Agua, oro líquido

Por: Juan Danell Sánchez / Foto: Ixbalanqué Danell Pérez

agua_agosto_01Si bien pudiera resultar cierto que “los 10 decretos del agua”, firmados por el presidente saliente, Enrique Peña Nieto, no afirman textualmente en ninguna de sus partes que el agua se privatiza, y con ello se respeta el postulado constitucional de que el vital líquido es un bien de la nación que administra el Estado; también es cierto que en dichos documentos se deja ver que el recurso en cuestión se podrá concesionar, siempre en el ánimo de la utilidad pública, y éste es un concepto tan amplio como ambiguo. En qué se podría utilizar el agua dulce que no fuera de utilidad pública.

Y es, precisamente, en este contexto de los usos del agua renovable, en el que se debe centrar el análisis de la “oportuna” firma de los decretos que ponen al servicio de quienes puedan pagar una concesión del recurso natural más valioso del futuro inmediato. Hoy ya es considerado el oro líquido, y en muy corto tiempo, antes de que el presente siglo llegue a la década de los 50, será mucho más valioso que el petróleo y muchos otros productos extraídos de la naturaleza.

Organismo como Naciones Unidas, FAO, Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional, han citado en reiteradas ocasiones desde hace una década, que para el año 2050 el mundo enfrentará una grave escasez de agua que dejará sin el vital líquido a más de 1,100 millones de personas, que representarán, según sus proyecciones, poco más del 12 por ciento de la población mundial. Esto, necesariamente, pondrá en crisis la economía mundial, porque no se trata sólo de quienes no tendrán acceso directo al vital líquido, sino que este recurso tendrá que disputárselo la industria -desde las embotelladoras, hasta la minería-, la producción de alimentos agrícolas y pecuarios y el consumo doméstico, es decir, las ciudades.

Ya desde los años 90 en México se registraron los conatos de la guerra del agua entre el campo y la ciudad. Por citar un ejemplo esta la presa de “El Cuchillo”, en Nuevo León, construida en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, para abastecer de agua potable a la ciudad de Monterrey, y aunque es un embalse sumamente limitado por su capacidad de almacenaje, causó una disputa entre dicha metrópoli y los agricultores del Distrito de Riego 25 de Tamaulipas, que irriga 300 mil hectáreas con vocación maicera, puesto que se tomó, por decirlo de alguna forma, parte del afluente del Río Bajo San Juan, que suministra a esa comarca agrícola, para alimentar la presa.

En la propia Ciudad de México existen graves problemas de suministro de agua potable, no obstante que secuestraron, literalmente, las afluencias de Cutzamala y Temascalcingo, con lo que limitaron el suministro a esas regiones, que pertenecen al trópico seco del país. La inconformidad de los habitantes de la región es patente desde los años 80, en que se realizaron las obras.

Y este escenario ya se observa en el mundo, tanto así que los organismos internacionales citados al inicio de este texto han clasificado ya a los países con los grandes recursos de agua, con una categorización de potencias mundiales, entre ellos destacan China, Rusia, Brasil, Venezuela, Canadá y Estados Unidos. Y son vistos como potencias porque al contar con agua de sobra, tienen garantizada la producción de alimentos para su abasto y la exportación, así como para cualquier actividad industrial.

Aquí, bien vale decir hoy que el agua se exporta de manera sublime, sí como parte del contenido de los productos agropecuarios, que como señalan los estudiosos y gobernantes, en el caso de México, consumen 85 por ciento de este recurso con que cuenta el país.

En este tenor es importante poner sobre la mesa que esa riqueza natural está lejos de ser aprovechada de manera óptima en el país, pero que por decreto ya podrá legalmente ser concesionada a la industria, inclusive, para consumo doméstico, es decir, el suministro del líquido en las ciudades puede ser operado por empresas privadas, bajo el argumento de que cobran el servicio de llevar el agua a cada hogar, no el agua en sí misma.

Y de qué tamaño es el negocio. Por qué decir que el agua es el oro líquido. En el caso de México el costo del agua equivale a la mitad de lo que cuesta en América Latina y 72 por ciento más bajo que la tarifa de los países desarrollados. Pero, no obstante, la facturación anual por el suministro de este recurso es alrededor de 3,500 millones de dólares. Y en esto los subsidios pueden llegar a más de 50 por ciento.

Pero hablemos de esos potenciales que están ahí, y que ahora podrán ser explotados por las empresas privadas con estas prebendas y beneficios otorgados por el Estado.

La información de la Conagua precisa que el agua renovable en México, anualmente, se cifra en un millón 449 mil 471 millones de metros cúbicos por precipitación (lluvias). De esta cantidad, se calcula que 72 por ciento se evapora, 21 por ciento escurre por los ríos, y el 6.3 por ciento se infiltra al subsuelo y recarga los acuíferos.

En cuanto a las aguas superficiales, el país cuenta con una red hidrográfica de 633 mil kilómetros de longitud, con 51 ríos principales por los que fluye 87 por ciento del escurrimiento superficial y cuyas cuencas cubren 65 ciento de la superficie nacional. Destacan el Grijalva- Usumacinta, Papaloapan, Coatzacoalcos, Balsas, Pánuco, Santiago y Tonalá, que representan dos terceras partes del escurrimiento superficial y sus cuencas cubren 22 por ciento del territorio nacional.

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En aguas subterráneas, éstas aportaron 33 mil 819 millones de metros cúbicos en el 2016 para usos concesionados de extracción, que representó 39 por ciento del volumen total concesionado para la industria, embotelladoras y actividades agropecuarias.

Y si todo esto lleva a que, de esa captación natural de agua, sólo se utiliza poco más de 10 por ciento, lo que resta del vital líquido es por lo que apuestan las empresas que tienen un filón de oro en ello, porque no hay que explorar, ni hacer estudios costosos para detectar yacimientos, o realizar perforaciones aquí y allá para verificar la existencia del recurso, como en el caso del petróleo.

El agua está ahí, sólo hay que tomarla con las grandes bondades que otorga el Estado Mexicano. Y en el mundo cada vez es más escasa. Bendito país.