La zozobra de las mentiras

Por: Juan Danell Sánchez / Fotos: Ixbalanqué Danell Pérez

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Tiempos de ira y zozobra, de encono social. Inicia la era en la que el pueblo se enfrenta al pueblo, pobres contra pobres, clase media contra clase media: pelean sin sustancia que le dé soporte a sus alegatos con los que han fraguado odios absurdos, cuyo único alimento es el rencor y la tozudez de quererse hacer escuchar sin tener algo que decir y realmente abone a construir una mejor sociedad, un mejor país.

La cerrazón es credo y doctrina de la polaridad social en la que ha caído la sociedad mexicana, bueno, de la clase media para abajo, porque los dueños del capital, de las grandes empresas ni sufren, ni se acongojan: su futuro está asegurado, como siempre lo ha estado.

Se puede suspender un proyecto de miles de millones de dólares, en el que ya exista inversión en curso, pero eso no hace mella a las grandes empresas, su dinero está asegurado mediante contratos y penalizaciones, además de que serán ellas mismas las que obtengan los nuevos proyectos de obra pública, con otros nombres y razones sociales, peros los dueños del capital siguen siendo los mismos. Nunca pierden.

Los dueños del poder económico no pelean por un símbolo o una promesa, están muy por encima de esa retórica. Ellos se disputan los procesos productivos que generan la mayor cuota de plusvalía, la ganancia que les permita acumular cada vez más riqueza, ya que eso se traduce en poder, un poder que somete al poder político y hace de la política un instrumento de dominio a su servicio.

Los políticos existen por periodos en los cargos públicos que ocupan, que son como rueda de la fortuna, unos días arriba, otros abajo, pero siempre atrapados en ese círculo vicioso del poder acotado por el dueño del juego mecánico. El día que se bajan de él, desaparecen.

Los dueños del capital pueden cambiar de color, migrar, subir, bajar, comer pinole y chiflar, y nunca se ahogan. Sacrifican, de ser necesario, sectores completos de la producción y de la sociedad para mantenerse a flote, pero siempre lo logran, muestra de ello es que las grandes empresas persisten en el tiempo y en el espacio.

Ese poder es lo que les da la supremacía sobre los políticos y gobernantes. Y no están dispuestos a sacrificar parte alguna de su riqueza para beneficiar a quienes les sirven como herramientas de trabajo para generar sus ganancias.

Los dueños del capital no están dispuestos a compartirlo, porque hacerlo sería tanto como bajarse de la rueda de la fortuna, en el caso de los políticos. El capital, para que sea capital tiene que acumular la mayor riqueza posible, sin importar el costo de ello, porque en función de eso está la medida del poder que debe tener para poderse reproducir y permanecer como modo de producción dominante.

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Los Estados y gobiernos funcionan como empleados del capital, para mediar y hacer posible el sometimiento de la sociedad al servicio del capital con el trabajo de los obreros en las fábricas y de los empleados en las oficinas de las empresas, unos en la fabricación directa de mercancías y otros en la creación de tecnologías y administración de la operación de los procesos productivos para hacerlos cada vez más rentables.

Por esto mismo no es de sorprender que un gobernante anuncie “alianzas” o trabajo conjunto y coordinado con los empresarios, con los dueños del capital, para gobernar. No podría ser de otra forma mientras se mantenga este sistema de producción.

Y en ello el político cabalga de la mano de los tres jinetes del apocalipsis de los tiempos actuales de México: corrupción, impunidad y simulación, que conforman un coctel trágico para el futuro del país.

Vale citar una parte del artículo La lucha contra la corrupción: su importancia es evidente de Kristalina Georgieva, directora general de Banco Mundial.

“La falta de transparencia alimenta la corrupción, una fuerza corrosiva que afecta más a los pobres y los vulnerables. Sus efectos son muy reales. La corrupción impide que los medicamentos y drogas lleguen a los enfermos, imposibilita la construcción de escuelas, lleva a que los caminos desaparezcan con las lluvias y vacía el erario. En los rincones en situación de mayor fragilidad del mundo, la corrupción socava la labor encaminada a lograr la estabilidad o a impedir el arraigo de la violencia y el extremismo.

Lo más importante es que la corrupción quebranta la confianza entre los ciudadanos y el Estado, confianza que es fundamental para que el desarrollo produzca resultados. Sabemos que la mala gobernanza es uno de los cuatro factores que provocan pobreza, junto con los conflictos y la violencia, el crecimiento incontrolado de la población y los efectos del cambio climático y los desastres naturales…

“La lucha contra la corrupción es fundamental para generar confianza en el Gobierno y también es un componente esencial del crecimiento económico sólido y sostenible.”

Pero, bueno, en México se perdona a los corruptos, así de sencillo, y se promete el abatimiento de la pobreza y todos los males del capitalismo. Es como escuchar un ruido, un puro ruido.