Nicolás Alvarado: Vivimos una tiranía de la popularidad

Por: Patricio Cortés / Fotografía: Kury Galeana

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Charlamos con Nicolás Alvarado, uno de los periodistas culturales más reconocidos de México, estuvo al frente de Primero Cultura en Primero Noticias, de Final de Partida en Foro TV y por años formó parte de la alineación de La Dichosa Palabra, de Canal 22, hoy lo podemos leer en las páginas de Milenio Diario.

De entrada hablamos del periodismo cultural frente a la redes sociales, donde todo mundo se cree periodista cultural sin que necesariamente tengan la formación para ello: “Yo creo que las redes sociales lo que desatan es un fenómeno de falsa democratización de la opinión, aparentemente todos tenemos voz y podemos ser críticos pero eso genera problemas: problema uno, si todos somos expertos entonces ya nadie es crítico, ya nadie es experto. Creo que este hiperdemocratismo artificioso de las redes sociales lo que ha generado es que, por tener una herramienta tecnológica y capacidad de expresión, nos asumamos expertos. Te voy a poner un ejemplo, yo tengo un teléfono celular con cámara y tengo manos, eso no me hace un fotógrafo, eso me hace un señor con un teléfono celular que tiene todo el derecho a tomar fotos, a publicarlas pero no me hace con un profesional de la fotografía. Creo que ese borramiento de las competencias de la experticidad ha puesto en crisis la producción cultural y la crítica cultural”.

“Un segundo problema es que no necesariamente todos somos libres en las redes sociales, yo no estoy ahí, pero no todos los que están ahí son libres, porque las redes sociales se comportan como un fenómeno de masas. El tren del mame es un fenómeno de masas que obliga a todo mundo a opinar sobre un asunto que quizás no le interesa, que quizá no este informado, que quizá desconozca pero que se siente obligado a opinar para estar en lo que están todos para desarrollar un sentido de pertenencia y para construir una identidad digital. Finalmente las redes sociales a lo que obligan a sus usuarios es a construir una identidad de manera performática todo el tiempo, es decir, yo estoy todo el tiempo en un escenario, entonces tengo que encarnar una serie de valores, tengo que cargar una estética, tengo que aventurar opiniones y eso es lo que me hace existir y ser visto. Esas tres cosas si son muy problemáticas de las redes sociales y que tienen muchas otras bondades, sirven para muchas otras cosas, pero esos problemas siguen ahí”, añade.

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Ante la pregunta de qué debe tener un periodista cultural, responde: “Redes sociales no, las puede tener como ciudadano para ejercer el derecho ciudadano a tener redes sociales, creo que un periodista cultural es un profesional del periodismo que es un género literario; primero, es alguien que sabe escribir, que sabe investigar en campo y en documentos; dos, es alguien que sabe plantear preguntas, construir argumentos; es decir, es un profesional del periodismo que se orienta y que por tanto debe tener conocimientos de las materias”.

En el mismo tenor, advierte: “Ojo, un periodista cultural no tiene que saber de todo, ¿yo soy un periodista cultural?, sí, ¿soy un periodista de danza?, no, porque sé tan poquito de danza como de electrodinámica, por eso no escribo de danza. Creo que un periodista cultural lo que tiene que tener son las herramientas para ejercer su oficio y dominio de las materias de que escribe”.

periodista_nov_03Dentro de dicho contexto, vivimos en una sociedad con la piel sumamente delgada y muchas expresiones desatan polémica, porque “ofenden” a determinado sector, lo que inhibe la crítica periodística y al arte mismo, nuestro entrevistado lo ha vivido y opina: “Creo que también vivimos, y las redes sociales lo exacerban, bajo una suerte de tiranía de la popularidad, todo mundo quiere caer bien, quiere ser simpático, quiere tener likes, tener seguidores, eso deriva en manifestaciones artísticas o periodísticas que tienen tentaciones populistas. Si de lo que se trata es de caerle bien a la gente y de no aventurar ideas, pues mejor haz un club social o de amigos que no necesariamente se dedica al ejercicio de la creación artística o al ejercicio periodístico”.

