Daniela Luján, celebrando 25 años de carrera artística

Por: Alfredo Ruiz

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Frente a mi tengo a la que fuera la principal estrella infantil, veo a penas una jovencita que ya presume 25 años de carrera artística, es que empezó a los 5 años, sí es Daniela Lujan. De hecho le digo que aparenta bastante menos de 25 años de edad y bromeado me dice “espero que sea por mi físico y no por mi madurez mental”.

“La verdad es que ha sido bastante satisfactorio, son 25 años de mucho aprendizaje, de subidas y bajadas, lo más importante para mí ha sido mantener la esencia del porqué decidí ser actriz y porqué me gusta contar historias, lo cual no se ha perdido durante este tiempo, ni por las ganas de figurar, ni por la misma bola de nieve que te va llevando a veces, y va corrompiendo un poco, pero en mi caso no; he tratado de mantenerlo en ese lugar puro que es el mero amor y la pasión por contar historias, la actuación es mi forma de expresarme. Se me han pasado muy rápido”, nos comenta.

Narra cómo desde muy joven nació su sueño: “Mi referente era la televisión, yo quería salir en la tele y sí fue una lucha con mis papás, porque ellos no querían que fuera actriz, soy la menor de tres hermanas y eso representaba un cambio en la dinámica familiar”.

La pregunta lógica es, ¿cómo una niña de cinco años logra ser actriz, si sus progenitores no están de acuerdo?, ella riendo responde: “Porque desde chiquita se me dio el chantaje y el drama,  ja, ja, ja, todo empezó con mi mamá, –¡Mamá! ¡Mira! ¡Una tía me habló hay un casting para Plaza Sésamo! ¡Llévame! –¡No! ¡No! Yo tengo que ir a trabajar. –Mama ¡por favor! –¡No! –¡Papá! y papá no tuvo forma de decirme que no”.

La actuación es una carrera de muchas presiones y frustraciones, lo cual podría pensarse es mucho para una niña, pero Daniela aclara: “La plasticidad es mucho mayor cuando uno es niño, tenía otro tesón. Me metí a ese casting sin tener idea de lo que era cantar, actuar y bailar; sin embargo, les canté, les bailé, recité, yo simplemente quería mostrar las cosas que yo sabía hacer. Esa valentía, ya no la tengo… Si voy a un casting, lo hago con todo el terror del mundo, como el resto. Yo entré a Luz Clarita por lo mismo, porque vi a un montón de niñas en una oficina y fui a meterme ahí a preguntar qué hacían, cosa que de adulta jamás lo haría ¿sabes?, es otra cosa completamente distinta. De niña los rechazos -que me tocaron fueron pocos-, y los regaños al estudiar actuación no los veía como algo frustrante, era parte de mi aprendizaje”.

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No obstante la adolescencia es distinta, duele y pesa más lo que dicen los medios, con su cautivadora sonrisa lo acepta y luego narra: “A esa edad mi mamá decidió que me saliera un poco del medio artístico, lo último que hice en ese momento fue Cómplices al rescate, después de eso mi mamá dijo: “retírate un rato”, y fue la muerte. Empecé a trabajar desde los cinco pero mi época fuerte fue a partir de los siete, que yo no paraba y estaba acostumbrada a ese ritmo. Cuando mi mamá me pone este freno fue de ‘¡tú quieres acabar conmigo y con mi carrera! ¡Tú me odias!’ (Coloca su muñeca en la frente en señal de melodrama). No dejé de trabajar como tal, pero de lunes a lunes pasé a de jueves a domingo, tuve chance de salir con mis amigos, tener novio y tener la experiencia normal que tiene cualquier adolescente. Eso me enriqueció muchísimo y ahora que lo veo en retrospectiva, se lo agradezco a mi mamá, porque me dio una madurez distinta”.

