Nikolái Petróvich, pionero​ de la colonización en América

Por: Arturo Ríos Ruiz.

nikolai_oct_01Nikolái Petróvich fue un gran promotor de la colonización por parte de Rusia, de Alaska y California, de nacimiento noble con espíritu aventurero que no le hizo perder sus finos modales, agradables, sencillos y educados.

Fue el primer embajador ruso en Japón en 1804 y participó en el primer intento de Rusia de circunnavegar el mundo de1803 a1806, comandando la expedición hasta Kamchatka, en el oriente que significó una gran servicio a su nación.

Fue también autor de un lexicón del idioma japonés y varias otras obras, que se guardan en la biblioteca de la Academia de Ciencias de San Petersburgo, de la cual él era miembro respetado y querido.

Pero muchos años después de su muerte es aún recordado por la gran compañía ruso-americana y el interés que despiertan en los estudiantes de historia las políticas seguidas en dicha empresa, que si no hubiera sido por su temprana muerte a los casi 41 años, hubieran podido cambiar el destino de Rusia y los Estados Unidos.

A ese grado ha trascendido su personalidad, amén de una ópera que eternizó su historia de amor con una joven mexicana de la Alta California, hija del gobernador de la región al servicio de la Nueva España, que desgarra los sentimientos al conocerla.

nikolai_oct_02Nació en San Petersburgo el 28 de marzo de 1764, fue uno de los diez barones de Rusia que se distinguía por su capacidad de trabajo, inteligencia y valentía, además de su pasión por los viajes.

Conoció al dueño de la compañía de Pieles Shelijov-Golikov, se interesó en el proyecto de un monopolio en ese comercio y fue un gran hombre de negocios.
En abril de 1806 Nikolai llegó a la Alta California en el Barco “Juno”, deseaba firmar un tratado para cazar nutrias, piel muy valorada, que abundaban en esas tierras.

Fue bien recibido por los californianos, pero las relaciones comerciales fallaron porque las leyes españolas prohibían mercadear con extranjeros y el gobernador era incorruptible.

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José Darío Argüello, penúltimo gobernador español de la Alta California, fue un hombre recto, disciplinado y respetuoso escrupulosamente de la ley…

Enamoró a la hija del gobernador, a Concepción Argüello, quien nació en la Alta California, el 19 de febrero de 1791 y dejó de existir el 23 de diciembre 1857.

Ella, se ha eternizado por su romance con Nikolái Rezánov, pionero de la colonización y descubrimientos rusos en América, Alaska y costa del Pacífico hasta California, era una joven de 15 años contra sus 42, muy bella con dos largas trenzas que le caían al pecho.

Nikolai, con la astucia natural como empresario buscaba ablandar al mandatario y autorizara su negocio. No contó que se amarían perdidamente, dando origen a la historia de amor entre ellos que fue intensa y breve, duró seis semanas sin separarse de su amada, según el diario del médico del “Juno”, Georg Heinrich von Langsdorff.

Nikolai pidió su mano, el padre que cuidaba a su pequeña como una joya dorada,  aunque veía en el pretenso un buen mozo, serio, inteligente que reflejaba interés en su hija con base en su amor profundo, no obstante de los muchos años mayor que ella, su amor era real…

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Apegado a las costumbres y pensamiento de la época, con la desconfianza natural  del poco tiempo de la llegaba del ruso, sin más pruebas de su realidad, le exigió le convenciera de que no era casado ni tenía problemas, y que era noble en Rusia.

José Darío Argüello, nació en Querétaro en 1753, vivió hasta 1828, fue del Regimiento de Dragones de México, ascendió a sargento y fue enviado a Sonora, recio y cumplido, llegó a alférez y con ese cargo recorrió los alrededores del río Colorado. Realizó varias expediciones exploratorias por los alrededores y en el Norte, que lo convirtieron en teniente y se hizo cargo del presidio de San Francisco como comandante de armas.

