La Lucha Libre es una fiesta mexicana.

Por: Karla Aparicio ¡Y soy de Jalisco!

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En un escenario pleno y caóticamente “organizado”, se desborda una mezcla de un sinnúmero de signos, eso que los estudiosos de la lingüística dicen que son <significados con significante>, donde por unas horas espectadores y protagonistas se mezclan entre gritos, albures, cánticos, insultos y burlas que no ofenden… ¡Ah, pero cómo divierten!  Un sitio donde todo mundo puede ser presa de lo que llamamos carrilla, desde los enamorados hasta las mujeres bonitas, incluyendo los que pasan por el pasillo para ir al baño que salen también raspadosEso es la lucha libre en un martes de glamour en la arena coliseo de la ciudad de Guadalajara.

No solo vamos a echar porras a los luchadores favoritos, vamos a ser parte de un enfrentamiento entre el bien y el mal, donde gladiadores modernos hacen perfectas coreografías de golpes, llaves, piruetas y saltos mortales, que invitan a ser parte de este espectáculo que nos permite desahogarnos sintiéndonos parte de esas batallas de varios minutos… De sentirnos súper héroes, apapachados por bellas edecanes o temibles guerreras amazónicas con faldas de mil colores, donde por un boleto de $70.00  hacemos catarsis que volvería loco a psicólogos, filósofos y antropólogos.  

Desde la llegada a la arena comienza la fiesta con cientos de fanáticos listos para gozar una buena noche, los puestos de fritangas con olor a “¡¿cuál dieta?!, la vendimia de playeras y réplicas de máscaras que van desde la tradicional del Santo hasta las más tenebrosas como las de los Payasos asesinos.

Para entrar, el tumulto es fenomenal, filas para platea y luneta, revendedores y no faltan los gorronesque entran por ser amigos de los luchadores o del mismo promotor.

El cuadrilátero nos recibe lleno de colores, máscaras brillantes, llamativos trajes, música de moda y luces de colores. Hay que estar ahí para sentir la adrenalina al momento de apagarse las luces y dar vida a esta celebración.

El corazón comienza a alborotarse haciéndonos sentir más vivos que antes de entrar a la arena, nos acomodamos en nuestros lugares y escuchamos al presentador o referí, que narra la historia, la cual comienza con la clásica frase:  

Lucharáááááááááán a dooos de tres caídas sin límite de tiempoooo”, ahí, en esa fracción de segundo es cuando todos nos volvemos amigos, solo existen dos bandos: los técnicosy los rudos”… Dejamos nuestro estilo de todos los días y nos transformamos en el mood de la lucha misma, nos transformamos en el personaje preferido, somos parte del bien o del mal, el cual no podremos abandonarlo hasta el final del ritual; es entonces cuando pasaremos a otra dimensión donde el mundo transcurre a través de llaves patadas y gritos.

La lucha comienza al momento en que terminas de pagar la primera ronda de cervezas, de pronto ves surgir del pasillo que conduce al escenario, seres fantásticos que emergen entre el humo, seres humanos que en camerinos improvisados se han transformado en personajes que representan a dioses mitológicos, gladiadores, seres del más allá, súper héroes, santos, demonios En fin, todo puede ser representado para llevarnos a un universo distinto, un mundo de cuentos como aquellos que contaban las abuelas, danza en un mundo surrealista, que al compás de The final count down del grupo Europe ingresan al cuadrilátero.

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Su entrada al escenario es el comienzo a la fiesta, en ese momento la expectación, se transforma en estruendoso alboroto: gritos, matracas, tamboras, abucheos y burlas de los eufóricos espectadores que animosos participan en la lucha entre el bien y el mal.

Recordemos que la lucha libre es donde lo imaginario se vuelve realidad y todo en el ring adquiere una realidad de la que no estamos acostumbrados. La arena y su público hacen una verbena y el ring se convierte en el espacio sagrado que solo los luchadores pueden pisar. Es el anfiteatro del dolor, las botanas se hacen presentes, unos cueritos” con mucho chile, y no faltan las deliciosas donas de azúcar.

El referí, el juez, es el único que puede acercarse y tocarlos; las esquinas, rudas y técnicas, son los postes cósmicos que los limitan, el cielo y el infierno, estableciendo así el punto en el que interactúan las divinidades con los mortales. Por éstas razones los luchadores son seres míticos, ya que provienen de un lugar desconocido.

 

MÁSCARA CONTRA CABELLERA

Se enfrenta máscara contra cabellera, estos últimos en caso de ser vencidos, pierden (se corta) su cabellera que tal vez no sea “tan” dramática la situación, como es perder la máscara, en lo personal considero que la pérdida es mayor, pues al retirarla de su cabeza es mostrar su verdadera identidad, es ser denigrado y por tanto desciende su jerarquía.

