Los muertos y su continuidad a través del agave.

Por: Laura Noguera / Impulso Sostenible Agavería, A.C.

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En México, “La vida no vale nada, comienza siempre llorando y así llorando se acaba…”, esta es una de las estrofas de la canción de José Alfredo Jiménez, ícono de la cultura musical.

Para brindar con los muertos “hasta ver la cruz”, y es que en torno a nuestra máxima festividad –creo que, después de La Independencia-, sin duda, resulta un regocijo esperar a nuestros amados difuntos que vienen cruzando desde el Mictlán, lugar donde los aztecas describían con una pared llena de cráneos y que era dedicada al señor Mictlantecuhtli.

Celebración que incluye una gran ofrenda en donde cada objeto, cada vianda y por supuesto, cada bebida, incita a que esa alma regrese al seno de la casa que abandonó hacia el mejor mundo. Se tiene registro desde épocas prehispánicas de la devoción que sentía el habitante de esos tiempos hacia la muerte, como un paso a la vida energética, pues debemos hacer notar que antes de la llegada de los españoles no se veneraban dioses sino energías, tenemos entonces que el eje de ellas era el sol representado principalmente por Tonatiuh para los mixtecas y Kukulkán para los mayas, Tláloc representaba el agua, y así cuanta energía que estaba en el entorno de esas civilizaciones envolvía en un respeto y sinergia, el equilibrio y el deber cuidar para que estas estuviera en armonía constante con el ser humano.

El significado real de estos días es celebrar a la muerte como ese paso que se debe dar en vida, la entrega constante a las dimensiones que no solo se sabía eran regidas por las energías, quizá hasta oscuras, en la figura de Mictlantecuhtli.

Actualmente se ha significado más estos días para mostrar la riqueza enorme que tenemos en cada una de las regiones y pueblos que conforman los 32 estados de la República Mexicana, un país surrealista y que hemos referenciado a manera chusca el hecho de que Salvador Dalí no podía soportar la idea que existiera algo más surreal que él mismo, y existe, y se llama México.

lala_nov_02Los altares de muertos varían conforme a las regiones, tenemos entonces que de norte a sur y este a oeste, cruzando el altiplano y las sierras madres las evocaciones al culto a la muerte, son variadas en contextos ricos en cultura y diversidad.

En Yucatán, el día de muertos es conocido como “Hanal Pixán”, que en lengua maya significa “comida para las almas”. Esta celebración yucateca tiene lugar desde el 31 de octubre hasta el 2 de noviembre, celebrando a los difuntos menores y mayores. En los altares yucatecos la flor utilizada es la “Xpujuc”; que es una flor silvestre de color amarillo. No pueden faltar los tradicionales mucbipollos o pibs, que son preparados especialmente para esta celebración. Otros platillos que se colocan en la ofrenda de muertos en Yucatán son los salbutes, relleno negro, atole de maíz y el tradicional Xek (mezcla de cítricos con sal y chile).

En Tabasco, la tierra del pejelagarto, el altar de día muertos se compone de platos típicos como el Uliche, que es conocido como el pipían tabasqueño, las meneas -un tamal oriundo del estado-, y el chorote, bebida hecha con maíz y cacao. Parte importante también son los postres como el tradicional dulce de papaya y camote.

En Michoacán, uno de los festejos más coloridos del día de muertos tiene lugar en el Lago de Pátzcuaro y es conocida como “La noche de los Muertos”, durante esta celebración en los altares es colocada una orquídea morada llamada flor de animada junto a las velas, el copal y el incienso. Algo característico de los altares en Michoacán es su arco: el cual es formado por un cuadrado, un rectángulo y una estrella de seis picos cubiertos de flor de Cempasúchil. Uno de los alimentos que es ofrendado a los difuntos es la corunda que es un tamal hecho de maíz. Parte importante de estas fechas son la sal y el agua que representan a la pureza y el bautismo del alma.

En la Ciudad de México tenemos por ejemplo el gran altar que se dispone en el panteón de Mixquic, al oriente en donde la zona lacustre es predominante para componer los altares de vegetales, animales y guisos propios de esta región de la capital mexicana, sin embargo, aquí tenemos un contraste enorme de esas mezclas que han llegado a permear, ya que muchos que llegaron de otros estados enriquecieron nuestros altares haciendo una diversidad importante que va desde: mole de olla, calabaza en tacha, gorditas de maíz y anís con café de olla, capirotada y el famoso pulque que predominó en la Ciudad de México por épocas inmemorables y que se mantiene vivo a pesar de la modernidad.

En su ofrenda queridos lectores no debe faltar los buenos destilados y en esta tradición les recomendaremos una lista de buenos destilados de agave que a continuación resumimos:

Mezcal Toro Muerto del estado de Guerrero, Mezcal Doña Natalia de Durango, Mezcal Mala Idea de Oaxaca, Mezcal Nanacutzi de Michoacán, Mezcal Divino Maguey de Oaxaca, Comiteco Don Elías de Comitán, Chiapas, Mezcal Siriaco y Mezcal 33 ambos de Oaxaca que es el estado que más predomina, sin olvidar que son hoy 12 estados de la República Mexicana los que ostentan la denominación de origen mezcal. Pero no olvidemos que existen también estados como Colima, Jalisco, Nuevo León que continúan elaborando mezcal aún sin ostentar denominación alguna pues le precede su historia y tradición.

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Salud y bienvenidos sean a su casa queridas almas…