Suiza, paraíso terrenal

Por: Josué Cruz

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Hablar de desarrollo tecnológico, impresionantes paisajes, un gran sentido ciudadano en un solo lugar, no es sencillo, más en Suiza lo logran.

Quizá el factor más importante sea la estabilidad política y económica lograda en gran medida por la neutralidad del país, también conocido como Confederación Helvétic. Esto le ha permitido sustraerse de catastróficos eventos como las dos guerras mundiales que devastaron el resto de Europa. Incluso fue hasta el año 2002 que ingresó a la Organización de las Naciones Unidas, decisión que tuvo que ser avalada por el pueblo suizo, allá las decisiones cupulares tienen que ser votadas por el pueblo para tener valor legal.

Esta misma neutralidad ha servido a la Cruz Roja Internacional, fundada en 1863, que tiene su sede en Ginebra, así como la Organización Mundial del Trabajo y la Organización Mundial de la Salud.

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Imposible hablar de este bello país sin que nos vengan a la mente sus montañas que, además de ayudar a forjar el carácter de los suizos, han servido como muro protector contra intrusos. En la Edad Media, los Alpes protegieron a las pequeñas comunidades en el interior del país de diversos invasores como los Habsburgo o los Borgoñones.

Como antecedente de la moderna Suiza podríamos citar a la Antigua Confederación Suiza, una federación de pequeños estados, casi independientes, que existieron desde finales del siglo XIII hasta 1798, cuando fueron invadidos por Napoleón.

En 1798, las fuerzas francesas conquistaron Suiza imponiéndole una nueva constitución, cuando Rusia y Austria invadieron la nación, el pueblo suizo se negó a combatir al lado de los franceses. En 1815 restableció su independencia y hasta 1860 sus fuerzas armadas sirvieron a varios gobiernos.

Se implantó un sistema de democracia directa en 1891, el cual sigue siendo único hasta el día de hoy y las principales leyes deben ser sometidas a referéndum.

Sus datos son impresionantes ya que está a la cabeza en Informe de competitividad global 2017 y el Índice Global de Innovación, 2017, esto en gran medida gracias a sus altos índices educativos, el 2.5% de su población llega al doctorado.

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Su edificios antiguos son impresionantes, la belleza y limpieza de sus calles envidiable, pero no vive en el pasado, como ejemplo de ello está el refugio del Monte Rosa, que se autodenomina “un cristal verde entre glaciares”. Ubicado a dos mil 883 metros sobre el nivel del mar, precisamente, entre los glaciares y las imponentes cumbres valesanas, la nueva cabaña del Monte Rosa brilla como un cristal en la roca. Fue inaugurado en septiembre de 2009, es un edificio de corte futurista que rápidamente se convirtió en una importante atracción turística. Combina la arquitectura con la vanguardia, la alta tecnología y el desarrollo sostenible, a la vez que pretende establecer nuevos términos comparativos en la construcción de edificios en alta montaña.

Como reloj suizo, es el término que se suele utilizar a lo más preciso, no es casualidad, su tradición en el rubro destaca de sobremanera; sin embargo, en los inicios de la cronometría mecánica, siglo XIV, no se percibía nada que predestinaba a esta nación a convertirse en líder del sector.

Fue con la inmigración de los refugiados hugonotes, segunda mitad del siglo XVI, que se estableció en Ginebra la fabricación de relojes portables, se empezó a expandir la relojería en Suiza

En aquella época, la ciudad de Calvino experimentó un auge económico. Uno de los sectores tradicionales de la economía local era la orfebrería, pero durante el régimen teocrático del reformador Calvino la exhibición de la riqueza no era bien vista y se decretó una ordenanza que restringió el comercio local, prohibiendo a la población llevar joyas, lo que provocó un interesante giro en su economía.

Como estrategia de supervivencia, los orfebres buscaron otras actividades, así nació una simbiosis con la relojería: se estableció un nuevo oficio cuyos productos gozaron de gran popularidad, tanto en Oriente como en las colonias norteamericanas. Entre 1770 y 1786 la industria relojera conoció una época de gran expansión, pero luego entró en crisis provocada por la anexión de Ginebra por Francia en 1798.

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El queso en Suiza es otra importante tradición, hay una enorme variedad de productos queseros: quesos duros, quesos blandos, requesones, quesos alpinos, quesos fabricados en queserías pequeñas o en fábricas grandes, quesos en forma de rosetas, quesos en cajas de pino rojo, quesos rayados, quesos fundidos para hacer la fondue o la raclette. Es decir, hay muchas más variedades que el queso agujereado del Emmental.

Su arraigo es legendario, podemos encontrar referencias de este producto del historiador romano Plinio el Antiguo en el siglo I d. C. que describe el caseus helveticus, es decir, el “queso de los helvetas”, un pueblo celta que entonces vivía en territorio de la actual Suiza.

Suiza limita al norte con Alemania, al oeste con Francia, al sur con Italia, al este con Austria y Liechtenstein. Tiene una población de casi ocho millones de habitantes en un territorio de 41 mil 285 Kilómetros cuadrados cuyas principales regiones son la cordillera del Jurá, la Planicie central y los Alpes.

Su democracia directa desafía la lógica de quienes sólo creen en la representativa y la limitan a un periodo electoral, incluso no hay un presidente como tal, sino un cuerpo colegiado que dirige a la nación. Suiza demuestra que siguiendo la dirección adecuada se puede llegar muy lejos.