Sentidos atrapapados

Por: Juan Danell Sánchez / Foto: Ixbalanqué Danell Pérez

danell_ene_01

Y suelta la canción, cargada de nostalgia y arrepentimiento escondido, “diciembre me gustó pá’que te vayas, no quiero comenzar el año nuevo con este mismo amor que me hace tanto mal”, y hasta la piel experimenta escalofríos y se pone chinita, dice los que se van. De esa forma inicia lo que se tenga que hacer cada añada en estas tierras del Altiplano, y el decir ajusta a una actividad por demás noble y quijotesca, decía el buen amigo y mejor reportero Antonio Castellanos: hacer periodismo.

Así de llano y así de abrupto marcó su raya el nuevo poder Ejecutivo para con la prensa que no se alinee y ajuste a su forma de pensar, decir y actuar. En los años de la Guerra Fría del mundo, Guerra Sucia para México, esto mismo se concibió como “si no estás conmigo, estás contra mí”, y se lo atribuyeron -el dichito éste- a León Trotsky, como una forma de decir radicalismo en la lucha de izquierda, vaya comunista. Los capitalistas presumían tolerancia e inclusión, democracia con tolete en mano.

Cierto o no el decir trotskysta, en los tiempos que hoy peligran a los días por vivir, la figura de poder presidencial consuma esa premisa, que le aplica a la prensa para dividirla aún más de lo que está, y de forma tajante: cero libre pensamiento, cero crítica, cero oposición, todo para que algo enturbie su mandato, aunque la razón exista para ello.

Y esto lleva a que con el cambio de Gobierno de la República, dicen algunos periodistas aviesos, se presenta una gran oportunidad para cumplir ese principio fundamental del periodismo y la reporteada en las dos vertientes fundamentales de esta disciplina que no llega a ser ciencia: informar la realidad lo más apegado posible a ella misma y, con base en esto, acotar el poder del Estado y del capital. Y en ello ejercer la crítica como algo imprescindible de la libertad de expresión y el derecho a la información: como si todo esto no estuviera consagrado en la Constitución Política de Los Estados Unidos Mexicanos en sus artículos Sexto y Séptimo, o no fuera un principio universal de los derechos humanos y la práctica democrática de las relaciones sociales de producción, y se ejerciera desde siempre por un buen número de reporteros. Los otros, siempre lacayos.

Cierto es que las declaraciones y actitud del presidente en turno, que asumió el cargo el 1 de diciembre de 2018, segregan, discriminan, insultan, pero sobre todo amenazan a esa parte del sector de quienes ejercen este noble oficio y de los que (algunos) por convicción y con bases éticas en el ejercicio del periodismo no están de acuerdo con él, y los otros que, además, se ven diezmados básicamente por cuestiones monetarias o pérdida de canonjías a las que ya estaban acostumbrados con los gobiernos anteriores y hoy no son parte del equipo en el poder.

Fuera de ese matiz discriminatorio, que denota el resentimiento clasista del culto a la personalidad y saca a flote los complejos profundos de un ser mínimo, vengativo ebrio de poder; el periodismo crítico y comprometido con la ética y la enorme responsabilidad de abrir espacios en los medios de comunicación para darle voz a los que la tienen negada, en México siempre se ha ejercido a contracorriente, así es este noble oficio de reportero es algo salomónico, siempre cuesta arriba para conservar ese sagrado derecho al libre pensamiento, al acceso a la información y la libertad de expresión.

La historia da cuenta de esto, y viene a la memoria aquello de “plata o bala” para acallar a la prensa, a los reporteros comprometidos con el decir, informar, la realidad, como ejemplo de esa relación perversa entre el poder (Estado, gobiernos, empresarios, sindicatos y hasta organizaciones sociales) con la prensa.

La verdad (léase realidad) es incomoda por naturaleza para el poder, y ésta constituye la materia de trabajo fundamental para el periodismo, sin ella, por abstracta y relativa que pudiera resultar: reportear no tendría razón de ser, ni sentido alguno.

danell_ene_02

Y el que hoy, y para los próximos seis años, el dueño de la Silla Presidencial despotrique, advierta y amenace sobre acotar el trabajo de la prensa, sin duda lo hará con la reducción del presupuesto en publicidad para los medios de comunicación y con ello condicionará el criterio de sus dueños, para reproducir aquello de que “no pago para que me peguen”, totalmente infantil, no hay nada nuevo bajo el sol, hasta para eso le faltó imaginación.

Sin embargo, el problema más serio en todo esto, es cómo se ha victimizado hoy el propio gremio ante la actitud del nuevo Gobierno, pareciera que el periodismo de antaño se practicaba de forma diferente; impuro por siempre porque el embute o chayo para toda la estructura operativa de los medios (desde el director hasta el reportero más novato) estaba institucionalizado, y era el complemento económico ante el pésimo salario (esto no ha cambiado) que pagaban las empresas dueñas de los medios de comunicación.

Rebelde por siempre, porque a pesar de todo, los reporteros trabajaban en función de conseguir la nota, es decir, la información más importante que incidiera en el devenir de la realidad, aunque eso les pudiera costar el castigo de que les suspendieran la dádiva mensual y los favores en las dependencias de gobierno o empresas: generalmente resultaba al revés, ya que éstas ofrecían más prebendas al periodista con la intención de controlarlo y someterlo, cosa que se lograba de manera muy relativa y coyuntural.

La prensa, escrita y electrónica, única en ese tiempo, funcionaba como en los días corrientes, con diferencias tecnológicas que no alteran el resultado final entre la relación de la prensa con el poder del Estado: los sometidos siempre estarán, los reporteros en su más amplio sentido del oficio, también, siempre estarán. Lo demás es una cortina de humo alucinógeno creada por el poder de las redes sociales.