Emilio Álvarez Icaza, Senador sin partido

Por: Patricio Cortés

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Cuando se aborda el tema de la lucha reciente por los derechos humanos en México, uno de los nombres que surgen, casi invariablemente, es el de Emilio Álvarez Icaza quien desde distintas trincheras ha pugnado por otro tipo de país.

El activismo lo aprendió desde el hogar, pues es hijo de José Álvarez Icaza Manero, fundador del Centro Nacional de Comunicación Social, así como de varios partidos políticos como el Partido Mexicano de los Trabajadores y el Frente Democrático Nacional.

Desde el punto de vista institucional, fue titular de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), entre 2001 y 2009, y secretario general de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) entre 2012 y 2016, en este último cargo se confrontó con el gobierno mexicano por el caso de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa rechazando “la verdad histórica”.

Emilio Álvarez Icaza fue uno de los líderes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, sobre el que considera tuvo el avance de que “las víctimas toman una centralidad”, en un momento donde no eran tomadas en cuenta:El fenómeno del protagonismo de las víctimas hizo mover no sólo al gobierno, sino al país para empezar a entender que teníamos una emergencia nacional. Para mí, una de las cosas más impresionantes es cuando esas víctimas, muchas de ellas postradas en su dolor y ahogadas en llanto, empezaron a ser defensoras de derechos humanos, pasaron a ser defensoras de otras víctimas”.

Considera que estamos ante la posibilidad de replantear las políticas públicas en torno a los derechos humanos: “Lo que necesitamos es poner en el centro la respuesta a las víctimas que está muy por debajo de lo que se necesita”.

Comandó la iniciativa Ahora, la cual impulsaría candidatos independientes a puestos de elección popular, él era el precandidato a la presidencia, sin embargo, el panorama electoral no fue propicio y terminó como candidato plurinominal al Senado por la coalición PAN-PRD, hoy es el único legislador en la cámara alta sin partido.

–¿Qué nos falta para que los derechos humanos funcionen en México?

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Hay una parte muy importante del diseño de una política de Estado en materia de derechos humanos, esa es esencialmente una de las motivaciones principales que me llevan al legislativo. El tema de cómo damos atención a las recomendaciones internacionales que México ha recibido es una materia muy importante del Senado, las recomendaciones de los distintos cuerpos y entidades de Naciones Unidas, el Sistema Interamericano de los Derechos Humanos, así como de la Comisión o la Corte. Está también cómo podemos armonizar la reforma constitucional del 2011 a otro tipo de ordenamientos. Hay temas particulares, déjeme decírselo, falta una miscelánea, en la Constitución no reconoce la raíz afromexicana, no hay reconocimiento a los afros de México, la Constitución no reconoce a la juventud y así tantas cosas.

–¿Hace falta tanta especificidad?

–Lo que hemos descubierto es que ya no nos basta la igualdad ante la ley, porque hay barreras invisibles que nos impiden ejercer los derechos de equidad, de igualdad, por ejemplo, el racismo, el machismo, el clasismo. La ley dice que somos iguales ante la ley, ¡que somos iguales!, pero los indígenas tienen desventajas, los gays tienen desventajas. El hecho de trabajar las especificidades es para hacer visibles esas barreras que niegan los derechos de muchas personas.

–Entonces, usted está a favor de las acciones afirmativas (trato preferencial a un sector que haya sufrido históricamente injusticias sociales).

–De las acciones afirmativas y otras que vayan disminuyendo las brechas de negación de derechos.

–Usted era el lógico presidente la comisión de derechos humanos del Senado, pero faltó apoyo.

–Así parece, podría yo haber tenido los méritos, la trayectoria, pero en consideración de la mayoría de los integrantes del Senado no tuve los votos.

–Si estuviese en una bancada, hubiese sido más sencillo.

