Alberto Barranco, cronista de la Ciudad y de la economía

Por: Patricio Cortés / Fotografía Cortesía del entrevistado

periodista_dic_01Hoy entrevistamos a Alberto Barranco, quien además de ser un importante cronista de la Ciudad de México, es un destacado columnista de temas económicos; es decir, ha hecho nombre en dos géneros muy distintos del periodismo, tanto en prensa escrita como en medios electrónicos.

“Me gusta escribir de una forma literaria y eso se puede hacer en la crónica, no así en el periodismo financiero que es bastante seco digamos. Me agrada la crónica desde luego, pero el periodismo financiero, también tiene su importancia, sobre todo el que yo ejerzo, que es la crítica”, nos refiere.

Reconoce que los temas financieros no siempre atraen lectores: “La gente no está muy ávida de leer ese tipo de cuestiones, son áridas, en ocasiones farragosas, se emplean  términos que no necesariamente entiende. Si en un periódico el 80% lee los artículos, de ese 80% el 20% leerá las columnas financieras; sin embargo, lo que yo trato de hacer es acercar a la gente; o sea, trato de hacer una columna que en un momento dado sea entendible. Quisiera yo que la gente entendiera los términos, por eso yo se los explico, a veces, algunos compañeros piensan que es excesivo, pero no necesariamente podemos entender que estén entendiendo lo que uno escribe”.

“El periodismo no es nada más para una elite, mis compañeros básicamente escriben para la elite empresarial, yo trato de escribir para el pueblo, para la gente común y corriente, porque son temas que les afectan, finalmente la economía, las finanzas, el presupuesto, todo incide en la vida de la gente para bien o para mal. Lo importante es que la gente esté inmiscuida en ese tipo de temas porque tarde o temprano le van a afectar, cuando quiebra un banco, de alguna forma arrastra a la clientela, cuando se dan algún escenario de falta de confianza o cuando se cae la bolsa en alguna forma va a afectar a la clientela. Cuando hay cierto tipo de obstáculos para que se firmen acuerdos comerciales también se va a afectar a la gente, quizás no en forma directa, no son dueños de una empresa, pero finalmente el trabajador que está en una industria es parte del eslabón para llegar a un producto a cualquier país del mundo”, añade.

Sobre la administración entrante, opina: “Creo que es un sexenio que habría que acostumbrarnos a un estilo diferente, la parte fundamental es que separa el poder económico del poder político, porque los grandes consorcios estaban influyendo demasiado en la política. Me parece sano que cada uno esté en su ámbito, finalmente los empresarios son los que crean la gran masa de empleos que requiere el país, pero el gobierno está para apuntalar, no puede prescindir de su misión que es reguladora, tiene que buscar la forma en que se equilibren los elementos que confluyen en la economía. No se pueden tolerar excesos abusos, ni cierto tipo de cuestiones que son de privilegio para las empresas, hay una gran cantidad de empresas que han tenido una serie de cuestiones fiscales, que les han condonado impuestos por mucho dinero, eso se tiene que acabar. Tiene que haber un marco de respeto entre uno y otro, se trata de convivir en un escenario donde quizás van a ser complementarios, pero no necesariamente por ello tienen que ser compadres”.

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En el siglo pasado, ante cualquier regulación se decía que nos convertiríamos en Cuba, hoy se dice que será en Venezuela, al respecto el periodista acota: “Ese es parte de un escenario en donde, cuando se afectan este tipo de intereses, evidentemente hay una reacción y ha sido exagerada al punto de que cualquier cuestión se magnifica. Por ejemplo, en este momento están cayendo en la bolsa de valores las acciones de las empresas mineras por un intento de presentar una reforma a la ley minera, que finalmente la tienen todos los países del mundo. Lo único que se está pidiendo es que el gobierno cumpla su papel y supervise a las empresas mineras; las minas afectan gravemente la vida de las comunidades, hay que resarcirlas, si esto no se da, bueno, entonces se le quita la concesión. Eso causó un revuelo tremendo, pero es parte de un escenario”.

