Embellecer al mundo con Arte: Raúl Madrid Rojas

Por: Dra. Roxana Wiley Cota

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Conocí al Maestro Raúl Madrid Rojas en Agosto del 2018, cuando hacía la curaduría de obras y selección de los artistas  que participarían en la magna exposición “Caballus/ Pasión en Movimiento” que realiza Fine Art Gallery México, la cual dirijo. Se trata de una Exposición con lo mejor del arte ecuestre. En esta ocasión, la muestra de 69 artistas, estuvo dedicada al reconocido escultor José Sacal, y por votación unánime el PREMIO CABALLUS fue para él, cabe señalar que el diseño del reconocimiento es de su colega Raúl Madrid Rojas, gran artista, con enorme carisma y sencillez, cuyo arte lo ha llevado a realizar obras monumentales para sitios públicos y colecciones particulares. No quise perder la ocasión para entrevistar a este escultor que nos cautivó con sus bellas obras al alto brillo en acero inoxidable y algunas otras con incrustaciones en bronce.

Buenos días, ¿cómo nace el amor al arte para el Mtro. Raúl Madrid Rojas?

Buenos días Roxana. Desde siempre, desde que tenía 6 años me encantaba modelar la plastilina, eso me gustaba más que jugar. Conforme crecí, fui cambiando la plastilina por madera y después tuve la oportunidad de entrar a los Boy Scouts, aprendí a hacer una talla en el bordón. Una talla en el nudo de la pañoleta y de ahí hice mis nudos con hueso. Mis compañeros me comenzaron a pedir que les hiciera a ellos también y a preguntarme cómo lo había hecho. A partir de ahí, comencé a utilizar alambre, hueso y hasta con unas láminas de metal, pues mi papá trabajaba en un taller de fierro y ahí hice con un soplete unos búhos y después otras piezas.

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¿Y cómo se descubrió artista?

Yo cursaba el sexto año de primaria y en aquel tiempo vivía en Los Mochis, Sinaloa. Un día me encontré una piedra y pensé que podría hacer un caballo y la comencé a golpear para darle forma, y tuve la fortuna de que el Periódico “El Debate” lanzara una propuesta para una exposición de arte. Presenté mi propuesta y me aceptaron, exhibí ese caballo de piedra y los búhos de lámina de metal. De ahí comencé a hacer otras piezas.

¿Cuál fue su primer trabajo?

Me casé a los 22 años y no terminé la escuela, entonces un amigo me propuso que trabajara en lo que sabía hacer: figuras de madera, plastilina, etc. En Cerámica Carmao estaban solicitando modelistas y me preguntaron si sabia trabajar el barro, a lo que dije que no, pero que aprendería. Me dieron una cubeta con barro para practicar con él, y ahí estuve toda la noche hasta que encontré el punto, porque con poca agua se quiebra y con mucha agua se cae. Entonces me encomendaron fabricar 12 vasos con figuras de ídolos prehispánicos y ya terminados, me los aceptaron; poco después supe que esos vasos los estaban promocionando en el Hotel María Isabel Sheraton, pues en la compra de una bebida exótica le regalaban el vaso de cerámica. Después hice bases de lámparas, así comencé a trabajar.

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¿Tuvo estudios previos de escultura?

Fue muy curioso, como a mis 24 años, un amigo me dijo que su papá me quería conocer, que quería ver mis piezas, entonces se las llevé. Su papá me preguntó que si yo había salido de La Esmeralda o de San Carlos, le comenté que no tuve oportunidad de terminar la preparatoria, entonces me dijo: “¿Qué no sabes que estamos en el país de las maravillas?, te espero mañana a las cuatro de la tarde y por favor tráeme tus fotos”. Cuando llegué al día siguiente con él,  me llevó a la Academia de San Carlos a presentarme con el Dr. Hermilo Castañeda, que estaba dando la clase de anatomía, y de nuevo me pregunta si soy de “La Esmeralda”, le comenté que era autodidáctica, así que me dijo que si quería aprender ahí podría tomar plastilina y todas las herramientas, me dio sus horarios y me invito a ir diariamente si así lo deseaba.

¡Una verdadera oportunidad maestro!

Así es Roxana, ahí conocí al Mtro. Guillermo Getino, quien daba la materia de dibujo con modelo y  cuando vio lo que yo hacía, me invitó a dibujar en su taller para tomar sus clases.

Imagino que surgieron nuevas oportunidades de trabajo…

¡Sí! También corrí con suerte, pues al conocerme el Mtro. Guillermo Garza Galindo, me invitó a participar en un Mural para el Vips de Buenavista, con motivos ferroviarios, de una dimensión de  17 m de largo X 3.20 m de alto. Esto fue en 1985.

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Entonces, ¡también es usted pintor!

Pues de ahí hice otras cosas, pero a mí no me gusta cómo pinto; entonces comencé a dedicarme de nuevo a la escultura, y así, de nuevo, retomé mis figuras, pero esta vez encontré el material que me gustó mucho: el acero inoxidable. Así realicé mi primera obra, que era un caballo. Ese caballo está en Insurgentes y Cuitláhuac en un restaurante.  Tuve la oportunidad de que me invitaran a la Asociación Nacional de Artistas Plásticos, se hacían las reuniones en Havre 7, en la colonia Juárez, de esa forma fui conociendo a varias personas y terminé exponiendo en San Ángel, en una colectiva. Me pidieron que donara la pieza para que estuviera en una exposición que recorrería varios países y después de varios meses después, me mandaron un reconocimiento del Gobierno de la República de Chile, porque se había quedado ahí.