–Sí, si el fin fuese ese, pero más allá de ocupar un puesto en el Senado, hay una propuesta ética política de la iniciativa que yo represento, Ahora. Yo no soy militante de partido alguno y lo acordamos de inicio, no es que se hubiese decidido de último momento, en febrero y marzo que firmamos una alianza electoral, parlamentaria y de gobierno, convenimos constituir nuestro propio grupo parlamentario; no tuvimos los números para eso y por ello nos declaramos sin partido; si hubiera habido la voluntad para hacerlo, no habría impedimento jurídico.

–¿Qué pasó?, hace poco más de un año, Ahora hablaba de competir en las elecciones directamente.

–Nos arrollaron las elecciones del Estado de México, cambió el contexto y se generó un proceso político muy diferenciado. Al final de cuentas, lo que estamos intentando es tener una agenda que tenga componentes de justicia, de lucha contra la corrupción o de democratizar los partidos políticos que no son para nada democráticos.

–¿Qué nos ha faltado?

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–Mire, hemos avanzado mucho en la parte de instrumentos legales, pero creo que lo que ha faltado es la implementación. El trabajo en derechos humanos ha tenido el mismo rival que la justicia, la impunidad.

–¿Qué pendientes dejó cuando estuvo en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos?

–A mí me hubiera gustado, en el trabajo en la Comisión, que el Estado hubiera tomado con más compromiso, atención y seriedad el seguimiento a las recomendaciones del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de Ayotzinapa, que fue muy difícil, de enorme decepción que no hayan atendido las solicitudes de las víctimas de los padres de los 43 y haber dejado el GIEI.

–¿A qué lo atribuye?

–Yo creo que, esencialmente, no supieron, no quisieron y no pudieron.

–Hay expertos que dicen que tenemos una relación esquizofrénica con la ley, que todo lo queremos resolver con nuevas leyes cuando a veces son más bien asuntos de políticas públicas.

–Estoy completamente de acuerdo con eso, yo creo que algunos temas de la ley sí tienen que ser revisados, pero muchos no son de marco legal. Por ejemplo, llevamos poco más de un mes de legislatura y el quince por ciento de las iniciativas que se están presentando son para subir penas; pero, ¿para qué sirve subir penas si no detienen a nadie?, el problema no es la severidad de la pena, sino la impunidad.

–Usted lo sabe, yo lo sé, pero entonces ¿por qué da votos subir penas?

–Porque hay una especie de desesperación y hay un ánimo social donde la justicia es desplazada por la venganza, por la incapacidad del Estado; entonces, una autoridad parece ser dura, de mano de hierro contra la delincuencia, pero lo hace por la puerta falsa, no se hace por resultados, sino por la popularidad que genera subir la pena.

–La historia ha enseñado que cuando se pide mano dura, se cae en riesgo de dictaduras.

–No creo que México corra ese riesgo, honestamente, pero sí puede haber un fenómeno de populismo punitivo, todos los partidos están presentando iniciativas para subir penas, honestamente yo no creo que eso resuelva el problema.

–Desde el legislativo,  ¿qué sí se puede hacer en materia de derechos humanos?

–Le pongo tres ejemplos: Número uno, abrogar la ley de seguridad interior, que es la expresión legislativa de un modelo fracasado que no sirve para el momento de país; número dos, trabajar en una reforma a la ley de la fiscalía general y un fiscal autónomo donde el ejecutivo no intervenga en su designación y, número tres, garantizar el cumplimiento de las recomendaciones internacionales que recibe México, porque hoy no hay una definición jurídica de que tienen que hacerlo.

–¿Qué aporta al poder legislativo un activista por los derechos humanos?

–Aporta esencialmente tres cosas, primero pone al servicio del país una historia y trayectoria en defensa de las víctimas; segundo una experiencia nacional e internacional para la atención de los compromisos internacionales y; tercero, un puente para que gente y organismos de la sociedad civil lleguen al Senado.

–¿Cómo lo hará sin ese apoyo partidario?

–La gran ventaja es que tengo apoyo de mucha gente, para hacer mi trabajo por lo que no es dispensable depender de partidos.

Con esa frase nos despedimos del Senador sin partido de cuya agenda habrá que estar muy al pendiente.