Waldo Saavedra escribe como pinta.

Por: Karla Aparicio

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“Me despertó el tremendo y corto ruido, como cuando haces estallar un cartucho de papel inflado como pulmón, sumándole la sorpresa, venía del exterior, continuaron los perros con su ladrido protesta queriendo competir con la presión sonora que acababa de morir y despertarme. A las dos de la mañana este escándalo tremendo, tomé la pistola y salí más desnudo que vestido a la calle de mi jardín, los perros furiosos a mi alrededor me incitaban a que yo ladrara también -busqué con la mirada la luz de la luna, casi llena (si iba a ladrar sería como lobo)-, me petrificó y me hizo sordo su luz, inmóvil mirando la brillante Diana con su conejo tatuado esperando quien pestañearía primero, ella o yo, recordé ese reto con novias de la secundaria, cambiaba el rostro Selena por Lourdes, María del Carmen, Raquel, Tania, Mayra, Martica, Noris, Nelly, la invasión no anunciada de nubes bajas casi ocres corriendo del sur al este me borró todos los rostros, llegando como cobija de la luna, como manto de mala premonición. Acabé de despertar con la reanudación de los ladridos y la discusión lejana callejera, llegaba a mí con el desgaste de cincuenta metros. La palma me dijo que no abriera, que podían entrar las pesadillas, miré la negra arma pesada y preferí su consejo ante el mal presagio celeste, regresé a la cama, no pudimos ponernos de acuerdo el sueño y yo, él quería disfrazarse de pesadilla y anunciarme antes de tiempo la muerte de la poesía”.

Fragmento del cuento de Waldo Saavedra

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Una vez le hice una broma a “Gabo” (Gabriel García Márquez)  en una conversación: Él me decía que se había puesto a pintar y yo en broma le dije: “¡Coño, pues yo me voy a meter a escribir!…”.

Waldo y el arte, Waldo padre de familia, Waldo en la secundaria, Waldo y Cuba, Waldo y el whisky, Waldo y Guadalajara, Waldo y la tecnología, Waldo y la vida, Waldo y la fama, Waldo y la patria, Waldo y cien años, Waldo y su almohada…

Él es Waldo “el desprejuiciado”

Cien años:

Waldo, tiene una manera de celebrar la grandiosa novela de Cien años de soledad. Esta novela ha sido uno de los mejores regalos de su vida, ya son cuatro años trabajando, bueno haciendo su propia fiesta, tratando de jugar con Cien años en un lienzo, agradeciendo, homenajeando a su gran amigo, Gabo.    

Simplemente entrar a su estudio es entrar a su vida, es el reflejo de su creatividad, donde puedes encontrar tubos vacíos de pintura arrinconados con grandes cantidades de ideas, las cuales serán o fueron plasmadas en algún momento, en algún lienzo.

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Waldo Saavedra, cubano de nacimiento, él mismo nos confirma su nacimiento un 26 de Julio de 1961, pero debido a la “crisis de los misiles” de esos días, desde pequeño lo llevaron a vivir con sus abuelos en Caibarién, ubicada en la costa norte de Cuba, un pueblo absolutamente relacionado con el agua, con el mar, con los mariscos, con los cangrejos, por eso los llaman “cangrejeros”; ahí pasa su infancia y parte de su adolescencia, recuerda la secundaria y lo divertido que era, y después la otra adolescencia en México, sus recuerdos se van al por qué llegó a Guadalajara, porque un amigo de aquellos tiempos le comentó que las mujeres más bonitas estaban en esa ciudad,  “y aquí estoy…”.

Waldo tiene una plática intensa, parece que esconde los temas que comenta en su pintura: “A mí siempre me ha pasado, siempre he creído que la manera más fácil de detectar el subdesarrollo es cuando un hombre es incapaz de asociar ideas, entonces, siempre me ha parecido fascinante el mundo de la asociación de ideas, esa cosa que no solamente vivimos con una, no debemos vivir de un modo tan absoluto, por eso son las alternativas”.