Habla del resto de su carrera: “Tuve varios proyectos de teatro, me fui a conducir a Estados Unidos “Una familia de diez”, que fue mi regreso a la televisión, seguí haciendo teatro, que me gusta muchísimo. Ahora que tengo 25 años de carrera y 30 años de edad, me gusta ese equilibrio de tener tiempo para mis cosas de mi familia y mis amigos, así como para trabajar. Antes no era así, porque estoy adecuada en la vieja escuela de que uno solo falta al trabajo con su acta de defunción y ya lo veo distinto, ahora busco un equilibrio, imagínate, llegué tarde a la boda de mi hermana (mueve la cabeza), ahora tengo dos sobrinos que están padrísimos y quiero estar en lo que crecen”.

Asegura que ella no se perdió la infancia: “No fue una infancia pérdida, fue es distinta y no me arrepiento para nada. Creo que la magia, lo divertido y la fantasía de la infancia, a mí se me potencializó. Tuve esa fortuna de… para mí era un juego eterno estar grabando, estar haciendo un juego de rol todo el tiempo, haciendo cosas que en mi vida pasarían: estaba jugando, era una huérfana, cuidaba el jardín, pude viajar mucho, conocer a muchas personas. Era muy consentida”.

Sale al tema del fenómeno de los llamados niños Disney, que al crecer se la pasan en escándalos, lo cual no pasó con Daniela, y nos explica: “Yo ahí les agradezco mucho a mis papás. Ellos ni querían que yo me dedicara a esto, porque no eran artistas frustrados (eran profesionales de la salud bucal), y entonces supieron tenerme siempre con los pies sobre la tierra. Te voy a contar una anécdota, yo era la niña del momento, era ¡Luz Clarita!, de aquí para allá, era yo la consentida. Entonces hay una juguetería de Estados Unidos que se llama Toys ‘R’ Us, una tienda gigante llena de juguetes y la cerraron para que escogiera lo que quisiera, y yo fascinada, mi mamá dijo ‘escoge uno y ya’; los de la tienda, –No pero señora, es para ella, los que quiera, –Estoy educando aquí, ¡uno y ya! Y escogí nada más un juguete que fuera práctico para viajar y yo de todas formas fui feliz con ese juguete. Es el ejemplo claro de la visión de mis papás, porque junto con los niños que se pierden se pierden sus papás y no hay quien los ancle, ¡ya sabemos las historias!”

De hecho, emocionada, nos habla de que están escribiendo nuevos capítulos de Una familia de diez y todo parece indicar que en enero empezarán las grabaciones de la nueva temporada, donde alterna nuevamente con titanes de la comedia como Eduardo Manzano y Jorge Ortiz de Pineda. Incluso hace poco la montaron en teatro: “Todo mundo movió todo para poder estar en la temporada de teatro, porque nos encanta”.

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Actualmente está en la gira del montaje Cosas de Papa y mamá, obra de la que comenta: “Desde este lugar de risas lleva a la reflexión de lo que hacemos con las personas de la tercera edad que vamos relegándolas porque creemos que las nuevas generaciones tienen la verdad absoluta y no escuchamos su experiencia.”

El teatro de comedia implica un doble reto, pues puede haber días no tan buenos, en un drama el actor difícilmente vera la reacción del público, pero en una comedia las risas se oyen o de lo contrario ocurre el más cruel de los silencios, Daniela Lujan comenta: “¡No sabes el estrés que es!, pero también vamos leyendo al público, de repente hay gente que no es que se la esté pasando mal, sino que los que se ríen como para adentro, se juntan en una sola función y no es la carcajada explosiva a la que estamos acostumbrados y luego hay gente que le cuesta más trabajo entrar al mood de la obra, uno va aprendiendo y va conociendo las necesidades de cada público y tenemos a dos maestros que son Susana Alexander y Jorge Ortiz de Pinedo, que se la saben de todas todas, y van modificando el ritmo para que la gente entre a nuestra comedia”.

Para finalizar, se describe: “Soy una mujer centrada, enfocada en lo que quiero ser, en mi trabajo, en los seres que quiero, con mucha energía, tengo muchas ganas de viajar y de trabajar fuera del país. Soy una mujer independiente que últimamente ha descubierto de todas las herramientas psicológicas y emocionales de las que me he hecho en todo este tiempo, que de pronto me sorprenden y me gustan. Sobre todo estoy muy contenta con la versión que soy yo, me he forjado a mi gusto, y eso me hace estar plena”.