México de papel

Por: Juan Danell Sánchez / Foto Ixbalanqué Danell Pérez

reportepolitico_oct_01

México como barco de papel está a la deriva en un charco de incertidumbre. Hablar de ríos, lagos o mares, para describir esas navegaciones, sería tanto como encumbrar la estulticia de unos cuantos sobre la inteligencia de la masa a la que, por cierto, hoy se le utiliza una vez más como parámetro para medir el poder de la demagogia. Se dice que la mayoría de los mexicanos así lo decidió en una elección y su definición numérica no sólo es corta, es absurda: una cuarta parte del todo jamás será mayoría.

Bueno, esos son hechos y decires que no calzan el camino por andar de un país como México, ya hecho para los saqueos permanentes desde sus años mozos, por decirlo de alguna forma, como nación independiente. Antes fue Colonia de un país europeo en decadencia, que le heredó a estas tierras y a sus habitantes el mestizaje y con ello los grandes problemas estructurales que como sociedad y economía vivimos en la actualidad: corrupción y simulación conforman el binomio del que se desprenden los grandes flagelos de México como nación.

De esas brazas se alimenta la flama de la retórica patriotera y paternalista que promete cobijar a los más desvalidos y dar agua al sediento, alimentar al hambriento y castigar al desvergonzado saqueador y depredador social, es cuento viejo que amoldó y curtió, la forma de pensar y de sentir de los mexicanos, para atraparnos en un letargo lleno de indiferencia y confort a modo. Somos seres cautivos de esos males por apáticos e irreflexivos.

Nadie cree con la convicción que aparenta y dice tener sobre los postulados que defiende y los personajes que adora y encumbra, no al del momento, sino de siempre, pero, también, nadie reflexiona el hierro que comete y con el que está lacerado para vivir sojuzgado: menos cuestiona esa realidad. La inconciencia social hace de México un pueblo mediatizado, sometido a las mentiras del poder, enajenado por reiteradas promesas incumplidas que cada vez más prostituyen la esperanza que llena de humo los morrales de los perpetuos marginados. Los pobres extremos que urgen un cambio, pero no lo empujan. Están domesticados por la doble moral y palabrería revolucionaria de quienes aprendieron el lenguaje de la necesidad y lo supieron traducir en engaño alentador de decires justicieros, sólo decires, jamás hechos que favorezcan a esa masa despojada del bienestar mínimo y de su propia dignidad como clase social.

Y en ese camino el enorme y aún rico México, tiene que soportar y vivir el tránsito de la ineptitud como condición para servir en las capas medias del poder, esas que ejecutan las disposiciones del dominio y el despojo. Gobernantes mediocres y carentes mentales son encumbrados para dirigir y decidir el presente y futuro de la sociedad. Se les deja en sus manos el destino de los 120 millones de habitantes de este país que debiera estar en la galería de los héroes de las naciones por su capacidad de resistencia a saqueos y gobiernos depredadores.

reportepolitico_oct_02

La sociedad también tiene enorme responsabilidad de la realidad que vive el país, esta misma históricamente ha alimentado perseverante con su apatía, la voracidad y holganza mental de los gobernantes y empresarios, cuya avaricia castró uno de los principios fundamentales del desarrollo de la humanidad y toda sociedad capitalista: emprender para innovar, construir el poder político soportado en una economía fuerte que le permita al país competir en las ligas de las naciones industrializadas, para lo cual resulta imprescindible una sociedad bien alimentada, con un alto grado de educación y cultura, ¡vaya! , con un nivel de vida digno por tener acceso al deporte, recreación, estabilidad emocional, que algunos llaman felicidad, y eso lo da un ingreso, léase salario suficiente para adquirir esos bienes y satisfacciones. Pero no son buenos ni para ellos mismos.

No entienden, o no quieren entender que en su condición de corruptos, simuladores y saqueadores, desarrollar al país con grandes obras de infraestructura de carreteras, puertos, aeropuertos, ciudades pujantes, campo productivo que garantice la alimentación sin necesidad de importar, industria exportadora, y sobre todo una sociedad, un pueblo satisfecho con vivienda digna, sin pesares por la inseguridad, participativo por conciencia y no por engaño, con acceso expedito a la justicia, les dejaría mayores dividendos y menos problemas. Pero, claro esto es pensar como en un capitalismo racional, moderno, en el que se modere la cuota de plusvalía para mejorar la calidad de vida de la clase trabajadora y con ello prolongar su existencia como sistema o modo de producción.

Y por como está el orden de situaciones que cada día cristalizan la realidad del futuro, cuando menos de los próximos seis años, eso en México nunca será vecino de esa realidad. Las bajas y deplorables pasiones de intereses individuales de enriquecimiento que han fecundado en el pensamiento y conducta de los mexicanos constituyen el caldo de cultivo perfecto para que el saqueo legal de las últimas riquezas naturales de México se cristalice por mandato presidencial. Es un hecho de Estado. Como siempre ha sido.