“Yo trabajo en función del lector, no de los políticos”: Salvador García Soto

Por: Patricio Cortés / Fotografía: Mario Torres

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En este número platicamos con Salvador García Soto, uno de los columnistas más respetados de la baraja periodística de nuestro país. Los temas: la credibilidad y polarización en los medios, aspectos que conoce a fondo.

De entrada nos habla de la crisis de credibilidad: “Yo creo que no es tanto un problema del periodismo como tal, es un problema general. La crisis de credibilidad es algo que afecta a todas las instituciones en México y tiene que ver con la situación que hemos vivido en los últimos años, con una transición todavía un tanto inacabada que vivimos a la democracia, y de un régimen político que no se ha podido modificar.

A pesar de que ya tenemos alternancia política seguimos arrastrando los mismos vicios, rezagos en materia de justicia, educación, de seguridad. Hay un ambiente exacerbado por el tema de la corrupción y hartazgo social, todo eso genera este ambiente en que la gente desconfía de todo y algunos no creen en nada”.

“El periodismo refleja también, como una profesión que tiene esta vocación social y política, la crisis que están sufriendo las instituciones políticas en este país. Una parte tiene que ver con eso y otra con un ejercicio que durante muchas décadas se realizó de manera no adecuada, muy cercano al poder, muy sometido, en una relación prensa-Estado que ha estado viciada por décadas, manipulada por el gobierno a través de temas como la publicidad, en el que a los medios se les ha condicionado a vivir de la publicidad gubernamental. Eso ha hecho una relación de dependencia que no ha sido saludable y en la medida que la sociedad mexicana no vio durante mucho tiempo reflejada su opinión en estos medios de comunicación, veía más una versión manipulada de la realidad o progobiernista, se fue generando este clima de desconfianza de una prensa vendida, cercana al poder, que no necesariamente servía a los intereses de la sociedad. Ahora eso creo que ha ido cambiando, aunque siempre hubo medios críticos lo cual era muy difícil, pero me parece que en los últimos 20 años se ha generado una apertura en los medios, junto con el avance a la democracia”.

“Tenemos medios que ya no dependen solo de la publicidad oficial, lo cual también es un avance importante y en esa medida se han generado espacios de crítica cada vez mayores, pero todavía persisten esquemas de censura de control oficial, de ‘te doy publicidad si hablas bien de mí y te la cierro si me críticas’. Estamos en una especie de transición no acabada, donde se están haciendo esfuerzos por consolidar medios que apuesten a la credibilidad, al periodismo de investigación y a la crítica, nos falta todavía, pero estamos en ese proceso”, expone.

Reconoce que la veracidad no ha sido el común denominador en los medios: “La prensa también ha incurrido en excesos, éste manejo poco escrupuloso de la información. Lo que pasa es que la prensa era muy cercana al poder, acuérdate de esta expresión que tenía un doble sentido el cuarto poder, por un lado por la fuerza que tiene la prensa o los medios de comunicación como un ente que desde la sociedad puede cuestionar al poder, esa era la acepción positiva, pero también había una acepción negativa que tenía que ver con los periodistas que portaban charola, que se portaban prepotentes con la gente, que vivía de privilegios del mismo gobierno. En ese sentido persisten algunos remanentes de esa cultura. Ha ido cambiando, pero también en ese sentido hubo abusos de los medios que demostraron esta tendencia de ‘yo publico lo que sea y no pasa nada, puedo o no verificar la información, total si no es al día siguiente digo que no fue cierto y punto’”.

Pasamos a su semblanza, donde ha incursionado en prensa, radio y tv. Actualmente es columnista en El Universal, titular del noticiero La Ciudad de Mundo (Canal 21.1) y colabora con el noticiario radiofónico Así las cosas. Comenta: “He tenido esa fortuna y esa habilidad de irme adaptando a los distintos leguajes que maneja cada medio”.

“Tengo la fortuna de haber sido de la generación un poco de transición, me tocó este cambio en las dinámicas. Yo llegué a las redacciones cuando todavía había que redactar en máquina de escribir mecánica con una hoja a la que le metías dos papeles carbón para hacer las copias y pasarlas a las distintas áreas del periódico para que las revisaran. En la transición, me tocó llegar a un periódico como El Heraldo que ya tenía un sistema de cómputo muy básico y ya subías la nota. Hemos cambiado indiscutiblemente, en mi caso se mantiene el objetivo por el que llegué al periodismo, que siempre fue esta idea un poco idealista de hacer denuncias, de exhibir situaciones incómodas para el político o para el poder, he mantenido en esa línea mientras he podido hacerlo”, narra.

