Pablo Gómez, más de medio siglo en la lucha política Sobreviviente del 68

Por: Patricio Cortés / Fotografía: Mario Torres

politico_oct_01Al conmemorarse medio siglo del movimiento estudiantil de 1968, buscamos al Presidente de la Mesa de Decanos de la Cámara de Diputados, Pablo Gómez, quien formó parte de dicho movimiento y desde entonces se ha mantenido en la lucha política, además de ser autor del texto: “1968:la historia también está hecha de derrotas”.

Sobre cuánto ha cambiado el país desde aquel fatídico 2 de octubre, expone: “No ha cambiado tanto como hubiéramos querido. El movimiento del 68 fue un movimiento por las libertades democráticas, nada más, eso es todo lo que planteo, pero nada menos, y lo que se han conquistado son algunas libertades democráticas, por ejemplo, en el plano electoral se pueden hacer partidos, presentar candidatos y tratar de evitar que se compren los votos. Hemos avanzado un poco, pero no tanto en esa materia, se siguen comprando votos porque el dinero que se usa sale de los gobiernos desde los municipales hasta el federal, y mientras siga la corrupción, seguirán comprando votos”.

“Tenemos un déficit de libertades democráticas, la escuela es autoritaria en general, los sindicatos son antidemocráticos, en general. Los ejidos son poco democráticos, aunque ahí hay un poco más de democracia, sigue habiendo mecanismos de presión que impiden la manifestación libre de la gente. Los ayuntamientos no son todavía el verdadero lugar desde donde se gobierna como dice la teoría del cabildo, sino que el presidente municipal es autoritario en la inmensa mayoría de los casos”, añade.

Prosigue, reflexivo, con el incómodo recuento: “Tenemos un rezago todavía muy grande en medios de comunicación, formales. Los medios no son todavía tan abiertos, tan plurales, tan incluyentes, sino que sigue la idea de verlos con un criterio utilitario. No tenemos la situación del 68 que el gobierno controlaba todos los medios, ahora no los controla, pero todos los medios tienen presiones de instituciones públicas a través de la publicidad y todos los medios tienen una tendencia, generan cierto grado de intolerancia”.

Ante la pregunta de si vivimos en el México que soñaba el movimiento, reconoce: “No hemos llegado a tener esa situación, pero sí se han dado avances significativos”.

“La matanza es algo que selló el movimiento y determinó su derrota, fue derrotado el 2 de octubre, de ahí en adelante ya no fue el mismo, todo cambio, la impronta sigue hasta la fecha. No son cosas que se borren tan fácilmente. El movimiento estudiantil fue derrotado con el uso del Ejército como si el movimiento hubiera sido un ejército. Los ejércitos son derrotados en las batallas, esta no fue una batalla, fue una masacre y por eso es que se discute porqué fue la masacre, qué la desencadenó y qué fue realmente lo que ocurrió ahí. Hay versiones interesadas en justificar al Ejército y a las ordenes gubernamentales, que una cosa llevaba a la otra”, narra.

“El mayor problema, que está pendiente del 68, es la parte de la justicia. La justicia mexicana y los que hoy están al frente son responsables institucionales, aunque ellos no hayan estado en las instituciones hace 50 años, unos eran estudiantes y algunos ni habían nacido, tienen la responsabilidad de poner en claro la represión contra el movimiento, porque persistentemente se han negado todos los que han pasado por la procuraduría y por el poder judicial, sistemáticamente se han negado a tratar el asunto. Ellos deben dar un aporte para el esclarecimiento. Eso que se hizo para la fiscalía especial para los hechos del pasado fue en un momento dado clausurada, creo que por Calderón o no sé si todavía estaba Fox, y todos los casos que llevaba fueron llevados a una agencia del ministerio público de la esquina para que los metieran al cajón del olvido; o sea, lo poco que se estaba escarbando, judicialmente, ¡fue metido otra vez a la gaveta por el PAN!, después de que el mismo PAN había hecho la fiscalía especial”, denuncia.

La pregunta lógica es si con la llegada de Morena al poder, hay mayores posibilidades de justicia, el legislador declara: “Sí, tenemos nosotros que promover. No sé si se pueda desde el gobierno, porque ahora ya la fiscalía va a ser independiente; pero bueno, vamos a hacer la lucha para que el Estado mexicano, dé la cara, pero además esclarezca todo y den suficientes aportes para el estudio de la historia”.

Considera que los hechos del 2 de octubre frenaron procesos de maduración política: “Si no hubiera habido masacre, México hubiera cambiado más pronto, la masacre detuvo una evolución más lógica, más directa del movimiento, si hubiera sido atendido, procesado pacíficamente, el país hubiera avanzado mucho. Veníamos retrasados, la matanza nos retrasó, las derrotas de los movimientos democráticos nos retrasan”.