“Creo que un verdadero periodista o un verdadero artista trabaja para su trabajo, un artista se debe a su obra, un periodista al ejercicio periodístico, no a un concurso de popularidad donde se trata de caerle simpático al público, debe de tener un rigor periodístico o artístico para no defraudar al público que está consumiendo ese producto, pero no debe estar pugnando por la popularidad o por caer simpático. Esa es chamba de las miss universo y los comediantes, no de periodistas y artistas”.

Sobre los orígenes del problema expresa: “Las redes sociales exacerban el fenómeno, pero no es único ni propio de ellas, tiene mucho que ver con la puesta en crisis del pensamiento crítico en las sociedades contemporáneas; es decir, nos da mucho miedo discutir, disentir, debatir, queremos generar una serie de normas y conductas que nos hagan parecer virtuosos a los ojos de los demás y que muchas veces estandarizan el comportamiento. La cultura se produce justamente a través del conflicto, de la crisis, del debate y entre más estandaricemos aquello que se puede o no se puede escribir, que se puede o no se puede publicar, pues menos producción cultural dinámica tendremos”.

“Existe una cosa que se llama la ley, esta debe prohibir manifestaciones que son nocivas, que son toxicas para el bienestar público. Evidentemente el discurso de odio no debe ser tolerado, la apelación de la violencia no debe tolerada, pero, fuera de esos términos que lesionan la cohesión social, las ideas deben ser puestas en juego y en crisis, deben ser confrontadas”, expone quien fuera director de TV UNAM.

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Al hablar de apología de la violencia, le comento que hay quien critica a una telenovela por tener como protagonista a una delincuente, mientras aplaude a una película clásica con temáticas similares, el acota: “Yo no creo que ni El padrino ni Rosario Tijeras sean una apología de la violencia, creo que presentan escenas violentas. Hicieron mucho daño ciertas teorías de las industrias culturales, de la escuela de Frankfort, que pensaban que los medios de comunicación y las industrias culturales nos inoculaban aquello que teníamos que pensar y nos hacían actuar robóticamente, yo he visto muchas veces El triunfo de la voluntad y me parece una extraordinaria película, eso no me hace un nazi, me hace un espectador que dice esta película es ideológicamente deplorable, cinematográficamente muy valiosa. ¿Qué tenemos que hacer para eso? Tenemos que formar sociedades de ciudadanos que sean capaces de pensamiento crítico”.

La charla se da en el marco de la Feria Internacional del Libro del Zócalo (CDMX), por lo que la lectura es un tema que no podemos eludir y Nicolás Alvarado nos da su opinión: “No tenemos las herramientas para leer. Leer es tener las herramientas para decodificar un mensaje, un sistema de símbolos que puede ser verbal, pero también puede ser visual, el cine, la arquitectura, el arte, se leen; el vestido se lee, si veo alguien con un uniforme anaranjado sé que es un empleado de limpia, se pueden leer muchas pertenencias no se lee igual un piercing que una mantita de encaje. El derecho a la lectura es finalmente el derecho al pensamiento crítico, a tener las herramientas para decodificar la realidad, por lo tanto, es indisociable del derecho a la educación”.

“Los gravísimos problemas de nuestro sistema educativo están lesionando nuestro derecho a la lectura, no les estamos enseñando a leer a nuestros hijos”, denuncia.

Remata: “Ser lector es leer libros complejos, que plantean preguntas. Crepúsculo no es un libro, es un producto narrativo, pero eso no forma lectores. Un lector es alguien que utiliza el libro como una herramienta para cultivar el pensamiento crítico, para interpelar la realidad y así mismo, eso se aprende bien en la casa, discutiendo. Si eso no sucede, si no fuimos formados como lectores, no vamos a poder formar a nuestros hijos como lectores, pero entonces tiene que ser en la escuela, quien lo haga ya que es la que tiene un sistema diseñado para eso. ¿Cuál es el problema en nuestro país?, que hay un deficiente formación de nuestro maestros, que hay un abuso clientelar corporativo, que son utilizados como carne de cañón electoral”.