Acota: “Aunque algunos analistas y estudiosos de la comunicación dicen que la objetividad no existe porque somos sujetos y por lo tanto nuestro trabajo es subjetivo; podría coincidir con esa versión, pero también creo que la objetividad, aunque imposible, sí debe ser un objetivo, una aspiración, buscarla todos los días. Tenemos fenómenos como los periodistas militantes, tampoco lo cuestiono, creo que es válido, a parte tienen un nicho, se vale, pero ahí depende de cada periodista”.

Al entrar al tema de las ideologías de los periodistas, surge el hecho de que muchos se asumen de izquierda, pero casi nadie de derecha, aunque los hay: “Es un tema de ser políticamente correcto, es socialmente más aceptado que digas: yo estoy con la izquierda y apoyo las causas sociales, a que menciones: estoy con la derecha y apoyo a los empresarios y al gobierno, pero, aún así los hay. En este gobierno fue muy marcado cómo el gremio se dividió en dos, como había un grupo de periodistas condescendientes con el gobierno, lo cual es válido si es su posición personal e ideológica y la defienden, aunque también tienen sus costos; mientras había otros que se cargaban a este movimiento emergente de la izquierda, ahora con López Obrador, que ahí también muchos militan; y estamos los que tratamos de mantenernos en medio. Es dificilísimo, es complicadísimo y no digo que seamos puros ni mucho menos, pero sí es muy complicado, porque a mí un día me tachan de que soy lopezobradorista, otro que estoy apoyando a Anaya, o de que soy priista, en fin. Nos hace falta todavía mucho por aprender sobre qué es debatir y qué es disentir”.

Entrevistado unos días antes de los comicios reconoce que se alcanzaron niveles de polarización, incluso mayores que en 2006:“En el imaginario estas elecciones se vuelven plebiscitarias y en ese sentido la pugna por el poder se vuelve más intensa, más fuerte, y la gente también se radicaliza. Creo que como sociedad nos falta mucho por aprender: en el esquema del mexicano, decirte ‘yo no estoy de acuerdo contigo’, es decirte ‘eres un pendejo y sabes tú vas y tal tal’. Se entiende el disentir como el descalificar, como el atacar al otro que piensa distinto. Hemos vivido un proceso muy polarizante, aspiro a que después del primero de julio esto se olvide y entendamos que el apasionamiento y el compromiso por defender una opción política no significa que nos pelemos y si tu votaste por un candidato y yo por otro tenemos que ser enemigos: ¡tenemos que superarlo!”.

Habla de la responsabilidad periodística en la cicatrización: “La gente que tenemos el privilegio el honor de poder tener un micrófono, de poder hablar a los demás debemos ser muy responsables. A nosotros nos corresponde decirle a la gente: ‘Usted vote por quien quiera, hágalo libremente, hágalo en consciencia por la opción que le guste; pero no se compre pleitos, porque al final los políticos se pelean por el poder, ellos están buscando un beneficio, que incluso puede ser económico para quienes ganen, pero la gente no gana mucho. Al final, vamos tener que seguir trabajando y saliendo a la calle a ganarnos la vida. La labor de nosotros es atemperar los ánimos, decirle a la gente ‘bien por el compromiso, bien por la pasión, pero cuidado con comprarse pleitos que no son de usted’. El país sigue adelante y tenemos que aprender a debatir y a disentir sin atacarnos”.

Entre los pleitos entre políticos a veces los periodistas quedan en medio: “Uno siempre trabaja, sobre todo en la columna, en el filo de que te utilicen los políticos, te buscan usar, pégale a fulano, pégale a mengano. Yo cuestiono ‘a ver qué me estás dando, explícame si hay sustento’; un tema que pueda ser de interés para los lectores lo publicó, si no, le doy la vuelta; en esa época de las campañas te dicen ‘saca esto’, ‘mira que fulanito de tal es un desgraciado y golpeo a su mujer’, (respondo) ‘No, no me interesa’. Uno tiene que ir midiendo qué tanto aporta al lector, yo trato de trabajar en función del lector, no de los políticos”.

Le cuestiono si alguna vez se ha sentido el tonto útil y reconoce: “Sí, me ha pasado que me han utilizado, sería absurdo decirte que no, algunas veces conscientemente y otras inconscientemente. Alguna vez que me dieron una información, me aseguraron, me confirmaron, yo traté de confirmarla y cuando la publicas, la persona te habla y te dice ‘no, eso no paso, te voy a decir cómo estuvo’ y te das cuenta que la gente te utilizó. Lo que suelo hacer es ofrecer una disculpa y el derecho de réplica. Estamos expuestos a eso, trato de evitarlo en la medida de lo posible”.