CARLOTA LA EMPERATRIZ QUE SE VOLVIÓ LOCA POR AMAR DEMASIADO.

Por: Xóchitl Ximénez

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La Emperatriz Carlota es la representación más destacada de cuando una mujer se entrega al amor de manera incondicional y sin límites, que podemos llegar a la demencia por ser vehemente apasionadas. Amamos sin importarnos si el ser amado en verdad siente amor por nosotras, y con el tiempo nos vamos dando cuenta que fuimos llevadas de la ilusión a la desilusión… O solamente usadas para saciar el capricho de un hombre imberbe y egoísta. La pérdida de la esperanza nos lleva al punto de la locura y así empezamos a olvidarnos de nosotras mismas.

La Emperatriz Carlota se enamoró con locura, anteponiendo su corazón de mujer, sin importarle sus más de diez títulos nobiliarios, la sangre azul corría por sus venas. Por el contrario, ella lloró lágrimas de sangre, al darse cuenta de las infidelidades y deslealtades de su querido esposo, el Emperador Maximiliano.

Carlota sobrevivió a Maximiliano 60 años. Murió en 1927 a los 87años de edad. La muerte de su amado esposo y la forma en que lo asesinaron en el Cerro de las campanas, le arrebataron el equilibrio de su mente.

Toda una novela de amor y locura la vida de Carlota Emperatriz de México y América. Realeza, imposición, infidelidades.

Las cartas de amor a su querido Max, fueron escritas durante 60 años, la Emperatriz escribía diariamente una misiva, esperando la contestación de su adorado esposo obsesionada y llena de pasión. Obra de una mente totalmente trastornada, durante su exilio en el palacio de Bouchout.

Y es por eso, nada más que por eso, te lo juro, Maximiliano, que dicen que estoy loca de amor por ti. Es por eso que me llaman “La loca de Miramar”, de Terveuren, de Bouchout . Pero si te dicen que loca salí de México y que loca atravesé el mar encerrada en un camarote del barco, atormentada porque Napoleón y el Papa nos negaron su ayuda y nos abandonaron a nuestra maldita suerte en México. Y así, en el momento que falleciste Max, yo fallecí contigo. Juntos vivíamos en la más perfecta comunión de almas. Y si un día te cuentan que dejé de amarte, diles que no es verdad, que tú siempre fuiste y serás el amor de mi vida. Y que si estoy loca, loca de amor por ti.

Pero mi gran amor no te fue suficiente, encantado por las mujeres de piel morena y caderas anchas. En México empecé a vivir la amarga experiencia de tu infidelidad.

Max después de siglos de no beber sino mis propias lágrimas, que devoré tu corazón y bebí tu sangre. Pero tú corazón y tu sangre, mi querido, mi adorado Max, estaban envenenados por tus deslealtades.

Y yo mi querido Max, pensando que podríamos ir de día de campo los dos solos, y a la orilla del lago de Chapultepec escuchar el Danubio Azul, tocado solo para ti y para mí.

En cambio nos dieron, Maximiliano, una corona de espinas y sombras. Nos engañaron Maximiliano y me engañaste tú, nos abandonaron Max, y me abandonaste tú.

Recuerdo cuando abordo del Elizabeth hicimos el amor una noche de tormenta, en que las botellas de vino danzaron enloquecidas entre la espuma del mar.

También tengo pesadillas, recuerdas Max, qué feo era Benito Juárez. Soñé que tenía un hijo con su cara.

Sentada toda la noche, con las piernas abiertas y el camisón arremangado, me masturbo sin parar, y me escurre de las piernas un líquido blanco como tu esperma. Maximiliano me dice que una Emperatriz jamás debe hacer eso. Dicen que soy una loca octogenaria viviendo de sus recuerdos y del gran amor que te tuve.

Te sueño Max, cantándome mi canción favorita desde que la escuché por primera vez en el Teatro Imperial, “La Paloma”, canción que me arrebató el corazón.

“Si a tu ventana llega,

una paloma…

trátala con cariño,

que es mi persona.

Cuéntale tus amores

bien de mi vida;

corónale de flores,

que es cosa mía.”

No sé dónde dejé mi memoria, estoy loca, que estoy vieja, que tengo el corazón cubierto de costras. Entre el amor y desamor, con la fantasía que nunca fuimos a México y morimos juntos de amor aquí en el Palacio de Bouchout. Tu muerte fue una brutal amputación a mi corazón, mi querido Max.

Y porque el amor todo lo soporta. Te perdono, la muerte de una novia que quisiste más que a mí. Y te perdono que en Puebla me hayas abandonado en mi cama imperial. Y te perdono que hayas hecho el amor con la mujer de un jardinero, a las sombras de las buganvillas y te perdono por el hijo que engendraste en los jardines Borda. Y así te perdono todo lo que me hiciste.

Yo María Carlota de Bélgica, Emperatriz de México y de América, me perdono por haberte amado demasiado.