir, 30% de su población, o el 6.5% de la población total del país)”.

Si se considera zona rural a la población que habita en localidades de 15 mil habitantes o menos, se precisa en el documento de RIMISP (lo que la OCDE y otros llaman localidades semi-urbanas), 45 millones de personas viven en zonas rurales, y de éstas 14 millones son jóvenes entre 12 y 29 años (también aproximadamente 30% de la población en estas localidades, que representan el 11.5% de la población del país).

En esas comunidades, la esperanza de educación se limita a que los jóvenes terminen la primaria -en las más pequeñas-, y secundaria, en las que tienen 15 mil habitantes. Una de las razones de mayor peso del porqué sucede esto, es que las condiciones de miseria son mayores en esos núcleos poblacionales, que alcanza a 65 por ciento de sus moradores.

Pero, además, se precisa en el texto de RMISP, “México es el país que ha tenido un mayor aumento del porcentaje de Nini, el promedio simple pasó de 24.9% a 33.6% entre 2010 y 2015. Durante ese periodo cerca de 98% de los municipios de México aumentaron el porcentaje de Nini, aunque con importantes variaciones entre las distintas localidades.

“Los municipios con un mayor aumento, ambos de Oaxaca, son Santiago Tepetlapa y San Martín, de 12.5% a 85.7% y de 27.1% a 77.2%, respectivamente, entre el mismo lapso”. Y aquí, hay que decirlo, la cobertura rural de programas laborales y de emprendimiento es casi nula.

El rezago es tan profundo que ofende la dignidad nacional, por citar otro indicador que muestra esto, es que, en 1,100 municipios, de los 2,457 que existen en México, sólo hay un médico por cada mil habitantes. El panorama resulta desalentador, pero no de hoy, es un lastre histórico por ineptitud de los gobiernos que no ha sabido enfrentar esos retos, y sacrifican el bienestar de amplios sectores de la sociedad, en aras de fortalecer a las grandes empresas nacionales y extranjeras. Así el futuro de México, sin cambios ni mejoras para la clase social de más bajos ingresos.