Moctezuma ‘Ilhuicamina’, “El Flechador del Cielo”

Por: Arturo Ríos

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Partamos de un pasaje interesante de la era precortesiana, la valentía y el amor fueron dos ingredientes que se conjugaron para que los aztecas se sacudieran el yugo impuesto por los Tepanecas de Azcapotzalco. De su victoria, caminaron hacia la confirmación de uno de los imperios más poderosos de la Tierra.

Maxtla, rey de Azcapotzalco, sustituía con violencia a su padre Tezozómoc y rompía la paz con Tenochtitlan; los aztecas enfrentaban una crisis severa. Hambre, sed y pobreza.

Itzcóatl, hijo de Acamapichtli, sustituía a Chimalpopoca, era el tlatoani y se enfrentaba a la alternativa de rendirse y evitar el sacrificio inútil de miles de vidas o luchar hasta morir.

A propuesta de Tlacaélel y el joven Moctezuma, optaron por la guerra. Morir peleando antes que la humillación y se prepararon para luchar. Moctezuma se encargó de dirigir a los civiles, para formar batallones de valientes en la defensa de su pueblo.

Se presentó Citlalmina (noble y heroína mexica), que organizó a las mujeres para pelear y se dirigió a Moctezuma, con sus seguidoras, con la exigencia de que ellas también recibieran entrenamiento.

Sorprendido el joven oficial militar, admiró el detalle e implementó instructores para formar guerreras y conoció a Citlali Xochitl, joven que sobresalía del resto.

Ella, también fue atraída por el alto militar cuyo linaje lo colocaba en los más altos niveles del poder, Citlali Xochitl y Moctezuma serían los abuelos paternos de Cuauhtémoc.

El padre de Citlali Xochitl, un noble viudo, no le permitía salir sola. Cuando asistía a la instrucción militar, portaba su ropa de algodón que permitía ver sus torneadas y largas piernas y sus bien formadas caderas. A ella sólo le interesaba encontrar los ojos del joven Moctezuma, para dirigirle una sonrisa cuyo mensaje era el amor.

Moctezuma recibió la encomienda de Itzcóatl, de entrevistarse con el príncipe de Texcoco, Nezahualcóyotl, a fin de que unieran sus fuerzas para el combate.

En la entrevista: –Nezahualcóyotl, estas ante la oportunidad de vengarte, ellos mataron a tu padre ¡Únete a nosotros! –Tienes razón Moctezuma, prepararé a mis seguidores para batallar contra los crueles tepanecas. Moctezuma regresó a Tenochtitlan con las buenas nuevas, en un trozo de piel entregó el convenio de alianza con los texcocanos.

El padre de Citlali Xochitl notaba los ojos luminosos del joven guerrero, cuando veía a su hija, tenía miedo a la soledad desde que quedó viudo descargó sus sentimientos paternos en la muchacha que lo hacía feliz. Habló con ella: –Hija mía, he notado que tú y Moctezuma se miran, hay amor en sus ojos, no quiero que se te acerque…

Ella guardó silencio y pensaba: Lo amo, seré inteligente, Moctezuma no me ha dicho nada, pero segura estoy de su cariño, sus ojos me hablan, me dicen “te amo” y los míos a él.

Los jóvenes se entendían con el lenguaje del silencio, en la mirada de sus ojos y las débiles sonrisas mensajeras de sus sentimientos que producían los sueños más felices de sus vidas.

El padre de Citlali Xochitl tuvo que salir de Tenochtitlan, para ir a Tlachco, hoy Taxco, por un cargamento de plata que debería entregar en los almacenes del reino.

La doncella pensó en la oportunidad de ver y hablar con su amado, se acompañó de una sirvienta y envió a otra a buscar a Moctezuma. Estaría a la orilla del lago de los Ahuehuetes”.

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La bella dama se deleitaba con el paisaje, el ir y venir de las aves que descendían al ras del agua por pececillos y se alzaban ante el salpicar del líquido. Observaba el majestuoso deslizar del águila con sus enormes alas extendidas que rompía el aire a su paso y el espejo acuático retrataba su silueta y se perdía entre las montañas.

El viejo ahuehuete daba plácida sombra y la gran raíz saliente servía de banco; sentada esperaba con aparente paciencia, en tanto su corazón latía presuroso, delataba la emoción.

La sangre se agolpó en su rostro al ver la figura hercúlea de Moctezuma y él avanzaba, el árbol movía las ramas por el viento como enormes brazos que llamaban al guerrero, serían testigos de la formalización del amor entre los jóvenes.

Cuando Moctezuma llegó, ella, se paró nerviosa, los dedos de sus manos se recorrían entre sí girando alrededor de las mismas y mordía sus labios, pero su rostro se iluminaba de la dicha; él parecía sereno y disimulaba el temblor de sus piernas. Se paró frente a ella, tomó sus manos y se miraron callados admirándose mutuamente.

Sus pupilas estaban prendidas, sus ojos penetraban a lo más profundo del alma. Sin palabras, el lenguaje silente de sus rostros y el latir de sus corazones, transmitían sentimientos al roce de sus manos transmisoras de la energía que iba de la piel a su espíritu.

