La Cultura del Penco (Agave Americano Andino) Un Patrimonio Cultural de los Andes Ecuatoriales 2ª y última parte.

Por: Laura Noguera

Solsticio de Diciembre

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Han transcurrido los tres meses de germinación y comienzan a aparecer las primeras plantitas, ha llegado el momento del nacimiento, del nacimiento del Sol y su luz, del contacto con el aire y su dosis de carbón, con la cual se enciende la fotosíntesis y donde el Chaguar comienza su misión en su largo proceso de sintetizar esa radiación solar, en lo que se transformará en su representación materializada en la Tierra, su savia, uno de los alimentos más completos, energéticos y medicinales, existentes en el planeta.

Es en este mes, se celebra la que es considerada la fiesta principal del Sol, el Capac Raymi, en honor al nacimiento del Astro Rey, y coincide con la mayoría de culturas del mundo, en el nacimiento de los personajes espirituales más importantes para muchas religiones: Jesús, Buda, Siddharta, Dionisio, Apolo, Quetzalcoatl, Inti, Zaratustra, Mitra, etc. Personajes, que en definitiva, representan una personificación del Sol. Los Pencos jóvenes toman vigor con las lluvias del equinoccio, se reverdecen  y los grandes y maduros Chaguares maduran, se alistan con vigor, para dar paso al Universo, a su Chaguarquero, a su inflorescencia, el cual rápidamente crecerá sin vacilar, directo al cenit, en busca de su progenitor, el Sol Equinoccial de Marzo.

Es en este solsticio, en el cual, se llevan a cabo las celebraciones más formales en el imperio incáico, con grandes procesiones en honor al Inca, como hijo del Sol, guerras ceremoniales, así como los famosos entierros rituales, en honor al Sol, llamados Capac Cochas, donde se ofrendan los ajuares más importantes, algunos de estos enterramientos han sido hallados en la región ecuatorial, tanto en la costa como en la sierra.

Este solsticio correspondía al primer mes del calendario incáico, y también se celebraba el Warachicuy, una celebración del paso de la adolescencia a la adultez. Se vertían las cenizas de los sacrificios a los ríos como ofrenda y se bebían las chichas tiernas o fermentos del maíz.

Esta es una pequeña estación seca que comprenden los meses de enero y febrero, el campesinado se dedica a grandes esfuerzos para abastecer de riego a sus cultivos. En la actualidad, la ingesta del Guarango o Chaguarmishqui, fermentado como chicha, es de vital importancia, no solo por el sentido cultural que provee la tradición, sino también porque es una bebida que afianza los lazos comunales, además que evita el hambre, el frío y suministra de energía en las grandes mingas, el trabajo incesante de las comunidades dedicadas al más noble de los oficios, el labrado de la Pachamama.

 

Equinoccio de Marzo

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Ha llegado el momento del tributo al Sol Equinoccial, y el Chaguarquero, ha resurgido, imponiendo  su altiva presencia en el paisaje Andino Ecuatorial: 8, 9, 10 y hasta 12 metros de altura han registrado algunos Chaguarqueros, demostrando así, el vigor acumulado en su corazón, donde en el centro mismo de la planta, la síntesis del Sol, fue acumulada como un preciado tesoro, y que posteriormente se materializa, en sus flores, sus frutos y evidentemente sus semillas.

Es justamente el mes del florecimiento, el Pawkar Raymi, o Pacha Pucuy, la fiesta del agua. En esta estación arrancan las lluvias más fuertes, a su vez, que las plantas nos proveen de sus primeros frutos, primeros granos. El Chaguarmishqui, es más abundante. La planta lo requiere, es así como alimenta e hidrata a su inflorescencia.

El Chaguarquero, representa la resurrección de la vida; la metamorfosis vegetal que transforma, y da paso a otro estado de su madurez final, su consagración, dentro del reino vegetal. Ha cumplido su misión.  Es el momento de la Pascua, de la fertilidad, del agua, y su vital presencia para la existencia de la vida. En la región se celebra con la identidad gastronómica más importante, la Fanesca, una preparación que hace honor a la diversidad y la fructificación.

Todavía se mantiene la tradición de la preparación de las Chaguarsisas o kirillos, las flores del penco. Estas flores, pueden ser preparadas de diversas maneras, después de ser desaguadas, para eliminar su fuerte sabor amargo. Algunos los preparan con el Chaguarmishqui, con el Guarango e incluso se puede preparar con el vinagre, resultante final, del fermento total del guarango.

 

Solsticio de Junio

Las lluvias, llegan a su fin, menguan, y es el momento de transición hacia la madurez, los frutos verdes han madurado, y es tiempo de la cosecha, de la fiesta, de la gratitud a la Pachamama, por su generosidad en proveernos del alimento y cobijo. Es la fiesta del Sol, el Inti Raymi. Grandes ofrendas de gratitud, danzas en honor al Sol, música al compás de la luz. Baños rituales de purificación en honor al Taita Inti.

La ingesta copiosa de guarango es lo tradicional, siendo esta bebida, la más simbólica en la fiesta. Su representación al Sol, se manifiesta, en la embriaguez con el baile y la música, es la representación final, el orgasmo de la naturaleza, que se manifiesta en el blanco líquido, obtenido de la madurez del Chaguarmishqui.

El Guarango, se convierte en el medio transmutador que celebra el ciclo de la fecundidad de la Madre Tierra, y su matrimonio Solar. Las parejas se unen para procrear. Se entonan las más sensuales y picarescas melodías, en oda a la bebida y al astro luminoso. El ciclo se ha cerrado, dando paso, a la inseminación de la Madre Tierra, y así emprender otro ciclo de fecundidad.

Este es el Penco, la representación Cosmogónica de los pueblos Andinos Ecuatoriales, la semilla, el bebé, el niño, el joven, el adulto, el viejo. El ciclo de la vida, en síntesis.

Somos Preincas, somos Incas, somos españoles, somos el resultante de un complejo proceso milenario, donde también se fusionaron los conocimientos en esta maravillosa planta, un vegetal, que también nos ha proporcionado ropa, zapatos o alpargatas, para andar, cuerdas para amarrar, sacos para cargar, madera para construir, emplastos para curar, extractos para limpiar, música para bailar, alimento y bebida, etcétera, y por esa razón siempre ha sido conocida, como la planta de las mil maravillas.

La Comunidad de productores del Penco, y sus derivados, demandamos a la voluntad institucional, que se eleve a esta planta y sus productos, como Patrimonio Cultural de la Nación, que sea reconocido el uso milenario y presente de las bondades y la versatilidad de sus productos. Requerimos que las costumbres y tradiciones que circulan alrededor de esta especie, en especial su Savia y su fermento, sean declaradas Patrimonio Cultural del Ecuador y que su protección, codificación y declaratoria, permita la salvaguarda de esos saberes ancestrales, así como la protección de las existencias silvestres del recurso.

Solo su declaratoria, nos podrá permitir trabajar comprometidamente en un trabajo incesante, para su puesta en valor cultural, divulgando sus increíbles e irreemplazables beneficios.