No obstante, está por arribar un gobierno de izquierda, ante lo cual opina: “Llega una fuerza gobernante no sólo al Congreso, sino al gobierno, a la mayoría de los congresos de los estados y a varias gubernaturas, que todavía ese proceso tiene que darse adelante. La nueva fuerza tiene una gran responsabilidad cumplir con los objetivos que ella misma se trazó y de todo el apoyo popular que ha recibido y eso es lo que queremos hacer. No queremos inventar un programa distinto, ni borrar el que traemos, no queremos engañar a nadie en ningún sentido, queremos llevar a cabo todos los planteamientos hechos y vamos a hacer el esfuerzo para lograrlo y eso va a implicar una transformación política muy grande para el país. Un gran objetivo es acabar con el Estado corrupto y es uno de los más difíciles porque en México no tenemos un fenómeno de corrupción como lo hay en otras partes, aquí el Estado es corrupto, eso es diferente y por lo tanto tenemos que tener un programa diferente y no lo vamos a hacer de un plumazo ni con una varita mágica y esta va a ser una lucha muy a fondo, muy sistemática, y el Congreso juega un papel muy importante, no solamente el gobierno que quizá tenga la mayor carga operativa práctica, pero el Congreso es un instrumento de control del ejecutivo”.

politico_oct_02

Complementa: “El Congreso tiene que ejercer sus funciones de control, que nunca ha podido ejercer plenamente porque el Ejecutivo todo el tiempo lo está bloqueando, no le da ni la información necesaria, el nuevo presidente va a necesitar que el Congreso le ayude a combatir la corrupción; así como a todos los que puedan ayudar, el ministerio público, los jueces, la prensa, la Iglesia, los gobiernos locales, ayuntamientos, hay que habilitar todo lo que se pueda usar para converger en el gran objetivo de acabar con el Estado corrupto”.

“Pero acabar con el Estado corrupto es solo una parte de esta historia, tenemos otras tareas más complicadas, por ejemplo, hacer que este país crezca económicamente y logre un nuevo patrón de distribución del ingreso, después de treinta años de estancamiento económico, ahí sí tenemos un problemón. Necesitamos mecanismos y políticas públicas que ayuden al fomento de la actividad productiva y la redistribución del ingreso”, expone.

El diputado propone alejarnos “totalmente” del neoliberalismo, sin embargo persiste la duda de si eso es posible, a lo que él señala: “Sí es posible porque las recetas neoliberales nos han llevado al estancamiento y a la mayor pobreza. México tiene 50 millones de pobres en términos redondos, de los cuales diez millones están en extrema pobreza. Bueno, los otros cincuenta y tantos millones, que no son precisamente pobres, también tienen un nivel de ingreso francamente preocupante; porque no son un factor que impulse la producción y el comercio. Luego tenemos un pequeño grupo, insignificante, que concentra la mayor parte del ingreso nacional, ellos son los que se llevan una torta gigantesca, el progreso no se va a dar sobre esa base, nunca. Todas las civilizaciones cayeron cuando los esquemas de distribución de la riqueza se colapsaron, porque la población creció, porque los alimentos no alcanzaban, por lo que ustedes quieran, pero esas cosas llevan a los colapsos. Tenemos treinta años de estancamiento. ¿Puede un país estar otros treinta años estancado? ¡Por supuesto que no! Tiene que ocurrir algo que le ponga freno a esa situación y nosotros pensamos que está fuerza gobernante esta llamada a hacer el mayor esfuerzo para acabar con eso”.

Pablo Gómez lleva más de medio siglo en la lucha política, tras el 2 de octubre, fue encarcelado, recién liberado se reintegró y llegó una nueva represión con el halconazo, luego pasó décadas militando en partidos minoritarios, ¿por qué siguió después de todo? Es la pregunta que responde: “Yo era un opositor, una persona que militaba en la izquierda, que tenía programa, que tenía una idea de que lo importante era hacer una inmensa transformación del país. Yo nunca milité en el PRI, buscando tortas en las oficinas de gobierno, siempre estuve del lado de la lucha. ¿Por qué seguí ahí?, por convicción. No creo que haya sido necedad, porque si yo hubiera dado el campanazo, el brinco hacia las filas oficialistas como varios lo hicieron, gente que estuvo en el movimiento… Yo dije bueno ¿sería mucha la necesidad?, pero aun cuando es mucha la necesidad de comer, de sostener una familia, lo que fuera yo creo que no valía la pena renunciar a lo que uno era ¿Cómo te puedes sentir?, pues de lo que se trata es de vivir bien, no de vivir mal, con un remordimiento, con una autodenigración, pero bueno, cada quien su vida, yo afortunadamente no caí en eso”.

Ya despidiéndonos le comento que aunque es un legislador experimentado, es la primera vez que lo veo como parte de una mayoría, aclara: “También hicimos una mayoría en la Cámara en el 97 (en alianza opositora), pero no era de izquierda, no funcionaba en los términos de la legislación, pero por lo menos si en los términos del manejo de la Cámara, había más posibilidades, más espacio para interactuar, pero el PAN se ponía de acuerdo más fácil con el PRI, como siempre ha sido”.