En 1797 fue ascendido a capitán y designado como comandante del presidio de Santa Bárbara; al morir el gobernador José Joaquín Arrillaga en 1814, fue nombrado sucesor en la Alta California, cargo que ostentó desde 1815.

Esta formación lo convirtió es un hombre disciplinado, recio, con don de mando y estricto en la aplicación de las normas, por lo tanto, exigente de la honestidad por parte de quienes lo rodeaban.

Nikolái retornó a Rusia para solicitar al zar el permiso de matrimonio con su amada Concepción, ella era católica y él ortodoxo.

Se fue a Europa, en San Petersburgo vio al zar para el comercio de pieles; llevó cartas al Papa y al rey de España pidiendo la dispensa y consentimiento real para su boda, mostraba en su rostro el entusiasmo e interés de lograr su propósito, confiaba en su reconocimiento como noble ruso y las influencias con que eran muchas en los altos niveles del zarismo.

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Sintió la gloria al lograr sus propósitos, estaba radiante, regresaría por su amada, pasearían por todo el mundo y nada impediría su felicidad, todos descubrían el halo de luz en su rostro e incansable atendía sus asuntos empresariales pendientes para regresar con las pruebas de su alta investidura y las autorizaciones inobjetable de su condición de nobleza, libre y sin problemas de ninguna clase.

Durante su viaje por Siberia en 1807, se accidentó al caer de su caballo y, de resultas, enfermó, fue atendido con esmero, pero las heridas evolucionaron en su contra; el destino fue cruel, murió de fiebre y agotamiento en Krasnoyarsk, Siberia, el 8 de marzo de 1807.

El vulgo dejó caer sobre Concepción las más crueles imaginaciones, cargadas de malicia  e imaginación perversa: que había sido vilmente engañada por el conde, ella se entregó a servir a los pobres y a atender a los desvalidos.

No soportaba salir, sentía que la mirada y esa sonrisa plena de maldad, ironía y burla caían por todo su cuerpo, amén del dolor de sentirse humillada; sin saber de su amado, pensando mil circunstancias, como el engaño que la destrozaba; otra boda con una princesa o simplemente el tiempo y condición acaudalada. O, que Nikolái Rezánov, le llegó el olvido.

Fue en 1842 que la verdad de la tragedia llegó a su vida, lloró largamente, le castigaban todos los pensamientos que tuvo en contra del hombre que la hizo sentir la gloria con su amor y en poco tiempo se ganó el suyo.

Horas largas de llanto interno y otras tantas reflejado en el manantial de lágrimas que salían como cascada de sus ojos bellos, nada había que le devolviera la paz.

nikolai_oct_06Vivía entregada a las obras de caridad, no se iba de su rostro la tristeza, pero llevaba en el alma la verdad del amor, la solidez de su hombre que murió amándola como ella a él y eso, le producía una sensible felicidad interna y se acogía a sus creencias: “Dios me lo dio y él me lo quito, bendito sea….

Estar convencida que su amor por ella fue real, que nunca la olvidó, enterada de los pasos que dio por obtener los requisitos que su padre necesitaba para entregársela, la calmaba al comprender  lo que la fatalidad les negó la vida juntos.

Fue en 1817 cuando el inglés James Wilkot Smith, llegó a Loreto en búsqueda de  ballenas, otro negocio fructífero de todas las épocas, la conoció y al instante se prendó de ella, la buscó con ansias y logró entrevistarse, de inmediato le ofreció su amor…

Deseaba casarse con ella, le prometió todos sus bienes, hacerla feliz y partir juntos a su país.

Ella, sólo lo vio, dibujó una débil sonrisa y respondió con dulzura: “Gracias señor, mi amor se fue con mi amado, jamás podré traiciónarle. Dios lo bendiga”

Pasaron los meses y se inscribió al convento de Santa Clara, convertida en monja murió a los 67 años. Una ópera rusa, da cuenta del desgraciado idilio.