Viaje de Álvaro de Sayavedra a las Molucas — Dio lugar al comercio global a través de la Nao de Filipinas

Por: Arturo Ríos

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En 1524, la conquista avanzaba, Gonzalo de Umbría había recorrido las costas del Sur, en la zona de Zacatula y dentro del perímetro, que llamó Ciguatan.

Una vez enterado por los informes de Umbría que le detallaba pormenores de la zona de Zacatula, Hernán Cortés promovió la conquista de la zona Tarasca y envío a Gonzalo de Sandoval quien dominó a aquellos guerreros.

Sandoval escribió a Cortés la Relación de la provincia y ávido de congraciarse con el rey, en su cuarta Carta de Relación, fechada el 15 de octubre de 1524, con este informe y de los de Umbría, enteró al soberano sobre la existencia de un puerto en el Mar del Sur, donde aún no había ninguno, es decir Zihuatanejo y que ofrecía riquezas, permitirían avanzar en sus objetivos en beneficio de la Corona.

En los años de 1519 a 1526, entre los diferentes cronistas e historiadores encontramos que el apellido de Álvaro, unos lo escriben De Saavedra, que es de origen Gallego, que son los más, pero anotaremos Sayavedra, de la zona Vasca, como lo escriben quienes lo conocieron, fueron Hernán Cortés, su primo, Vicencio De Nápoles que viajó con él desde Zihuatanejo a las islas Orientales y el mismo Bernal Díaz del Castillo.

Hernán Cortés tenía preparado un viaje a Castilla, pero antes cumplió con la orden del Rey Carlos I, de que enviara una flota a las islas Molucas desde Zacatula, y Cortés nombró capitán de la misma a Álvaro de Sayavedra Cerón, su primo.

Álvaro de Sayavedra, anota en su bitácora, que fueron dos barcos y un bergantín, los componentes de la flota.

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Una vez que Sayavedra se enteró que sería el capitán de la flota y por lo tanto responsable de tan delicada misión, se fue a Tehuantepec, Oaxaca, había arribado un barco, que era de los que habían salido de Castilla en el viaje realizado por Fray García de Loayza.

En el mencionado navío venía por capitán Ortuño de Lango, natural de Portugalete, un municipio de Vizcaya, al norte de España, perteneciente a la comarca del Gran Bilbao.

Sayavedra se reunió con él y los dos pilotos e informaron de los pormenores de la región oriental y la situación que prevalecía con la presencia de los portugueses; personal hispano de la flota de Hernando de Magallanes y Loayza, así como el asunto de las especias y otros pleitos que había entre los isleños. Información valiosa para quien desconocía por completo esa parte del mundo.

 

Álvaro de Sayavedra Cerón sale de Zihuatanejo a las Molucas, Indonesia y Filipinas

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Año de 1527, Álvaro de Sayavedra Cerón con su equipo  salieron de Zihuatanejo, provincia de Zacatula de La Nueva España, el 31 de octubre de 1527.

Las embarcaciones al mando de Álvaro de Sayavedra contaban con treinta piezas de artillería, muchas provisiones y equipo de rescate, como convenía para tan importante y larga aventura, nombró a un inspector de las acciones a realizar y un contador para la buena administración del viaje.

Sayavedra llevaba en sus alforjas cinco cartas: para los integrantes de la armada de Sebastián Caboto; para el mismo Caboto; para el Rey de la isla o tierra adonde arribase; para el Rey de Cebú y para el Rey de Tidore.

También llevaba plomo, tiros, medicinas, ungüentos y demás, asimismo ballestas, escopetas, corazas, lanzas y otras muchas cosas, como tres piezas de artillería de bronce, ocho arcabuces de fierro y otros útiles y pólvora.

El primero de noviembre del mismo año, de 1527, la flota de Sayavedra navegó ocho leguas hacia el suroeste, en el trayecto murió un cirujano, al que conocían como el maestre Francisco. Su cadáver fue echado al agua, como era la costumbre entre los marineros.

Del 6 de noviembre al 7 de diciembre, la expedición ya había recorrido 138 leguas marítimas españolas por el Pacífico, rumbo al destino trazado.