Todo el público vive y recrea su mundo rindiendo culto a los luchadores, quienes se apropian de ellos, de su historia, ellos mismos se convierten en protagonistas al participar en este valle de lágrimas, de dramas, suspensos, de circo y hasta de insultos que brinda la lucha libre, que permite al público, por unas horas ser ese mítico personaje con agilidad total para vencer cualquier problema con una simple Huracarrana.

La lucha libre es un símbolo nuestro, sus historias, sus personajes, sus máscaras forman parte de nuestra historia deportiva, social y del espectáculo mexicano, sus historias son las historias de todos. La lucha libre te recuerda a los héroes y villanos de la infancia, lejos de ser súper héroes rubios con poderes extraterrestres, aquí vemos que las historias del cuadrilátero sí son reales y con personas que podrían ser el vecino de tu casa, de tu colonia.

Hoy en día la lucha libre se ha vuelto una moda para cierto sector de jóvenes que asisten martes a martes, a lo que se le ha denominado funciones de glamour.

La lucha es nuestra, porque no hay niño que no juegue luchitasy muchas niñas se han enamorado de esos cuerpos atléticos de algún luchador cual príncipe que las rescatará de los mismitos demoniosLa lucha libre es nuestra, a diferencia de la lucha americana, en la nuestra sí se dan buenos madrazos, no como la de los güeritos que nomás se la pasan haciendo payasadas(comentario de uno de los de la fila de atrás ya con tres rondas de cerveza).

 

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¡SE LES VA EL CAMION!

Aquí solo existen dos clases, dos niveles: los de arribay los de abajo. Curioso, aquí los de arriba son los pobresy los de abajoson los ricos. Y de ahí se desborda un sin fin de burlas y abucheos.  Los de abajo les gritan a los de arriba una frase que se ha vuelto un cántico de esta fiesta: ¡Se les va el camión!

 

UN EMBLEMA MEXICANO.

Desde hace algunas décadas las imágenes de la lucha libre se han sumado en el extranjero como emblemas de lo mexicano. La industria del suvenir ha incluido ya artículos de esta práctica: camisetas, máscaras, pósters, caricaturas, películas, en fin, la mercadotecnia ha sabido sacarle provecho a este espectáculo.

Se le conoce como lucha libre mexicana, a la versión de la lucha libre profesional que se practica en México, caracterizada por su estilo de llaveo” a ras de lona y aéreo.

Se evoca el término “mexicana” por las particularidades en la técnica luchística, acrobacias, reglas y folklore propio del país que le da una característica de autenticidad con respecto a lucha de los demás países.

Cabe señalar que en el resto del mundo, fuera de Iberoamérica (sobre todo en los Estados Unidos de Norteamérica y en Japón) al estilo de la lucha libre mexicana se le conoce por su nombre en castellano, lucha libre (sin importar el idioma).

En México también se le conoce como pancracio (que es el término utilizado en la Grecia clásica para denominar esta actividad).

 

La lucha libre se funda en Colotlán, Jalisco.

La historia de la lucha libre se remonta al siglo XIX, por el año de 1863, en plena intervención francesa pero, fue hasta en 1897 que se fundó la empresa mexicana de lucha libre en Colotlán Jalisco. En las décadas de los años cincuenta y sesenta, la lucha mexicana fue considerada como la mejor lucha del mundo, título que para muchos aún se conserva.

 

DATO CURIOSO:

luchas_sep_04Cada que asistimos a la lucha libre nos toca invitar a amigos que nunca ha pisado la arena, esto nos da como estadística que son pocos los mexicanos que han vivido este ambiente, no es nada fácil la primera vez, varios no quieren repetir la experiencia, y otros se vuelven fanáticos, quienes seguramente invitarán a otros más.

Un dato, cada vez se ven más y más extranjeros como espectadores en la arena y se les ve felices, por lo que el evento que se ha vuelto un atractivo turístico más de nuestro pintoresco y surreal país.

Para asistir a la lucha es necesario inyectarse una dosis de fantasía para vivir y disfrutar la realidad que se celebra en el recinto, nada es personal, es una especie de terapia grupal, al término, todo vuelve a su real y cotidiana forma.

No olvides llevar una máscara o los característicos luchadores de plástico, en su ring con ligas, que los pueden adquirir en la banqueta de la arena.

Sugiero soltar perjuicios, críticas y miedos, si no será imposible vivir esa magia, esa metamorfosis y gozar de nuestra Lucha libre mexicana.

¡Los invitamos a esta aventura!

Tips:

Outfit:  Cómodo – casual.

Mujeres: Es mejor ir sencillas

Martes de glamour.

Arena Coliseo Guadalajara.

Calle: Federico Medrano 67, Guadalajara, Jalisco.

A mediados de julio, la lucha libre fue declarada como Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México, la cual se espera sea reconocida de la misma forma en todo el país.