SUEÑO DE UNA LLUVIOSA NOCHE DE VERANO

Por: María Teresa Rodríguez Almazán

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Te presentí tan mágico y especial que pensé que podía permitirme soñar. Tu mirada  vehemente no se apartaba, despertando mis inquietudes y entonces decidí que, a pesar de todo, podía  ser.

Tuve la complicidad de mi mejor amigo. Preparamos la escenografía aparentando que todo era casual y espontáneo, aunque en realidad no sabíamos cómo terminaría aquella noche.

Debo confesar que inusualmente, no estaba nerviosa a pesar de los intentos de José Luis por persuadirme, pues él también deseaba, aunque no lo reconociera.

Los minutos pesaban. Llegaste más tarde de la hora acordada. Adujiste que era por la lluvia, que indiferente a mis propósitos, caía sin cesar.

Parecías un lobezno perdido. El cabello se adhería a tu cara y cuello, dándote un aspecto indefenso. Te mostrabas confundido. La mirada expectante, a la par de tu respiración.  Oteabas el ambiente, tratando de adivinar qué era lo que iba a suceder.

Para que te relajaras, José Luis te ofreció tequila. Lo tomaste a pausas, con cautela.

Yo evitaba mirarte a los ojos porque sabía que ya nada ni nadie me apartaría de tu lado y en contraposición con mis deseos primitivos, estaba cierta que no había ningún camino para nosotros.

Juegos insulsos para prolongar la noche y tu estancia.

Tal vez ayudado por el ron lograste relajarte.

Volviste a ser tú, queriendo dominar la situación. Te dejamos ser.

Estábamos sentados en el piso jugando cartas y escuchando música tenue. De pronto, te acercaste y me diste un beso. José Luis tuvo que admitir su derrota a pesar de haber estado encantador e insinuante en exceso.

La cama y la noche nos aguardaban. Me envolviste con tu cuerpo y aspiraste mis sentidos y mi espíritu. Jornada cibelina y recóndita, musitando apenas sortilegios y suspiros.

Al fin, te quedaste dormido y yo, en mi vigilia, contemplé tus sueños.

Significó demasiado pero no debía ser.

Cuando despertaste, la conciencia y los hábitos resurgieron.

La realidad y la húmeda mañana compartieron mi verdad.