Mazzantini, el señorito loco

Por: Rosa María Guevara

torero_feb_01Luis Mazzantini Eguía, nació en Elgóibar, Guipúzcoa, el 10 de octubre de 1856 y falleció en Madrid el 23 de abril de 1926. Fue torero y político, hijo del ingeniero italiano José Mazzantini y la toscana Bonifacia de Eguía.

Luis llegó al toreo por circunstancias laborales, durante su infancia y adolescencia vivió y estudió en Italia, completando sus estudios en Madrid donde se licenció como bachiller en Artes, esto le sirvió para ostentar el título de “don”.

Con la llegada del rey Amadeo de Saboya a la corona española en 1870, ocupó el puesto de secretario del jefe de las caballerizas de la corte.  Hay que destacar que aquel trabajito le duró poco tiempo y comenzó a laborar en la compañía de ferrocarriles extremeños, desempeñándose como jefe de estación de varias localidades, esto le dio oportunidad de conocer otras distracciones que cambiarían sus aspiraciones y gustos, fue en aquella época en que nació su afición por los toros…

Asistía a cuanto festejo había en los lugares cercanos de donde trabajaba, tanto le sedujo la fiesta brava que cuando estuvo en Santa Olalla, se incorporó a la escuela que dirigía José Fierro en los Campos Elíseos de Madrid y aquí inició su carrera con los bureles, dejando a un lado su trabajo como ferroviario.

torero_feb_02Esta decisión la tomó a los tres meses de casado, así que no la tuvo tan fácil, sin embargo, pudo convencer a Concepción Lázaro, su esposa, con la frase: “En este país de prosaicos garbanzos, no se puede ser más que dos cosas: o tenor del Teatro Real o matador de toros”. Luis había intentado ser tenor y no resultó, así que probó suerte con los astados…

La primera vez que vio su nombre en un cartel, fue el 27 de octubre de 1879, en una corrida de becerros a beneficio, más su presentación fue el 5 de diciembre de 1880 donde estoqueó un novillo de Isidoro Recio, más no salió del todo librado, tuvo que visitar la enfermería al finalizar su actuación. Cabe señalar que en aquel entonces tener la preparación académica que tenía era sumamente raro, y por esta simple razón se le denominó “el señorito loco”.

En 1880 visitó Uruguay, un viaje benéfico en el que triunfó, salió airoso, y fue hasta el 5 de diciembre de 1880. A su regreso, logró ganarse el respeto de la afición y Madrid se rindió a sus pies. Completó su etapa de novillero con un exitoso debut en Sevilla y un triunfo clamoroso en Nimes.

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Para el 13 de Abril de 1884 tomó la alternativa en Sevilla de manos de Salvador Sánchez “Frascuelo”,  cediéndole un toro de Adalid de nombre “Costurero”. No le fue muy bien, pero de que dejó su sello de estoqueador, lo dejó, y también el de su vestimenta –corbata y bastón-, donde la mercadotecnia jugó un papel importante, marcó una tendencia cultural y una moda de la que surgieron bastones, sombreros y levitas con nombre Mazzantini.  

El 29 de mayo confirmó su alternativa en la capital española, cediéndole los trastos el otro grande, a Rafael Molilla “Lagartijo”. Fue una gran tarde, Luis salió en hombros tras matar a “Morito”, convirtiéndose en la nueva figura.

torero_feb_04Madrid se volcó por él y en cuanta plaza se presentaba, cuanta plaza triunfaba. A todos sorprendía su manera de ejecutar la suerte de matar ganándose el sobrenombre de “El rey del volapié” o “Don Luis”

Mazzantini era torpe con el capote y tampoco lucía mucho con la muleta, lo que sí se le reconoció fue, que se convirtió en un estoqueador colosal. Si bien comenzó tarde, su amor por la fiesta brava fue mayor, fue el primer diestro que acabó con la arbitraria y caprichosa elección del orden de lidia de los toros, que hasta ese momento, solo podían realizarlo los ganaderos.

Entre las anécdotas que contaba Rafael Guerra Bejarano “Guerrita” su antagonista, fue que al lograr la elección de los toros, don Luis escogía los bureles que deseaba torear, lo que perjudicaba a los demás matadores. También logró mejoras en los honorarios de los diestros. Mató casi 3000 toros y llegó a ganar seis mil pesetas por corrida en la última década del siglo XIX.

Fue empresario de la Plaza de toros de Madrid y del Teatro Real, ambas ocupaciones sin mucha suerte, lo que le supuso algunos malos momentos económicos. Fue muy popular en su época, vestía muy elegante y se codeaba con la alta sociedad. También tenía amigos artistas, frecuentaba la ópera y las tertulias literarias.

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Vino a México en 1905 con la idea de despedirse de la afición mexicana el 20 de septiembre. Al poco tiempo, su esposa falleció y se cortó la coleta. Regresó a España, dejó los ruedos para meterse de lleno a la política, convirtiéndose en concejal en el Ayuntamiento de Madrid, teniente alcalde del distrito de Chamberí, miembro de la Diputación Provincial y gobernador civil de las provincias de Guadalajara y de Ávila.

Don Luis falleció en Madrid el 23 de abril de 1926, a los 69 años de edad, víctima de un fallo cardíaco.