¿Cómo decide que ese sería el material favorito para realizar sus esculturas?

Tengo un hermano que se dedica a hacer muebles para panaderías aquí en Ciudad de México, y viendo el material, decidí experimentar, pues me decían que era muy duro, además de frío y rígido. Me criticaron mucho porque lo tradicional era el bronce. A mí me gustaba hacer animales y opté por darles movimiento para que no dijeran que eran frías mis piezas, procuraba que se viera “viva”. De esta manera hice águilas, cocodrilos, tortugas, caballos, etc.

¿Tiene alguna anécdota que lo haya marcado y quiera compartirnos?

Conocí al Maestro Telésforo Herrera pintando unos murales en un restaurante de Av. Universidad, “Los Hipocampo”… Cuando llegué a verlo, le dije que yo quería trabajar y me preguntó qué hacía, le respondí que era artista. Así comenzó a preguntar por mis obras, de dónde me inspiraba, etc. Terminó diciéndome que podía recomendarme, pero que él vivía de eso, que tal vez me contrataran, pero que igual a él le quitaban el trabajo, así que me invitó a seguir yendo a verlo pintar durante dos meses. Un día, me dijo: “Mira Raúl, me caes bien, pero dices que eres artista ¿no?, ¡pues estás pendejo! Me dices que te inspiras de ésta manera, ¿no?¡Pues estás pendejo!… Me dices que tu mejor obra es ésta, ¿no?… ¡Pues estás pendejo! Antes de parecer artista tienes que serlo. El artista nunca ha hecho su mejor obra, siempre está en los intentos. El artista es un 99% de trabajo y un 1% de inspiración. ¡Tú eres para mí un pobre pendejo!”. Obviamente salí sintiéndome muy mal, pasaron cuatro meses para que me “cayera el veinte” y regresé con él. Me vio, se bajó del andamio, me saluda y me pregunta: “¿Eres artista?” y contesté: ¡No! Después me pregunta: “¿Cómo te inspiras y cuál es tu mejor obra?”, respondí  que estaba trabajando y que seguía en los intentos; entonces sonrió y me dio su aprobación. Fue una sacudida muy fuerte pero me ubicó, cosa que agradezco. A veces la familia y amistades nos aprecian y gustan de nuestro arte, pero no debemos sentirlo como obras maestras, porque solo es un trabajo que si la divinidad nos da oportunidad de hacer, podremos compartirlo, porque así debemos compartirlo todo.

¿Sus hijos no fueron seducidos por el arte?

Mi hijo pinta, pero es ingeniero industrial; mi hija escribe, pero es pedagoga. Tienen el gusto, más decidieron dedicarse a sus carreras profesionales. Mi esposa es una gran mujer, pero el arte no es lo de ella.

¿Qué es el arte para el Mtro. Madrid Rojas?

Es una forma de expresar emociones y sentimientos, hacerlos tangibles para otros. Quién sabe quién determine si es arte o no, pero hay que seguir trabajando, como dice el Mtro. Telésforo.

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¿Los apoyos en México son suficientes?

Falta educación, porque como dice Abraham Maslow, que para poder ver lo bello, primero se deben cubrir las necesidades básicas de un pueblo. Por eso no contamos con la suficiente educación o apoyo para el arte. Los mexicanos somos una raza especial, pues en el momento en que queremos producir algo, sale nuestra alma y nuestro espíritu para hacerlo. La sociedad actualmente está confundida con el arte, porque las obras están basadas en mentiras, tienen que contar una historia, por ejemplo de un bote de basura, para justificar sus engaños. Ese “arte” no es arte, estos artistas deberían ser escritores. La pieza es la que debe transmitir su belleza, originalidad, alma, calidad, y reflejar el dominio de la técnica que se logra con años de experiencia.

¿Cuál es su sueño?

Cuando tenía 9 años, en un libro vi las pinturas rupestres de Francia y me impactó que un primitivo que andaba cazando animales, hubiera podido ver volumen, anatomía, movimiento. Él no se creía artista y sin embargo solo pensó en que alguien después lo vería. Desearía que dentro de cuatro o cinco mil años si están escarbando, encuentren una pieza mía y que no digan que la hizo Raúl Madrid, solo que sepan que se hizo para que en algún momento alguien la viera…

¿Qué consejo daría a los nuevos artistas?

Que no se engañen, ni se dejen engañar con que están haciendo su mejor obra. Sigan trabajando para ser mejores artistas. Estén en busca de acercarse a la perfección mediante el dominio de la técnica. Vamos a ponernos a trabajar, estemos concientes de que cada uno de nosotros somos únicos y no andemos perdidos con que “éste” o “aquél” es mejor que el “otro”. Vamos a expresarnos y en esas diferencias, a compartir nuestro arte para embellecer al mundo.

Así nos despedimos de un maestro con la sabiduría que da el tiempo y la práctica de su oficio, quien hace gala de su grandeza en cada palabra, en cada deseo de su alma que dejará huella en el propio lenguaje de su arte.