Ella fue la que habló: –Moctezuma, nos amamos, pero mi padre se opone a que te vea –Y ¿cuál es la razón? Te amo limpiamente, deseo con toda mi alma que seas mi compañera hasta la muerte y después te seguiré amando al lado de los dioses…

–Yo también te amo, no lo dudes, seamos cautos, conservemos nuestro amor, yo soy tuya espiritualmente, ten confianza amado mío.

Acto seguido, él puso sus manos en los hombros de la hermosa mujer, bajó un poco la cabeza, ella alzó el mentón y unieron sus labios en un largo beso. Jamás había sentido la caricia del hombre, con los ojos cerrados se transportó al valle de los dioses buenos, ya no quería separarse de esos brazos fuertes.

Él, que había estado con mujeres, lo permitían las normas aztecas, sentía que tan delicada flor lo transportaba a senderos indescriptibles…

–Permíteme hablar con tu padre, le explicaré lo que significas para mí, le demostraré cuánto te quiero y lo convenceré.

–Cuando regrese irás a verlo, estos días nos veremos antes de que se vaya el sol, en este lugar te esperaré, te besaré y seré feliz: ya no podré vivir sin ti.

Moctezuma acudió ante el padre de Citlali Xochitl, no pudo rehusarse a recibirlo, era un príncipe y sería una descortesía no atenderlo.

–Joven Moctezuma, me sorprende tu presencia en mi humilde casa ¿A qué debo el honor de que el hijo del que fuera un tlatoani, acuda a mi pobre morada?

–Mi señor, con humildad vengo a verte, a comunicarte que amo entrañablemente a tu hija y deseo que sea mi esposa.

El padre de Citlali Xochitl guardó silencio, estaba atrapado y atraído por la sinceridad del joven, por su educación y determinación.

Por ser el hijo del que fuera tlatoani, por rango militar, bien podía tomar a la muchacha sin permiso y, sin embargo, su comportamiento mostraba de su gran calidad humana.

–Moctezuma, me siento honrado por tus sentimientos hacia mi hija, pero ella es muy joven aún…

–Padre, danos la oportunidad, yo no podré amar a nadie más, Moctezuma es el dueño de mi alma.

–Dime Moctezuma ¿qué harás para convencerme del gran amor que dices tenerle a mi Citlali Xochitl?

–A partir de hoy, todas las noches desde el cerro más alto, lanzaré flechas con mi arco, ello simbolizará mi lucha para abrir las puertas de los dioses y bendigan mi amor por tu hija.

No me importará que un príncipe actúe como demente, será la muestra de mi   amor por Citlali Xochitl. Tú serás el que me llame convencido de que soy digno de tu hija. Dio la media vuelta y dirigió una mirada de amor a su amada, quien lo siguió con la vista hasta  traspasar el umbral de la casa.

Esa misma noche, Moctezuma subió a la cima del cerro y desde ahí lanzó flechas con puntas de filosa de obsidiana.

Al enterarse el padre de Citlali Xochitl nada comentó, pero alababa el acto del joven que sorprendía a la población que, atraída por su investidura, se acercaba al cerro para verlo extrañados ¿qué es lo que hace?

Todas las noches se repetía la acción y todos los días los comentarios. Así, los habitantes de Tenochtitlan, lo llamaron Moctezuma, ‘Ilhuicamina’, “El Flechador del Cielo”.

El padre de Citlali Xochitl mandó llamar a Moctezuma ‘Ilhuicamina’ y les dijo:  –No tengo alguna duda de su cariño, le pido a los dioses que sean felices.

–Moctezuma, te llevarás a mi más preciado tesoro, mitigué mi viudez con ella, descargué todo mi amor de padre y le deseo lo mejor. Tú eres lo que yo deseaba para mi querida hija-.

La noche de amor fue intensa, la entrega de los jóvenes no tuvo descanso y los transportó al paraíso de los dioses en desbordada pasión.

Axayácatl, Tízoc y Ahuizotl, fueron sus hijos, que crecieron en un ambiente de alegría, de estudios y directriz para gobernar, como lo hicieron adultos, cada cual en su tiempo y con sus respectivos triunfos y glorias.

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El día de la batalla llegó, Maxtla sitió Tlatelolco y Teotihuacan marcando el principio de la guerra. Ya estaba la alianza y Nezahualcóyotl aportaba 250 mil hombres y 50 mil guerreros de Tlatelolco evadían el cerco y por el lago desembarcaban en el Tepeyac, engrosando las filas del ataque. Era el 14 de febrero de 1428.

Tlacaélel, dirigía las acciones y Moctezuma operaba, eran tres columnas: Itzcóatl, el Tlatoani, atacaba por agua, Tlacaélel por Tlalnepantla y Moctezuma ‘Ilhuicamina’ por Tacuba. Los tepanecas de Azcapotzalco, estaban rodeados y eran atacados por ambos frentes.

El encuentro fue cruento, el golpe de la macana, el zumbido de las flechas, el filo de las lanzas y los gritos de guerra, copaban las llanuras de cadáveres. La sorpresa para Maxtla fue desquiciante, su ejército fue hecho pedazos….

La liberación de Tenochtitlan, marcó el inicio de la grandeza del reino y se iniciaron las actividades de reconstrucción; se delinearon programas de expansión colocados como los más poderosos del momento.

Desde entonces, el nombre del pueblo cambió, en lugar de Azteca, sería Mexica para borrar su condición de esclavos que habían tenido.