Malinche, después Marina, abrió las puertas a la Conquista

Por; Arturo Ríos Ruiz

personajes_mayo_01

La Malinche, pasó a la historia como la intérprete que abrió la puerta de la comunicación hacia el avance de la conquista, pero debemos puntualizar que el primer auxilio en ese sentido para Hernán Cortés se lo dio Gerónimo de Aguilar, quien después le enseñó el castellano a Malintzin.

Fray Gerónimo de Aguilar; nació en Écija, España en 1489 y murió en México, en 1531, llegó a América en la expedición de Juan Valdivia, y fue hecho prisionero por los nativos de Yucatán entre 1511 y 1519, año en que fue rescatado por Hernán Cortés, a quien sirvió de intérprete de la lengua maya.

Antes, Gerónimo de Aguilar se trasladó a América e intervino en las guerras de del Darién, hoy Centroamérica con Diego de Nicuesa y Vasco Núñez de Balboa.

En 1511 se embarcó de regreso a Santo Domingo en la nave de Juan de Valdivia, el barco naufragó frente a las costas de Yucatán; sólo sobrevivieron él y Gonzalo Guerrero y libraron el exterminio a manos de los mayas.

Durante ocho años, Gerónimo de Aguilar convivió con los indígenas y aprendió el maya, hasta que fue rescatado por Hernán Cortés y trabajó para el futuro conquistador como intérprete.

Participó en la conquista como soldado y después fue nombrado regidor de México. En 1525 el Ayuntamiento le concedió un solar para edificar su casa. En 1527 recibió varias encomiendas al norte del valle de México.

El misterio sobre la Malinche se inicia en el primer momento que entra a la historia, hay conjeturas sobre su origen como el que procedía de una familia poderosa.

Se basan en el sufijo “zin” de su nombre, que se le atribuye a Malintzin, terminación, en lengua náhuatl, que indicaba tratamiento de respeto equivalente al “don” castellano.

Pero las versiones referentes a su origen, unas se refieren a que procedía de caciques que gobernaban sobre vasallos. Bernal Díaz del Castillo ubica a la familia en Painala y Francisco López de Gómara, en Viluta. Esta última es más creíble, pues Gómara fue el biógrafo de Hernán Cortes.

La más conocida, es que quedó huérfana; a los pocos años, vio que su madre se casaba con otro cacique del cual nació un hijo varón que le quitó sus derechos al cacicazgo.

Se cree que el padrastro hizo correr la versión que la damita había muerto, pero la entregó en secreto a unos indios de Xicalango y así pasaría a Tabasco, que a su vez la ofrecieron a Hernán Cortés.

La batalla de Centla, el 14 de marzo de 1519, fue para los indígenas el inicio de la invasión castellana. Allí, Hernán Cortés obligó a los nativos a jurar lealtad al emperador Carlos I y fundó la ciudad de Santa María de la Victoria, la primera en tierra de lo que más tarde sería la Nueva España.

Es así como, con los indígenas, negros y castellanos, se conformó la base de la integración racial y cultural de la sociedad tabasqueña. Hernán Cortés nunca olvidaría que en Tabasco recibió como tributo a su victoria una de las más poderosas armas de la conquista: la Malintzin, la célebre Malinche, la sobresaliente de un lote de 20 doncellas obsequiadas por el Cacique de Tabasco.

personajes_mayo_02

De inmediato, Hernán Cortés, visionario, ordenó al padre Sebastián de Olmedo, bautizara a las mujeres recibidas, pensó que inevitablemente se convertirían en amantes de algunos de sus soldados y dentro de las reglas de la conquista, existía la disposición que por órdenes de la Iglesia Católica sólo podían tener relaciones con damas de esa religión. Fue bautizada como Marina Tenépatl.

“Marina, que ansí se llamó después de vuelta cristiana”, según refiere Bernal Díaz del Castillo en su “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”.

López de Gómara se limita a decir que la joven Marina fue raptada por unos mercaderes en el trascurso de una guerra y vendida como esclava.

Se casó con el capitán Alonso Hernández de Portocarrero, primo del conde de Medellín y de Hernán Cortés, pasajes de la historia afirman que fue Cortés el artífice de esa unión; el matrimonio duró poco, pues el marido tuvo que partir a España enviado por Cortés a la Corte de Carlos I, por linaje, contactos y su primo, hombre de poder en España.

Surgieron problemas con el desconocimiento de la lengua y Cortés resintió el embarazo, utilizó a Gerónimo de Aguilar para ayudar en los encuentros con los caciques de cada lugar.

Al conocerse la Malinche y Gerónimo de Aguilar, intercambiaron palabras y surgió la solución: ella traducía del náhuatl al maya y Gerónimo de Aguilar, que conocía esta lengua, pues daba catecismo a los niños cuando estuvo en poder de la comunidad Yucateca, se encargaba de pasar sus palabras al castellano para que Cortés entendiera el mensaje.  

La inteligencia de la mujer pronto quedó manifiesta, poco a poco fue traduciendo directamente a Cortés, hasta que Gerónimo quedó desplazado, el conquistador se dirigía a ella y quedaba satisfecho con el resultado.