Sobre la posibilidad de caer en una sobrerregulación, expone: “En un país donde la corrupción se ha dado de un forma bestial, podemos decir que las leyes se hacen a modo para que los funcionarios las interpreten, en consecuencia siempre hay la forma para que el ciudadano le pague alguna mordida al funcionario para que se haga de la vista gorda, para que le dé el permiso, el contrato y demás. Creo que ese tipo de cosas son las que no se pueden tolerar, tiene que haber leyes lo suficientemente claras para que no haya necesidad de interpretarlas, de hecho, ningún funcionario tendría porqué interpretar leyes, las leyes son así y así deben ser. Eso para mí es la regulación del Estado, lo demás evidentemente es sobrerregulación, cuando se mete en la ley una palabrota, esa palabrota le da la pauta para que el funcionario pueda negociar con las personas ¿Cuántas veces se ha transformado la ley en relación con las compras de gobierno? y ¿cuántas veces seguimos escuchando casos donde el gobierno emplea la ley a su modo para que las empresas favoritas, o las que le dan el dinero al que va a dar el contrato, sean las que lo ganen? Tendrá que buscarse una fórmula para que las leyes se cumplan tal cual y no haya motivo de interpretación, para mí ese es el equilibrio”.

Reconoce que las cifras que se manejan con frecuencia pueden ser engañosas en la economía: “Efectivamente, las cifras, los datos, se pueden manejar de tal forma que parezcan buenos cuando no lo son tanto. Normalmente las empresas que cotizan en la bolsa sacan rápidamente sus datos cuando las ganancias fueron buenas; cuando no, los mandan hasta el final y le dan la vuelta para que no se vea tan feo el panorama. Lo mismo el gobierno, por ejemplo, el Seguro Social dice ‘tenemos un fondo que nos permite mantenernos sin problemas hasta el 2030’, lo que no dicen es que, detrás de ese fondo que se creó, está una situación que afectó gravemente a la medicina social porque no se crearon más hospitales, no hubo más enfermeras, las medicinas fueron muy escasas. En fin, ese tipo de cosas son las que no se dicen y que en el escenario de los números se pueden interpretar de diferente maneras”.

En el mismo tenor, el columnista de El Universal habla de la función del periodismo: “La prensa debe ser un elemento de vigilancia, yo no creo en la prensa servil, la prensa debe ser critica por naturaleza. Una prensa que elogie al funcionario no le sirve de nada a la sociedad. Cuando digo crítico, se puede incluso, dentro del marco, resaltar lo que sea bueno, si uno tiene una determinada forma de pensar y el gobierno camina a ese lado, no es malo elogiar; pero, repito, la labor de la prensa es ser un vigilante constante, se ha tomado como cuestiones personales y no es por ahí, la prensa no debe de mezclarse ni con el poder púbico ni por el poder privado, no creo en el hecho de que se vuelvan compadres, la prensa independiente es la que le hace bien al país”.

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La otra arista de Alberto Barranco es la de cronista de la Ciudad de México, su programa Leyenda Urbana se transmite por radio y por televisión, los cuales han abierto el camino para otros programas del género: “Yo empecé con la crónica en radio, no era muy común, es un medio volátil, meter la crónica ahí era difícil, pero yo tengo un programa desde hace más de 12 años en Radio Red los domingos, donde les cuento crónicas e historia de la Ciudad de México. Afortunadamente tenemos una buena aceptación, tan es así que saltamos a la televisión hace 10 años en el canal 40 (TV Azteca) y que ahora haya muchos programas, antes ningún canal lo hacía, me parece muy bien, entre más se difunda este tipo de cosas, mejor.”

Refiere: “Uno debe arraigarse en la ciudad donde se nace, debe profundizar y a mí me gusto desde muy pequeño hurgar en los archivos. De alguna forma yo tuve acceso a archivos importantes de carácter eclesiástico y ahí empecé a hurgar en las iglesias centenarias, bicentenarias y algunas tricentenarias”.  

“Soy católico, desde niño era acolito de una iglesia muy importante y ahí había un archivo que incluso remitía a lo que había pasado durante la persecución religiosa, yo tuve acceso a ese archivo y simplemente fui ampliando la investigación y logró que el Arzobispado de México me diera acceso a ese tipo de documentos. Fui dos veces director de una revista católica que se llamaba Señales”.

Egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, para concluir, nos cuenta cómo fue su llamado a este oficio: “Desde muy pequeño me guastaba escribir, cuando yo estaba en la primaria escribía cuentos, relatos, quizás sin ningún valor literario, pero me encantaba hacer eso. Entonces, en consecuencia, pues busqué la forma de meterme al periodismo”.