El retiro, un tema para… ¿Millenials?

Por: Fernanda Herrera / Estratega patrimonial

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Todo empieza entre los 25 y 30 años. Muchos nos encontramos en esa incómoda situación cuando por primera vez nuestros padres deciden que es momento de “cortar el lazo”, lo que se traduce en cortar la fuente de ingresos, en otras palabras, dejar de  patrocinar nuestra vida. Todos aquellos gastos que dábamos por sentados, desde los más básicos como el agua, luz, internet, celular, hasta los que jamás nos percatamos de lo costoso que podría ser, como doctores, medicinas, imprevistos, gasolina, etc. En fin, la lista podría seguir y seguir…

Ya  sea voluntario (o no tanto) nos vemos en la etapa de volvernos independientes y con ello la innegable realidad de aceptar que el tiempo comienza a correr ¿Correr? ¡Sí! Tal cual.

A partir de este momento, comienzan los 40 años más importantes de nuestras vidas productivas. De ahora en adelante inicia la etapa de acumulación para que nuestro “yo del mañana” esté listo para cualquier tipo de percance y sobre todo librarnos del (ya famoso, pero odiado): “Papá, ¿me prestas para la renta?”.

Ya sea un ligero rayón al coche o una entrada al hospital, todos debemos contar con un fondo de emergencia, que administrado de la forma correcta, puede llegar a convertirse en nuestro mejor aliado.

Un pequeño ahorro constante puede sacarnos de más de un apuro y a largo plazo puede traducirse en el enganche de nuestra casa, coche o nuestro futuro sostén en la etapa de retiro.

Basándonos en que es más fácil ahorrar un poco cada mes, que volvernos locos en conseguir una gran cantidad de un solo golpe.

Bueno, dicho así, no suena tan difícil, pero, seamos honestos, todos hemos empezado a ahorrar en algún momento, pero llega el punto en que se nos atraviesan un sin fin de “tentaciones” (viajes, una súper oferta que “no podemos dejar pasar” etc.) rompemos el cochinito, y con ello los ahorros y buenas intenciones que teníamos de un ahorro a largo plazo. ¿Te suena familiar? ¿Has estado ahí? Ahora, déjame preguntarte algo: ¿Por qué no se nos olvida pagar nuestro celular, Netflix o este tipo de commodities?

¡Simple! ¡Pagos domiciliados! Lo cual se traduce en que alguien se encarga de tomar dicho dinero de tu cuenta de forma programada mes tras mes, de modo que tú no tengas ni que pensar en ello.

Claro que lo ideal siempre sería el ir generando el hábito de separar un porcentaje  de lo que percibimos desde jóvenes, para que nuestro “yo del futuro” pueda agradecernos en lugar de reclamar…

Seamos realistas, quizá te venga a la mente la siguiente cuestión: “¡Me falta mucho para llegar a esa edad!“. Esta es una de las frases que comúnmente escucho en mí día a día, pero… ¿Realmente falta tanto?

Tomemos como ejemplo a una persona que a los 23 años (¡42 años antes!) se dedicó a ahorrar lo equivalente a $2,000 mensuales. Al final (sumando inflación) esta chica habrá aportado lo equivalente a $2,000,000 y recibirá  $7,000,000 o pensión vitalicia, que sumando todas sus mensualidades será lo equivalente a $20,000,000 a los 94 (de acuerdo a la esperanza de vida promedio, pero sí vives más, te cubrimos hasta el último día). Haciendo simples cuentas, es una herramienta que te da 10 veces lo invertido.

No. No es magia. No, no es suerte. No, no son rendimientos milagrosos o ganar la lotería, se trata de una Garantía en tiempos en que la inseguridad es lo más común que existe. ¿Suena bien? ¿Sabes a qué me refiero? ¡Estoy hablando de un plan personal de retiro!

Y yo, Fernanda, dedico mi carrera a ayudarte a que tus ahorros dejen de ser un sacrificio y se vuelvan el mejor regalo que podrás darte en la vida. Yo soy estratega patrimonial y asesoro a la gente para que viva tranquila, que viva mucho, pero sobre todo, que viva bien.