Así pues, La Malinche logró un ascenso en la escala del equipo español, la cercanía al Capitán, jefe de la expedición, la deferencia con que la trataba, le daba estatus ante todos los demás convertido en respeto.

La importancia y conveniencia se tradujo en un trato fino y consentido, consumado en valiosos regalos, joyas y espejos, lo último fue lo que más le fascinó, le asombraba descubrir su cara bella a cada momento en clásica vanidad femenina y lo apreció. El oro, no era nada para ella.

La mujer cobró importancia para Cortés como belleza, pero más sus consejos, comprendió muy pronto el motivo de la presencia hispana en la región y conocedora de muchas costumbres que poco variaban en las razas distintas de las tierras, aconsejaba al Capitán con mayor tino de lo que convenía hacer.

Para Hernán Cortés todos los naturales eran iguales: “indios”, pero se dio cuenta que totonacas y mexicas se odiaban y preguntó a Malinche la razón de la diferencia entre ambos.

Para ella fue simple la respuesta, los primeros eran los dominados por los antiguos aztecas, a los que Tlacaélel les cambió el nombre al derrotar al Rey tecpaneca, Maxtla de Azcapotzalco y para sacudirse el grado de esclavitud en que los tuvo, les puso Mexicas, para borrar ese pasado de dominio.

La Malinche fue más allá de Hernán Cortés, sin pedirlo el Conquistador, le informaba el número de hombres del enemigo o el funcionamiento de su estructura política.

personajes_mayo_03

En Tlaxcala, le dio a conocer que estaba dividida en cuatro señoríos diferentes, que titubeaban en enfrentarse a ellos, o buscar el acercamiento, para atacar a los Mexicas.

Otra facultad que descubrió Hernán Cortés en la Malinche, el trato terso, su sonrisa con los nativos, además su habilidad le daba facilidad a su pericia indagadora y le ayudaban a obtener información valiosa conveniente para él que valoraba hasta convertirse en admiración cercana a lo sentimental.

Comenzó el amasiato y complicidad, la Malinche estaba más cerca de Cortés, nadie dudaba, no tuvieron recato ni uno ni otro para mostrarse como tales, que todos entendían y callaban.

Era tanta la cercanía entre ellos que los nativos, llamaban a Hernán Cortés Malinche o Malintzin; en su mente ambos eran iguales y se entendía Hernán de ella y a la vez, ella de él.

Cuando llegaron ante los tlaxcaltecas Malinche les contó que los españoles llegaban a sus tierras con intenciones amistosas.

Todo ello, facilitó el acuerdo, los naturales, se les unirían para buscar penetrar en Tenochtitlan y les obsequiaron centenas de damitas de su comunidad, más de la mitad del ejército hispano. Malinche les comentó que los tlaxcaltecas estaban contentos por el gran regalo de féminas.

Cortés, ya había escuchado el nombre de México y ratificó con los tlaxcaltecas que era el dominio más grande de la región; que tenía sometidos a todos los pueblos y les pagaban tributo, por lo que prosiguió la marcha a ésa, su meta.

En Cholollan, Cholula, ciudad rumbo a Tenochtitlan, Cortés se libró de una conjura en su contra por parte de los cholultecas gracias al aviso oportuno de Marina, alertada a su vez por una anciana indígena; que le contó que había preparada una celada por los caciques locales para asesinarlo.

No pudo ser concretada al redoblar vigilancia en su persona y culminó con la matanza de miles de nativos del lugar en la Plaza Principal de la población.

Así, avanzaron hasta La Gran Tenochtitlan, el nivel de Marina estaba por las nubes, entendía perfectamente el objetivo y tenía doble utilidad amén de su amor con Cortés, su labor informativa había sido rebasada al grado que actuaba sola muchas veces sin necesidad de orden o petición de su amado.

Se recuerda el pasaje cuando Cortés hizo prender a Moctezuma, la indígena intervino y convenció al Tlatoani a no oponer resistencia a los españoles.

Le dijo que los extranjeros iban a prodigarle grandes honores, pero que, si no seguía la advertencia, su propia vida peligraría. Ya conocía las debilidades del Tlatoani que era la superstición y lo tenía dominado.

Fue preparada por Fray Sebastián de Olmedo y Marina se convirtió en la primera catequista de México, convenció e inició a centenas de naturales para ser bautizados.

Tras la conquista de la Capital Azteca, Cortés se instaló en Coyoacán, una localidad cercana. Marina siguió junto a él y en 1522 tuvieron un hijo al que llamaron Martín, en honor al padre del conquistador.

Por esas fechas, había llegado a México, proveniente de Cuba, la esposa de Cortés, y éste buscó un nuevo acomodo a su concubina. Organizó su boda con otro conquistador, el hidalgo Juan Jaramillo, que era procurador en el ayuntamiento de la Ciudad de México, del que llegaría a ser alcalde dos años después. La Malinche, obtuvo su parte de la Conquista.