Mientras platicamos llega Camila, su hija, con un licuado de mamey, el favorito de Waldo, el favorito de su padre, además el más rico que jamás yo haya probado, hago una pausa para preguntarle cuántos hijos tiene, por cierto, todos mexicanos. “¿Eh? Eso no lo voy a decir, no es bueno decir cuántos hijos uno tiene, porque me siguen pidiendo hijos”.

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Uno es de donde les mece la cuna a sus hijos, Waldo ya tiene un gran pedazo hecho en México…

Uno tiene que ser responsable con el momento que le toca vivir, no estoy en contra de la tecnología, hay que darle espacio también a ser alguien informado, un ser consciente, tomar lo mejor de la época; no es que esta época sea un desastre, pero, resulta más importante al parecer  la cáscara, que lo que cubre, que lo que llevas dentro: amueblar la cabeza no es importante, más si la casa está amueblada puedes cuestionar la información, es importantísima, si no tienes información de las cosas, lo mejor es callar.

Su proyecto actual

Casi termina su cuadro… Es importante en la obra de Waldo que cada quien le dé su propia interpretación, y es más importante que la obra emocione o que genere algún estado de consciencia. Esta obra le ha quitado el sueño -“ayer me desperté muy temprano y me estuve peleando con esto casi hasta las doce de la noche… A esa hora me dije: ‘¡No! ¡Ya se acabó, porque lo voy a malograr!’, entonces me levanté hoy muy temprano y creo que en la almohada, tú sabes que yo en la almohada guardo todas las dudas, la almohada pa’ mí es una cosa muy importante, tan importante que me acabo de llevar a Cuba una almohada”.

Cuando Waldo platica de su Cuba, se nota la nostalgia y en la conversación viaja por el tiempo hasta esa provincia de la isla donde un pequeño corre por entre las calles de Caibarién, donde huele a mar, a sones cubanos, a revolución.

Conozco la obra de Waldo de mucho tiempo

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Lo conozco a él, pero necesitaba empaparme más en su vida, y entre las cosas que leí, encontré un adjetivo que le va como anillo al dedo “desprejuiciado”, se ríe y me contesta “pues la verdad sí, pero te has puesto a pensar, ¿cuántos años puedes vivir?  Nunca se sabe, no tenemos la vida comprada, entonces tú dices qué es lo que más te gusta hacer, qué es lo que más te gusta admirar, bueno pues hazlo, simplemente porque el día que te corten la luz, el teléfono, el agua, todas esas cosas y te vayas al carajo, al menos te quedas con la satisfacción de haber hecho lo que quisiste”.

Los temas vienen y van, habla de sus momentos más íntimos: “Hace poco ‘m’ijo’ Gerardo, me pidió un consejo de viejo, y le dije: ‘Gera, me gustaría tener tu edad con la experiencia que tengo ahorita’ y entonces me responde: ‘pues dime cómo’. Me le quedé viendo y le contesté: ‘por lo pronto ponte a leer’”. Las mujeres son seres tremendamente románticos entonces es mejor  hablarles con la poesía sentada en tu lengua.

Bendita Guadalajara

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Waldo llega a Guadalajara en el año de 1989, la gente que conoció en esa época, era muy joven, hoy gracias a las redes sociales se reencuentra con muchos de ellos, un amigo del norte cuando vio que era medio “gozón” de esos tipos que cuando pasa una mujer se convierte en un ventilador, le dijo: “espera a que llegues a Guadalajara, están las mujeres más lindas”, y sí, llegó y vio que en cada parada parecía un jardín, todas eran tan bonitas, entonces dije “¡aquí me quedo!”, ¡Bendita Guadalajara! Una de las ciudades más lindas de México.

Honrosa responsabilidad de transmitir una primicia

Llegó el momento donde Waldo me hace una primicia, al comentar de una nueva pasión, escribir y nos presenta algo de su primer cuento, les comparto el link para disfrutar la lectura del fragmento del cuento en la viva voz de Waldo.  

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https://www.youtube.com/watch?v=SvAys7c_Yeg&t=44s

Y solo les puedo decir, Waldo Saavedra, escribe como pinta.