El pequeño cañón que hizo gigante a Morelos y Pavón

Por: Arturo Ríos

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Hay un diminuto cañón que se hizo gigante al lado de José María Morelos y Pavón, fue un regalo de Juan José Galeana Valdeolivar, primo hermano de Hermenegildo Galeana.

Juan José era mayor que Hermenegildo, de posición mediana, hijo de un medio hermano de Pablo Galeana Nieto, jefe de la familia opulenta de nombre Sebastián Galeana, por lo tanto eran primos hermanos.

Juan José y Hermenegildo, hacían pareja para defender a los nativos de la zona de Tecpan contra los abusos de las autoridades civiles y la Iglesia, ello los metía en dificultades.

Morelos acordó con Miguel Hidalgo insurreccionar el sur del país; salió de Carácuaro con 25 hombres tomando la franja costera, cuya meta era Acapulco. Llegó a Tecpan, hoy de Galeana, en honor a Hermenegildo, plaza que estaba a cargo del capitán José Antonio Fuentes, quien preparó la defensa.

Morelos estaba a las afueras de Tecpan el 7 de noviembre de 1810, listo para iniciar la batalla, cuando fue informado que el capitán Fuentes había huido hacia Acapulco.

Hermenegildo Galeana, mantenía una gran amistad con ellos, al igual que con sus familiares opulentos, así que el tecpaneco se unió a un grupo de hombres con machetes en mano, valientes, al mando de “Tata Gildo”, como le decían, con quienes haría historia y que le dieron las glorias bélicas al representante de Miguel Hidalgo y Costilla.

 

El cañoncito “El Niño”

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Continuaron a la hacienda del Zanjón, hoy San Jerónimo, donde ya lo esperaban los Galeana ricos, respetados y de ellos dependía toda la actividad económica de la región.

Los Galeana apoyaron a Morelos con 700 hombres, armados, algunos con rifles, lanzas, arcos, flechas y machetes y un pequeño Cañón que utilizaban para realizar salvas en las diversas festividades del año. Morelos se regocijó, por fin tenía su primera pieza de artillería.

Morelos marchó con su contingente a Acapulco, puerta de entrada del comercio internacional a través de productos orientales de la Nao de Filipinas, que significaban un millón de pesos para el Virreinato y en ese momento serían para la Insurgencia.

Ascendían a la cima del cerro del Veladero, cuando sostuvieron el primer combate con el enemigo, no hubo ganador, pero los insurgentes lograron el valioso botín de armas y se apoderaron del Veladero y a partir de entonces, quedó establecido que Julián de Ávila, aprovecharía toda ocasión para incomodar al capitán Fuentes que resistía los ataques relámpagos de los insurgentes.

 

Guerra de Guerrillas

La presencia de los insurgentes en Acapulco, preocupó al alto mando virreinal y se acomodaron las piezas militares más destacadas de la zona, al mando del capitán José Antonio Fuentes. Muchas batallas en la que los insurgentes vencieron y continuaron hacia el centro del país.

 

Rumbo a Cuautla

El 21 de mayo 1811, en Chichihualco, Galeana platicaba con Leonardo Bravo, cuando sus hijos -Miguel, Nicolás y Víctor- fueron sorprendidos; los guerreros descansaban en el patio de la hacienda, otros se bañaban desnudos en el río, cuando se escucharon carreras, gritos y voces de alarma; se enfrentaron a los soldados del ejército español y de inmediato tomaron las armas y comprobaron cómo, los valientes costeños sin ropas empuñaban con valentía el machete, enfrascados en cruenta batalla contra las huestes del comandante Rosendo Garrote.

Galeana accionó el “Niño”, que derrochaba disparos y derribaba soldados con todo y caballos. Pronto dominaron a los gobiernistas, Rosendo Garrote, que se fue a Tixtla a rendir el informe, mencionó: “Esos costeños pelean como demonios”.

De inmediato ordenó Galeana preparar el ataque a Tixtla, punto de avance hacia al centro del país hacia la capital de la Nueva España. Tixtla estaba a cargo del comandante de Milicias Joaquín de Guevara, suegro de Nicolás Bravo, rico hacendado enemigo de los insurgentes.Sabía que el ataque siguiente sería ese punto.

Se apresuró a preparar la defensa y pedir refuerzos, fortificó la plaza, ocho cañones de largo alcance fortalecieron los accesos; fue en su apoyo Nicolás Cosío y se sumó el vencido Garrote, que dispuso de 1,600 hombres. Tixtla era una fortaleza.

Sobre una colina, apareció Morelos, ondeando una bandera negra y los cálculos militares de Cosío, le produjeron una sonrisa, eran unos 600 insurgentes, tres veces menor a la fuerza con la que él contaba. Morelos levantó el sable en señal de arranque, hundió las espuelas en los ijares de su corcel al grito de ¡Ahora nosotros!

La batalla fue cruenta, las explosiones y el humo de los cañones hispanos, estremecían y se levantaba por los aires y el de “El Niño”, apenas se escuchaba y una pequeña nubecita, pero sus balas daban en el blanco causando daño a su paso.