Pero antes del 13 de noviembre, la embarcación en la que viajaba De Sayavedra presentó problemas, descubrieron que había una severa filtración de agua y surgió la amenaza de un naufragio que llenó de zozobra a la tripulación.

Se tomaron las precauciones del caso y los marinos se turnaron en grupos para luchar contra la contingencia y realizar las reparaciones correspondientes a fin de continuar el viaje con seguridad.

El 23 de diciembre, llenos de algarabía vieron muchas aves: blancas, pardas, algunas semejantes a las de España y otras desconocidas para ellos.

Para el 28 del mismo mes, después de que se puso el sol, cambió el piloto la ruta para buscar islas que permitieran el desembarco.

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El 29 por la mañana, avistaron una Isla a la cual se dirigieron, costeándola y vieron cinco o seis velas; fueron sobre ellas para hacer contacto con sus ocupantes y saber de dónde eran, huyeron todas. El piloto certificó a Sayavedra que aquella isla era la de los Ladrones, donde le hurtaron a Magallanes la embarcación.

El 1° de enero de 1528, por la tarde, llegaron a una isla que tenía otras dos pequeñas, todas de tierra baja; recorrieron una parte de ella hasta 30 leguas, y anclaron frente a ella. Por la mañana mandó Sayavedra que fuese el piloto en la barca a ver si se podían acercarse más a la isla.

Fue hasta el cuatro de enero cuando llegaron a las islas del archipiélago de Guajan, fueron las primeras con posibilidad de fondear que localizaron desde que habían salido de Zihuatanejo.

Ese día, Sayavedra pisó tierra, llevando consigo al piloto y algunos hombres para buscar agua. Hizo hacer un hoyo y salió agua salada. Fue a otra punta más alta y hallaron agua buena, dulce, tomaron doce pipas, suficientes para mitigar la sed de todos y mantener un buen abasto del preciado líquido.

Así, Álvaro de Sayavedra, fue penetrando en aquel mundo conformado por más de siete mil islas, de sorpresa en sorpresa, como enterarse que después de que los nativos mataron a Magallanes, su tripulación fue traslada a China, vendida como esclavos.

Tuvo enfrentamientos con flotillas portuguesas, en esos tiempos la más poderosa de los mares, salió victorioso y en cada punto obtenía información sobre las especias que eran el producto que realmente interesaba a la Corona pues era el  mercado más valioso en Europa.

Álvaro recorrió aquella inmensa zona por dos años y medio, ya contaba con una abundante información ejemplares de plantas y todos los pormenores para establecer el comercio de España con las especias. Era la hora de regresar.

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Era el camino de retorno a la Nueva España, la bitácora de Álvaro de Sayavedra Cerón, precisa por su letra que era el 30 de agosto de 1529 y detalla día a día las peripecias que enfrentaba en el recorrido, de manera que de esa fecha, al dos de octubre del mismo año, llevaba un avance de 313 leguas en la búsqueda de los vientos favorables que lo regresaran al Mar del Sur.

Relata algunos contratiempos como la copiosa lluvia que alborotaba el mar, de los vientos severos que sacudían la nave y el encuentro de tres islas en las que ya no  hizo visitas; así como la localización de una barca que los nativos de Cebú le habían hurtado.

Su decisión estaba puesta en la Nueva España, de donde había partido; rendiría el informe de sus actividades, demostraría el cumplimiento de su deber y ser el primer navegante que había logrado descubrir el camino que nadie, hasta ese momento, había encontrado. Este fue el final de su informe.

Lo que siguió ha quedado en la duda del misterio y la especulación, la carencia de piloto produjo la zozobra, la incertidumbre e inseguridad sobre la tripulación, faltaba la guía, la toma de decisiones, la experiencia, punto vital en toda embarcación. Todo sobrevino por la desgracia de la muerte del capitán Álvaro de Sayavedra Cerón.

Este viaje, fue el que propició que Andrés de Urdaneta y Ceráin, quien, se dice, basado en la bitácora de Sayavedra, llegó el 8 de octubre de 1565, tras un recorrido 7 644 millas náuticas, 14 157 km en 130 días a Acapulco y así comenzó la primera expresión del Comercio Global de la Nueva España, con el mercadeo de la Nao de China durante 250 años.