Yucatán: “Tienen tus ojos un raro encanto…”

Por: Joel Hernández Santiago / jhsantiago@prodigy.net.mx

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De pronto, como si nada, a las doce de la noche el Paseo de Montejo, en Mérida, Yucatán, parece medio día. La gente hace eso, precisamente, pasear, refrescarse, convivir, caminar, tomarse de la mano las parejas y aquí o allá un beso furtivo entre ellos y ellas, que así es.

… La placidez no es cosa sencilla, es cosa de ser gente de a pie que quiere seguir a pie porque sólo así se conocen y pueden vivir y sólo así están mano a mano y, esto, se consigue si hay confianza y seguridad para hacerlo.

Y uno se confía a la vista de una de las avenidas más hermosas de México y del mundo. Las casas que son palacios, con sus frontispicios y escaleras en hemiciclo, torres y ventanas mirando al sol, patios y jardines inmensos y bordeados de rejas que son orfebrería. Y las arboledas y la vegetación y la floresta que aparece aquí y allá como Pedro por su casa…

Y en el encanto de sus ojos como si fueran de niño, a uno se le pasa el tiempo porque ahí ese generoso espacio que existe entre el nacer y morir se aquieta y como si no pasara nada, pero pasa todo, y de pronto ya es otro día y uno viene de regreso sobre los mismos pasos a deshoras: no importa. Sí importa.

…Porque nosotros con el síndrome de la capital de México ahí, sumidos en nosotros mismos, aterrorizados a tales horas de aparecidos ya desparecidos, nos reconforta recordar que estamos en uno de los lugares más seguros del país. No en balde es una de las ciudades más confiables de la República Mexicana…

Yucatán cuenta con la menor incidencia en delitos de alto impacto, lo que incluye la tasa de homicidios dolosos más baja del país. Esto es:

De acuerdo al reporte de Incidencia Delictiva del Fuero Común 2018 del Sistema Nacional de Seguridad Pública, durante el primer trimestre del 2018 en Yucatán se reportaron cero secuestros y 11 homicidios culposos, cifras muy por debajo del promedio nacional.

Tan sólo durante el mes de enero, en Yucatán se reportaron 994 carpetas de investigación por presuntos delitos, es decir, cada día se cometieron 32 delitos. En cambio, durante ese mismo período a nivel nacional se denunciaron ante el Ministerio Público 146,561 hechos delictivos y 2,156 homicidios dolosos; por lo que Yucatán registró sólo el 6.8 % de las denuncias del país y el 0.13 % de los homicidios dolosos de ese periodo.

La gente lo sabe ahí y camina segura. El respeto a la policía de vigilancia es evidente, porque son respetuosos y se hacen respetar. Y porque no hay necesidad de corrupción de mano a mano porque las infracciones son pagadas puntualmente en una Mérida con cargas de tránsito pero sin congestionamientos graves ni agravios –o muy pocos- de unos con otros…

Pero es eso: a Mérida, que es la capital, los yucatecos la quieren y la cuidan, la mantienen pulcra y ordenada. Ciudad Blanca se le dice. Ahora lo es porque predomina el blanco de sus fachadas, pero no lo fue así en origen, pues la capital de Yucatán era una ciudad amurallada construida por los blancos españoles a la que no permitían acceso a los indígenas o mestizos: la zona blanca, ciudad blanca, no apta para no blancos… Hoy ya no: hoy todos tenemos un lugar cerca del cielo de Yucatán…

Hay versiones que coinciden en que el nombre Yucatán resultó de una confusión entre los mayas y los primeros exploradores españoles hacia 1517. Según esto, un explorador hispano preguntó a un indígena maya el nombre de la región. El indígena probablemente le respondió Ma’anaatik ka t’ann que en maya yucateco significa ‘no entiendo tu hablar’ o ‘no te comprendo’.

También se dice que los españoles le dieron el nombre de Yucatán a la región porque los mayas contestaban a sus preguntas con la frase uh yu ka t’ann, que significa ‘oye como hablan’, y que los españoles entendieron Yucatán. Otros dicen que Yucatán proviene del maya Ci u t’ann, que significa ‘no entiendo’. De todos modos los españoles tradujeron el vocablo como Yucatán.

Se dice que la versión del “no te entiendo” fue de fray Toribio de Benavente Motolinia, que al final del capítulo 8 del Tratado III de su Historia de los indios de la Nueva España dice:

“…porque hablando con aquellos Indios de aquella costa, a lo que los españoles preguntaban los Indios respondían: “Tectetán, Tectetán”, que quiere decir: “No te entiendo, no te entiendo”: los cristianos corrompieron el vocablo, y no entendiendo lo que los Indios decían, dijeron: “Yucatán se llama esta tierra”. Mientras que Bernal Díaz del Castillo, en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, escribió que Yucatán quiere decir “tierra de yucas“, planta que era cultivada por los mayas y que constituía un importante complemento alimenticio para ellos.

Yucatán se erige como un estado del país en donde hay gente que habla con acento propio, que platica con sonrisa permanente y abraza de forma fraterna con la mirada.

Orgullosos de su cultura maya, conocen las aportaciones que sus padres fundadores hicieron a la ciencia, como es haber descubierto el “Cero” y su importancia; conocedores de la astronomía; conocedores de los ciclos de la vida y de la naturaleza; más sabios que guerreros; más de introspección que de estruendo; su arquitectura original dibuja a mayas con sensibilidad en el arte, la cultura, la pintura y el sueño de nunca acabar…

Y su comida tan suya y de todos, y su música -la de antes y después-, la de toda la vida y las caminatas por aquí o por allá en la plaza de la Independencia, con su catedral e iglesia en piedra caliza y su arboleda que es refugio de quienes queremos admirar la luz y por un momento sentirnos yucatecos desde el corazón porque el corazón dice que aquí quiere quedarse…

“… no te olvides, no te olvides de mi tierra… no te olvides… no te olvides de mi amor…”