Los gritos victoriosos por parte de los costeños… El fortín estaba tomado y los hispanos huyeron a Chilapa. Morelos se adelantó a los hechos, era seguro que los realistas buscarían reorganizarse en Chilapa y retomar Tixtla. Dejó a Hermenegildo Galeana y a Nicolás Bravo; en tanto, él fue a Chilpancingo al jaripeo y paseó por la feria que estaba en su apogeo. Fuentes fue informado de la salida de Morelos y ese mismo día, el 15 de agosto, ordenó el ataque a Tixtla. El combate fue terrible, pero Galeana y Bravo, hacían gala de destreza y rechazaban contundentes las arremetidas realistas.

Al saber Morelos, marchó a Tixtla con 300 hombres y a su lado, en un macho grullo, en las ancas, acomodado, “El Niño”, su inseparable cañoncito, listo para hacer fuego.

Por el frente Morelos y en la retaguardia Galeana y Bravo, avasallaron a los realistas que caían fulminados esta vez, se fueron hacia Tlapa.

 

En Cuautla

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El 18 de febrero de 1812, ya en Cuautla, Félix María Calleja, hizo un recorrido frente a la fortificación en reconocimiento para la estrategia de ataque que realizaría.El 19, Calleja, dispuso su mejor táctica de ataque, sabedor de un triunfo contundente.

Desde la Torre de San Diego, iniciaron los disparos de “El Niño”, seguido de otras piezas de artillería apostadas en la azotea, igual en el de Santo Domingo. Hacían estragos en las filas enemigas.

Los gritos de ¡Viva el Rey! ¡Vila la América! Se confundían en una reyerta en la que se jugaban ambas partes el todo por el todo.

Los insurgentes tenían a los realistas encima, avanzaban y de su refugio salió un pequeño que, a sus once años, no lo acobardaron, vio a la entrada realista disparar sus rifles, tomó la tea, encendió la mecha y enfilando la boca del cañón hacia la masa atacante, prendió fuego al cañón. El estallido se escuchó, fue el más fuerte de toda la batalla, el escenario se tornó oscuro, se esparció en medio de ayes de dolor de los combatientes que entraban en tropel, ya convertido en lamentos. Era el niño Narciso Mendoza que se le bautizó como “El Niño Artillero”.

De entre la humareda, Hermenegildo Galeana con su vestimenta manchada de sangre, rostro sucio, gritó eufórico: “En el nombre de Dios ¡Viva América!” Era el triunfo que despedazó la soberbia de Calleja.

Se impuso el Sitio y con el paso de los días los pozos artesianos que surtían a los más de cinco mil insurgentes, bestias y más requerimientos, se agotaron y sobrevino la tragedia. Se resentía en toda su crudeza el sitio, el dolor de cabeza era abrumador entre los insurgentes debido al hambre.

El dos de abril, Hermenegildo Galeana y sus hombres atacaron al regimiento que resguardaba el manantial, derribaron los obstáculos y devolvieron el líquido para alivio de los insurgentes pero fue por poco tiempo ya que, volvieron a obstruirla.

De nuevo Galeana y su grupo con “El Niño” al hombro, cayeron sobre los realistas; el cañoncito escupía balas, en tanto, insurgentes levantaban un torreón que defendería el agua con un grupo de valientes al resguardo que rechazaron todo intento de retomarlo. La acción de Hermenegildo Galeana, devolvió vida a Cuautla, ánimos y respiro de aguerridos combatientes que la defendían.

Fue un mes de lucha intensa, hambre y sed. Así, en la madrugada del sábado 2 de mayo, salieron los “rebeldes” sigilosos, cerca del río, dos centinelas murieron degollados para evitar el grito de alarma y adelante, se escuchó el “¿Quién vive?” de los vigilantes, que ni escucharon los disparos de Hermenegildo que los mataron. Comenzó el combate. Se desató una descomunal batalla, los insurgentes rodeados por los realistas; Morelos, los Galeana y Anzures peleaban de sus guerreros.

Los libertadores, tras enorme esfuerzo, se abrieron paso entre la masa enemiga y luego sobrevino una huida en desorden. Calleja ordenó que fueran perseguidos y los soldados se dieron un festín de sangre inocente contra niños, mujeres y ancianos civiles.

Morelos con su guardia de cien hombres, huyó rumbo a Ocuituco, cerca de los volcanes; lo perseguía Anastasio Bustamante y en el galope, “El Niño” se cayó de las ancas de macho grullo y más tarde, lo encontraron los realistas que se lo apropiaron como un trofeo.

Fue el capitán realista Pedro Zarzosa, el que tomó el cañoncito y en su informe explica: “Quitamos un cañoncito y sus municiones a Morelos que llevaba en una mula”.

Su escolta protegió la huida, se enfrentó con valentía al grueso contingente realista: sucumbieron, pero cumplieron. Morelos fue conducido a las profundas barrancas de la zona, que bien conocían los lugareños.

La historia es la siguiente: En una entrevista con el connotado historiador Salvador Rueda Smithers, director del Museo Nacional de Historia en el Castillo de Chapultepec, conocedor de nuestra dedicación al tema Hermenegildo Galeana, comentó: Aquí tengo a “El Niño”

Hacía 15 años que buscábamos los detalles sueltos del tema relacionado con el héroe: La existencia física del “Niño” y la partida de nacimiento…